“Logré obtener en Francia una orden de aprehensión en contra de Arturo Montiel”, me dijo Maude Versini, el pasado 10 de junio, durante una videoentrevista grabada que me concedió en exclusiva para la edición de julio de la revista ¡HOLA! México —ya a la venta desde este jueves 25 de junio—, la cual advierte con un llamado en su portada: “La ex primera dama del Estado de México rompe diez años de silencio”.
Ya se los he dicho hasta el cansancio: todos los silencios tienen fecha de caducidad. Y los de la francesa Maude Versini vencieron en este 2026 luego de comprometerse en 2015, con abogados internacionales de pormedio y un contrato de confidencialidad, a no hacer público durante un tiempo la orden de aprehensión que logró, con el gobierno francés, en contra de su ex marido, Arturo Montiel Rojas —con quien estuvo casada de 2002 a 2007—, por la retención en México de los tres hijos que procrearon juntos: Sofía, Adrián y Alexi.
Los acuerdos y desacuerdos de este conflicto legal los reservaré para que los descubran a detalle en mi texto de ¡HOLA! —donde, por cierto, es la primera vez que publico en 25 años de taconeo periodístico. Lo que sí les adelantaré es que cuando el político priista vio que su dinero y su poder no tenían alcances internacionales y que iba muy en serio su captura para ir directo a la cárcel, entonces, y solo entonces, estuvo dispuesto a negociar con la madre de sus hijos a cambio de su libertad.
En el vía crusis de Maude Versini —que comenzó en diciembre de 2011 cuando sus tres hijos no regresaron a París— hay un episodio poco conocido con el entonces presidente Enrique Peña Nieto del que no podía dejar de preguntarle: “¿Buscaste a Peña para que te ayudara a recuperar a tus hijos?” —le cuestioné a Maude. “Sí —respondió—, lo contacté a través de un correo electrónico para decirle que no podía dejar que los niños fueran usados como rehenes y como armas en contra mía; le supliqué a Peña Nieto que no dejara a mis hijos alejados de su madre”. “¿Cuál fue la respuesta?”, “Nunca hubo respuesta” —reveló Maude—.

Pero más allá de las posibles complicidades políticas, en las que Maude se muestra muy cautelosa de señalar de manera directa, lo verdaderamente indignante de esta historia, que desde luego no lo escribí para ¡HOLA! porque no es el ángulo de la publicación, es la corrupción del sistema de justicia mexicano. En aquel tiempo, y hasta la fecha, desde mi opinión, es servil con los que ostentan el poder y el dinero. El mismo juez que le daba la razón a la Versini y aplaudía su valentía, a la vuelta de la siguiente audiencia la señalaba de maltratadora de menores.
El caso Versini-Montiel nos muestra la radiografía perfecta de cómo la justicia en México se dobla, se rinde y se humilla ante los apellidos de siempre, ante el Grupo Atlacomulco, ante los priistas de toda la vida, ante las Dinastías del Poder. Recordar el calvario de una madre despojada de sus tres pequeños por el peso político de un exgobernador como Arturo Montiel no causa morbo, causa una profunda indignación. Porque, como me lo dijo Maude en la entrevista “no soy la única madre en México a la que le quitan a sus hijos de manera ilegal. Hay muchas, muchísimas”.
“Tengo entendido que también enviaste una carta a la esposa del presidente Peña Nieto, Angélica Rivera” —le comenté a Maude. “Sí, pero nunca me contestó”. Con quien sí pudiste reunirte fue con Humberto Castillejos, el consejero jurídico de la Presidencia de la República en el sexenio de Peña Nieto. ¿Qué te dijo? —pregunté. “Siempre me dijeron lo mismo: ‘que iban a ver el tema’, ‘que iban a averiguar’, ‘que iban a intentar apoyar’… La verdad el sistema de justicia de México me ha fallado bastante”.
(Aclaro: estas últimas preguntas de Peña y Rivera no se incluyen en el texto de ¡HOLA! por el verdugo del espacio de los textos impresos, pero sí están en el video de la entrevista).
No es por dárselas a desear, pero esta entrega en ¡HOLA! va a ser dinamita disfrazada en una caja de chocolates. Además de lo estético de la producción fotográfica y el diseño gráfico —Maude Versini aparece posando espectacular con su esposo Philippe Lancry en su nuevo hotel boutique en Marrakech—, este nuevo capítulo de la historia nos muestra el ascenso y la caída de un hombre que estuvo a punto de convertirse en candidato presidencial por el PRI para las elecciones de 2006 y, ahora, a los 82 años de edad, está en el olvido.
*@betotavira
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