Corto de memoria y sobrado de cinismo: así Aurelio Nuño cuando se pretende defensor de la educación pública. El exsecretario de Educación vuelve al debate tras acusar a la CNTE, al SNTE y a MORENA de colonizar las instituciones educativas, como si el régimen al que sirvió no hubiera sido precisamente uno de los principales arquitectos de la captura corporativa del magisterio.
Durante décadas, el PRI utilizó al sindicalismo como maquinaria de control político. El SNTE no fue una excepción, sino uno de sus instrumentos más eficaces. Su poder creció al amparo del gobierno incidiendo en nombramientos, candidaturas, gobiernos y decisiones educativas. La historia de Elba Esther Gordillo, Nueva Alianza y los pactos con gobiernos priistas y panistas no es un accidente: es la expresión de un sistema que convirtió la representación sindical en moneda de cambio.
Por eso resulta cínico que Nuño hable de clientelismo y captura. Proviene de una tradición que hizo del intercambio de favores, cargos y lealtades una forma cotidiana de gobierno. Acusa colonización sindical, pero omite que el viejo régimen perfeccionó durante décadas el corporativismo. Habla de mérito, pero defendió una reforma educativa que confundió evaluación con castigo, obediencia con calidad y control administrativo con transformación pedagógica.
La llamada reforma educativa que Nuño impulsó no fue una revolución en las aulas. Fue una operación para disciplinar al magisterio que se les había salido de las manos por obra de su histórica dirigente, la profesora Gordillo, a la que encarcelaron sin una sola prueba como venganza.
Nuño pretende envolverse en el lenguaje de la institucionalidad, pero su crítica revela más nostalgia que convicción democrática. No le preocupa que los sindicatos influyan; le preocupa que ya no influyan bajo las reglas, los candados y los intereses de régimen al que sirvió. Más parece lamentar perder el control de su fallida política educativa.
La verdadera discusión no es si Aurelio Nuño tiene derecho a opinar; lo tiene. Lo cuestionable es desde dónde habla y con qué autoridad moral lo hace. Lo hace desde el fracaso de un proyecto neoliberal que quiso administrar la educación como si fuera una oficina de capital humano y de negocios; desde una reforma impuesta sin comprender la vida escolar, las comunidades y la complejidad del trabajo docente.
Por eso su discurso debe leerse con cuidado. No es una advertencia democrática, sino el intento de reciclar, con lenguaje de modernidad, una visión autoritaria, centralista y antipopular como la que él impulsó.
Pronunciarse sobre lo que sucede con el SNTE y la CNTE como lo hizo resulta cínico, irresponsable, desvergonzado y con falta de rigor acerca de la teoría de las formas de gobierno. Referir la relación de los sindicatos con los gobiernos de la 4ª Transformación desde una forma de gobierno monárquica como lo fueron los modelos Habsburgo y Borbón entre los siglos XVI y XVIII es muestra de su ignorancia.
Nuño no se ha dado cuenta que llevamos más de 200 años luchando por la defensa de un gobierno republicano de reivindicación del Estado Nacional Popular, modelo que el PRI al que sirvió destruyó para beneficiar a los capitales privados, legitimado por el Pacto (fraude) por (para) México.
Entre otras cosas, bastaría preguntar a los maestros si hoy están mejor que antes. La respuesta resulta evidente.
@marcialmanuel3
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