“Si el enemigo estuviera en aquella colina y nosotros aquí, con nuestro ejército, ¿Cuál de nosotros estaría en ventaja? ¿Cómo se podría salir a su encuentro ordenadamente? Si quisiéramos retirarnos, ¿cómo lo haríamos? Y si se retirasen ellos ¿cómo los seguiríamos?
El PríncipeLa Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación nació en 1979 como una insurrección sindical contra el viejo corporativismo del SNTE, entonces dominado por el cacicazgo de Carlos Jonguitud Barrios y Vanguardia Revolucionaria, el grupo sindical hegemónico vinculado al PRI que garantizó durante años la permanencia del cacique potosino. Su origen fue legítimo: una generación de maestros jóvenes, formados en normales rurales, quiso sacudirse una estructura autoritaria que negociaba por arriba lo que las bases padecían por abajo. Pero desde su origen quedó inscrita la contradicción que la acompaña hasta hoy. La CNTE sabe luchar, sabe resistir, sabe presionar, sabe paralizar; lo que no sabe, ni quiere saber, es concluir ganando.
Su ADN político se lo impide. La CNTE no es sólo una disidencia sindical. Es un movimiento antisistema que concibe cada demanda laboral como parte de una batalla superior contra el capitalismo, el neoliberalismo, el Estado y cualquier forma de mediación institucional. Por eso, aun cuando obtiene concesiones, nunca puede declararlas suficientes. La lógica asamblearia, que en teoría democratiza, termina por multiplicar vetos, facciones, radicalismos competitivos y liderazgos sin capacidad real de cerrar acuerdos. La Comisión Nacional Única de Negociación puede sentarse con el gobierno, pero no puede comprometer al conjunto. Todo vuelve a la asamblea y en la asamblea, casi siempre, hay alguien dispuesto a denunciar traición.
Esa es la paradoja de la CNTE que nació movilizando por democracia sindical y salario. Puede triunfar tácticamente y perder estratégicamente. Puede arrancar millones, audiencias, mesas, plazas, promesas de reforma o recursos extraordinarios, pero recurre a controles sindicales que hacen que se parezca demasiado al sindicato que combatió. El SNTE ya no es el mismo. La presión de la disidencia y la exigencia de representación legítima empujaron reformas internas y legales: hoy las dirigencias deben elegirse mediante voto personal, libre, directo y secreto. Con ello se desfondó una de las banderas originales de la CNTE, la democracia sindical, y quedó al descubierto su contradicción más profunda: nació contra el autoritarismo, pero preserva mecanismos asamblearios opacos para conservar poder.
La historia reciente lo confirma. En 2018, durante la campaña de Andrés Manuel López Obrador, la CNTE decidió apoyar al candidato de Morena. Hubo entendimientos, expectativas y presencia legislativa: alrededor de 40 diputados federales llegaron al Congreso. Pero ni siquiera ahí pudieron construir una línea común. Al interior de la legislatura fueron incapaces de ponerse de acuerdo para nombrar la presidencia de la Comisión de Educación. La fuerza de la calle no se tradujo en eficacia parlamentaria.
Al inicio del sexenio de López Obrador, la CNTE gozó de un trato privilegiado. Mientras el SNTE, titular de las relaciones laborales, apenas había recibido una salutación presidencial, la Coordinadora había sostenido ya una decena de audiencias con el presidente. Era el momento de mayor interlocución política de su historia reciente. Sin embargo, el desencuentro era inevitable. López Obrador abrogó la reforma educativa peñista, pero no devolvió por completo el control de las plazas; mantuvo mecanismos estatales de ingreso y promoción, y tampoco quiso asumir el enorme costo fiscal de revertir la Ley del ISSSTE de 2007. La CNTE volvió entonces a lo que mejor conoce: plantones, paros, bloqueos, vías férreas, casetas, aeropuertos y presión territorial.
El bloqueo de vías del tren en Michoacán, con afectaciones al tránsito de exportaciones hacia Estados Unidos, marcó un punto de enfriamiento. El viejo aliado se volvió problema de gobernabilidad. La Coordinadora descubrió que el gobierno que ayudó a encumbrar no estaba dispuesto a entregarle todo. Y ahora, con Claudia Sheinbaum, intentó repetir la fórmula en condiciones distintas: elevar el costo político, tomar la coyuntura del Mundial de futbol como escaparate global y colocar al Estado ante el dilema de ceder o aparecer represor frente a las cámaras del mundo.
