La reciente presentación de tecnologías en México y Brasil marca una diferencia de sentido estratégico en el presente, y de rumbo al futuro inmediato, en el que las soberanías de ambos países transitan un camino de asedio y amenazas en el encuadre geopolítico.
La tripolaridad hegemónica de China, Rusia y Estados Unidos decidió reorganizar el hemisferio; a los demás países les queda sólo decidir con quién de aquellos someterse. La diferencia será el grado de subordinación que se definirá principalmente por la capacidad militar y, en un pequeño margen, por la suficiencia política para establecer acuerdos lo más digno posibles.
Mientras el presidente brasileño mostró el primer avión supersónico hecho en Brasil, el F-39 Gripen, nuestra presidenta presentó el Olinia, primer vehículo semiurbano totalmente eléctrico, diseñado y ensamblado en nuestro país.
Más allá de la evidente diferencia entre volar a casi dos veces la velocidad del sonido y transitar en zonas urbanas a un máximo de 50 km/h, ambos eventos entrañan visiones políticas, enfoques de soberanía e implicaciones geopolíticas divergentes para el futuro de ambas naciones.
Brasil busca disuasión, defensa y posicionamiento hemisférico. México pretende movilidad popular, transición ecológica e independencia energética. La apuesta del primero representa un esfuerzo por consolidar poderío militar, la industria aeroespacial y la soberanía desde el espacio aéreo. La estrategia no se basó simplemente en comprar tecnología extranjera, sino, se dijo, en lograr transferencia de conocimientos a través de la capacitación de su talento humano.
México priorizó la electromovilidad con la que se pretende democratizar el acceso a las cero emisiones y reducir el uso de vehículos contaminantes. Se entiende que es un proyecto enfocado en las necesidades cotidianas de la población, el tránsito citadino y la economía familiar.
Ambas presentaciones ocurren en un momento crucial de inestabilidad global y tensión con Estados Unidos. Ambos mandatarios han exigido enérgicamente la no injerencia extranjera y la construcción de alianzas entre México y Brasil.
La diferencia en sus proyectos refleja distintas prioridades de Estado. Brasil avanza hacia la autonomía en defensa con una alianza estratégica con Suecia que le otorga capacidad disuasiva. México opta por otro camino, que no deja de ser importante por dejar atrás el papel de ensambladores para ser creadores. Pero cierto es que la diferencia entre el F-39 Gripen y el Olinia es que con el primero se puede defender la soberanía, lo que no lograríamos con el segundo.
Les comparto algo que me provocó dignidad ajena: en la disputa entre India y Pakistán, el primer ministro de éste dijo: Si India construye la bomba, comeremos hierba y hojas, pasaremos hambre, pero obtendremos una propia; lo lograron en 1998 al realizar con éxito su prueba nuclear y convertirse en potencia para disuadir cualquier amenaza de su rival histórico.
El reto para Brasil y Mexico es el mismo, convertirse en un jugador fuerte en el tablero geopolítico que tenga capacidad soberana frente a sus rivales históricos. Se ha anunciado el interés de México por comprar 12 aviones caza; se dijo que una opción es adquirirlos de la misma empresa sueca con la que Brasil construyó los propios. Esto no deja de ser aliciente.
@marcialmanuel3
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