Prácticamente no hay sorpresas. Ya son conocidos los nombres y apellidos de quienes han levantado la mano al interior de Morena para aspirar a la candidatura de alguna de las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027. Quisiera decirles que estos hombres y mujeres se han “destapado” —como se dice en el argot político a quien no esconde sus ganas por un buen hueso en el corto plazo— pero, haciendo honor a la verdad, con las condiciones del partido guinda, más que “destapes” estos pueden ser considerados como “semidesnudos”.
Y es que en el más reciente cónclave de Morena, celebrado el pasado 17 de junio y liderado por Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, quedó claro el refrendo de una fórmula que ya hemos visto en el pasado: los suspirantes se registran, hacen campaña, son elegidos a través de una encuesta y, quesque el mejor posicionado, es el que gana la candidatura. En lenguaje para guapos, vamos a presenciar desde junio hasta septiembre de 2026 un Reality Show en el que ganará quien más llamadas obtenga del público.
Luego del “semidesnudo”, ahora sí ya podremos observar el “destape” de quienes comenzarán por llamarse coordinadores estatales de la Defensa de la Cuarta Transformación: un eufemismo bellísimo, casi poético, para bautizar a los virtuales candidatos a los gobiernos locales que, en estricto sentido, llevarán haciendo campaña mucho más tiempo que cualquier contrincante de la oposición que, por cierto, todavía sigue buscando perfiles.
Ahora bien, como ocurre cada vez que el partido en el poder abre la puerta de la sucesión, los pasillos del Senado, la Cámara de Diputados, los gobiernos estatales y hasta las oficinas del gabinete federal se han convertido en una auténtica pasarela de aspirantes al “semidesnudo”. La diferencia es que ahora la dirigencia morenista intenta imponer reglas más estrictas para evitar que la disputa interna se convierta en una guerra civil de la Cuarta Transformación. Vaya reto, pues para nadie es un secreto que al interior de Morena ya hay más corrientes que perros de la calle.
Dado que los suspirantes deberán pedir licencia o renunciar a sus responsabilidades públicas para evitar ventajas indebidas, en las últimas semanas ha habido una cascada de renuncias y separaciones del cargo. Por lo pronto, en las últimas horas trascendió que varios senadores ya solicitaron licencia y que otros preparan su salida para competir en los procesos internos.
La lista de los 17 estados en disputa es suficientemente atractiva para explicar la estampida: Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Zacatecas y Quintana Roo, entre otros espacios estratégicos para la consolidación territorial del oficialismo.
Por eso la dirigencia de Morena decidió establecer filtros previos para reducir el número de aspirantes y someter la definición final a encuestas. También se prohibieron espectaculares, campañas ostentosas y el uso de recursos públicos. En el papel suena impecable. En la realidad mexicana, la historia nos ha demostrado que siempre tiene otros datos.
Seamos honestos, si algo ha demostrado Morena en los últimos años es que las encuestas internas son una herramienta útil para legitimar decisiones previamente cocinadas en las alturas del poder. Los aspirantes lo saben. Juegan el juego porque aunque pierdan ganan algo. Por eso nadie quiere quedarse fuera de la fotografía inicial. La batalla verdadera no será la encuesta; será quién logra entrar a la encuesta.
Más de cincuenta cuadros políticos comienzan a estar en ebullición, listos para medirse en una tómbola que promete emociones fuertes antes de que termine el verano. La mesa está servida, los escaños se están vaciando y los suspirantes del “semidesnudo” ya ensayan su mejor sonrisa y su más sensual coreografía para que la Divina Providencia les haga el milagrito en el cuestionario.
Mi CISEN (Comadres y Compadres que Investigan Sobre la Élite Nacional) ya ha comenzado a hacer sus apuestas en esta pasarela que, a pesar de que apenas comienza, ya nos ha dado algunas pistas de quiénes le funcionan a Palacio Nacional porque, lo que no está a discusión, es que la presidenta de México Claudia Sheinbaum llegue con menos estados coloreados de guinda a la mitad de su sexenio.
*@betotavira
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