Pero Sheinbaum leyó el tablero de otra manera. No rompió el diálogo, pero le quitó su carácter de privilegio bilateral. Mandó el conflicto a las instancias correspondientes: Gobernación, SEP, ISSSTE, gobiernos estatales. Y, sobre todo, puso límites. Su mensaje fue claro: negociar sí; aceptar chantajes, no. Esa decisión le produjo un crecimiento en su aprobación popular. Una parte importante de la sociedad, incluso aquella que simpatiza con causas sociales, vio con alivio que la Presidencia no aceptara ser extorsionada por bloqueos, vandalismo o amenazas de colapsar eventos internacionales.
La jugada más inteligente fue anunciar que, a partir de agosto, consultará directamente a las maestras y los maestros. Es decir, saltarse a las cúpulas que dicen hablar por todos y preguntar a la base qué quiere realmente. Esa consulta puede ser el inicio de una nueva relación con el magisterio: menos rehén de dirigencias radicalizadas y más cercana al docente que trabaja en aula, que quiere salario digno, certeza laboral, formación, infraestructura y jubilación justa, pero no necesariamente comparte la estrategia de paralizar ciudades o dejar sin clases a los niños más pobres.
El caso de Oaxaca revela el fondo del problema. La Sección 22 es el corazón político y simbólico de la CNTE. Tiene historia, disciplina, capacidad de movilización y un liderazgo con legitimidad cultural, encabezado por Yenny Araceli Pérez Martínez, primera mujer indígena al frente de esa sección. Pero también representa el modelo asambleario que ha sustituido la legalidad sindical por una suerte de poder paralelo. El levantamiento de su plantón tras la negociación de recursos extraordinarios —incluidos cientos de millones de pesos y subsidios para escuelas, útiles y uniformes— mostró que incluso la vanguardia radical puede aceptar incentivos particulares, aunque con ello fracture la unidad nacional del movimiento.
La pregunta ya no es si la CNTE tiene causas atendibles. Algunas las tiene, cuando son demandas legítimas del maestro de base. El sistema de pensiones debe revisarse, la carrera docente debe ser justa, la USICAMM requiere correcciones profundas; las escuelas abandonadas necesitan inversión. La pregunta es si un grupo sin registro sindical propio, que opera presionando desde fuera de la institucionalidad, puede seguir secuestrando la política educativa nacional mediante bloqueos.
¿Qué hacer con la CNTE? Primero, no confundir diálogo con rendición. Segundo, consultar a las bases sin intermediarios autoproclamados. Tercero, respetar la bilateralidad en la negociación con la representación titular de la relación laboral; Cuarto, construir un sistema transparente de ingreso, promoción y asignación de plazas que no regrese al mercado negro de claves ni al control patrimonial de las dirigencias. Y quinto, quizá lo más importante: exigir que la Sección 22 de Oaxaca cumpla la ley laboral y someta sus liderazgos a elecciones directas, libres y secretas de la base, no a la vieja mecánica asamblearia donde gana quien controla el micrófono, el acarreo regional o la presión del bloque más duro.
La CNTE no desaparecerá. Tiene raíces profundas y agravios reales. Pero el Estado tampoco puede seguir administrando la extorsión como si fuera política pública. Si Sheinbaum sostiene el límite y abre la puerta a los maestros de carne y hueso, no a guardianes ideológicos, habrá empezado a desmontar el verdadero poder de la Coordinadora: su capacidad de presentarse como pueblo cuando sólo habla la asamblea.
Un libro, una serie, un podcast.
Libro: “La cultura política de la CNTE. Democracia y educación para la transformación social”. (PUEDJS-UNAM) John M. Ackerman y Miguel Ángel Ramírez Zaragoza coordinan una antología de ensayos sobre la disidencia magisterial.
Serie: La Casa de los Espíritus (Prime) La nocela de Isabel Allende llevada a la pantalla con eficacia.
Podcast: Realpolitik (YouTube) Blanca Heredia y Carlos Elizondo Mayer-Serra dialogan con figuras relevantes sobre temas de actualidad política.
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