La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, no está sola. Diputadas locales y federales, concejalas, militantes de Morena y, sobre todo, millones de mujeres y hombres de esta ciudad, la respaldamos plenamente frente al sistemático hostigamiento político impulsado por actores del Partido Acción Nacional. Con convicción, pero también con afecto y reconocimiento a su trayectoria, le expresamos nuestra solidaridad y nuestro respaldo.
El pasado 5 de junio, decenas de mujeres acudimos al Instituto Electoral de la Ciudad de México para presentar una denuncia formal por violencia política en razón de género en contra del diputado federal panista Federico Döring. La denuncia responde a una conducta reiterada que, durante meses, ha utilizado las redes sociales como plataforma para desacreditar, ridiculizar y atacar a la titular del Ejecutivo local.
No podemos normalizar aquello que durante décadas las mujeres hemos combatido: la violencia ejercida en nuestra contra por el simple hecho de ser mujeres. Clara Brugada no sólo es una servidora pública; representa la voluntad democrática de millones de personas que confiamos en su proyecto y votamos por ella. Es la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México porque así lo decidió la ciudadanía en las urnas.
Por ello, si permitimos que sea agredida por su apariencia física, por su forma de vestir, por su origen o por cualquier condición ajena al desempeño de su cargo, estaríamos enviando un mensaje profundamente equivocado a las niñas, adolescentes y jóvenes de nuestro país: que participar en la vida pública implica aceptar la humillación, el desprecio y la violencia como parte del camino.
Quienes participamos en la política sabemos distinguir entre la crítica legítima y la agresión. En una democracia, nadie está obligado a coincidir con un gobierno ni con sus decisiones. La pluralidad de ideas es indispensable para la vida pública. Sin embargo, también sabemos reconocer cuándo los cuestionamientos dejan de referirse a políticas públicas, programas, resultados o decisiones administrativas para convertirse en ataques personales cargados de estereotipos y prejuicios de género.
Las acciones de gobierno deben debatirse. Los presupuestos, las obras, los programas sociales y los resultados son materia legítima de análisis y escrutinio público. Pero una cosa es cuestionar un gobierno y otra muy distinta utilizar la imagen de una mujer para burlarse de ella, minimizarla o desacreditarla. Eso no es crítica política; eso es misoginia.
Resulta preocupante que, en pleno siglo XXI, cuando nuestro país ha dado pasos importantes para garantizar la participación política de las mujeres, aún existan expresiones que buscan descalificar a quienes ejercen el poder desde una visión profundamente machista. La violencia política de género no siempre se manifiesta de manera abierta; muchas veces se disfraza de humor, de ironía o de supuesta crítica. Sin embargo, su objetivo sigue siendo el mismo: desalentar la participación de las mujeres en los espacios de decisión y perpetuar la idea de que la política sigue siendo territorio exclusivo de los hombres.
La legitimidad de Clara Brugada proviene del mandato popular. Fue electa democráticamente y tiene el derecho de ejercer el cargo para el que fue elegida sin ser objeto de violencia. Defender ese derecho no significa defender únicamente a una persona; significa defender un principio democrático fundamental: ninguna mujer debe ser atacada, humillada o descalificada por ejercer una responsabilidad pública.
Defender a Clara Brugada es también defender a todas aquellas mujeres que hoy son presidentas municipales, gobernadoras, legisladoras, concejalas o funcionarias públicas y que enfrentan diariamente expresiones de discriminación por el hecho de ocupar espacios históricamente reservados para los hombres. Cada agresión que se tolera abre la puerta para que otras mujeres sean violentadas; cada acto de solidaridad fortalece la democracia y amplía las libertades de todas.
La lucha de las mujeres por conquistar espacios de representación y toma de decisiones ha sido larga y difícil. Por eso no podemos guardar silencio cuando una mujer que ocupa uno de los cargos más importantes del país es objeto de agresiones que buscan reducirla a estereotipos y no a sus capacidades.
Estamos orgullosas de su trabajo, de su compromiso con la ciudad y de su trayectoria de lucha social. Por eso hoy le decimos con firmeza, con convicción y con la certeza de representar a miles de mujeres: Clara, no estás sola.
*Coordinadora del Grupo Parlamentario de Morena en el Congreso de la Ciudad de México
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