En estos días de fiesta mundialista, el tema es ineludible. Más aún cuando nuestra selección nacional ha ganado de manera histórica los tres primeros partidos consiguiendo nueve puntos sin recibir un solo gol. Los festejos y muestras de felicidad colectiva que hemos presenciado impresionan e impactan a la vez que nos convocan a la reflexión.
En los pasados días, por ejemplo, se congregaron festivamente cientos y cientos de miles de personas en el Zócalo y en el Ángel de la Independencia y también en cientos de plazas públicas de todo el país.
Los gobiernos de México y de nuestra capital han estado a la altura de las circunstancias: contribuyen de manera fundamental para cumplir este compromiso internacional ante los ojos del mundo y los millones de visitantes extranjeros. También los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Clara Brugada están garantizando los derechos humanos, fundamentalmente a la manifestación y a la expresión de diversos colectivos sociales que hacen públicas sus demandas.
México, como cualquier país del mundo, enfrenta problemas políticos y sociales muy complejos, y nuestras autoridades han dado la cara para atenderlos con compromiso y sensibilidad y eso es justamente lo que estamos viviendo. La responsabilidad de enfrentar los retos nacionales y favorecer la fiesta masiva del fútbol.
Conversando con amigas y amigos, se refiere con inteligencia como lo han dicho algunos ex futbolistas que “el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes”. Así debemos asumirlo, como un juego que puede provocar tristezas o motivaciones en las mayorías nacionales. Ganar o hacer muy buen papel –como se ha demostrado científicamente– favorece la productividad, el buen ánimo nacional y la armonía social.
También, en términos objetivos y cuantificables, la celebración de este mundial de México como coorganizador junto con Estados Unidos y Canadá, nos ha significado aquí, especialmente en la Ciudad de México, que a la infraestructura social de UTOPÍAS se le sumará infraestructura urbana en la movilidad y espacios públicos rescatados para beneficio de millones de habitantes de nuestra urbe.
Por la hospitalidad y afecto que el pueblo mexicano ha manifestado a los visitantes del mundo, hubo muchas voces que afirmaron que todo el mundial debió celebrarse en México. Lo cierto es que los juegos que le correspondieron a nuestro país han generado una importante derrama económica y México se consolida como un importante centro de interés turístico internacional y una potencia cultural del planeta.
La importancia social del fútbol y de sus significados profundos en las sociedades ha trasladado simbólicamente a las canchas las luchas de los pueblos y de los oprimidos para reivindicar revanchas identitarias que de alguna manera alivian viejos agravios y, en el estado de ánimo de las masas nacionales, contribuyen también a la cicatrización de heridas históricas.
En las tertulias de estos días se menciona que el escritor Albert Camus había referido en tono jocoso y provocador que “la patria es la selección nacional”. Sin solemnidades cívicas, pone el dedo en la llaga para explicar y entender esa fuerza vital y telúrica de manifiesta felicidad en millones de personas tras una victoria futbolística en un mundial.
También podemos recordar todo lo que se ha escrito y mencionado sobre los significados del campeonato mundial ganado por Argentina en 1986, con el futbolista Maradona, vengando deportivamente los abusos de una potencia extranjera sobre un país latinoamericano. O los dos campeonatos mundiales en 1998 y 2018 “ganados” por Francia que, bajo la óptica de muchos, la verdad es que fueron victorias obtenidas por deportistas africanos y del Caribe originarios de naciones que históricamente fueron subyugadas por el imperio colonial francés.
El fútbol, como fenómeno colectivo, es un espacio de resistencia contra el individualismo brutal de las sociedades contemporáneas. Como dijera José Pablo Feinmann: «El fútbol es la épica posible de las sociedades de masas.»
En fin, el mundial de futbol pasará y las y los mexicanos continuaremos con el desafío de seguir engrandeciendo nuestra nación. Por ahora, continuemos disfrutando de esta fiesta, apoyemos a nuestro equipo nacional y soñemos que es posible hacer historia y obtener el mejor de los resultados para alegría de nuestra gente.
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