“Pocos ven lo que pareces, pocos sienten lo que eres”
El PríncipeEl nacimiento de Somos México ocurre en un momento en que el sistema de partidos mexicano parece más poblado que representativo. El INE aprobó el 25 de junio de 2026 el registro de dos nuevas fuerzas nacionales, SomosMx y el Partido PAZ, con lo cual la oferta electoral rumbo a 2027 pasará de seis a ocho partidos. El problema de fondo no es cuántos partidos caben en la boleta, sino cuántos expresan realmente una necesidad social distinta. En el caso de SomosMx, la duda es inevitable: ¿estamos ante una nueva opción política o ante el reacomodo de una élite desplazada que busca sobrevivir bajo otra marca de color rosa?
La primera batalla del partido ha sido simbólica y jurídica. El INE le concedió el registro, pero le impuso una condición: cambiar el nombre “Somos México” y modificar su logotipo para eliminar el color rosa. La autoridad electoral argumentó que “México” no puede ser apropiado como denominación partidista exclusiva y que el uso del rosa, asociado institucionalmente al INE y políticamente a la llamada Marea Rosa, puede generar confusión en el electorado. No se trata de un asunto menor. En política, los colores son memoria, identidad y posicionamiento y no solo estética.
SomosMx impugnó ante la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Su argumento tampoco carece de lógica: durante meses la organización operó públicamente con ese nombre, ese emblema y esos colores sin que el INE objetara de manera oportuna. Cambiar la identidad visual a escasos meses del arranque formal del proceso electoral federal de 2026-2027 implicaría comenzar de nuevo una campaña de reconocimiento, en desventaja frente a partidos con estructuras ya consolidadas. El litigio, por tanto, no sólo definirá si el rosa puede ser patrimonio político de un partido, sino hasta dónde llegarán las autoridades electorales ahora que el caso llega al Tribunal.
Sin embargo, el problema más profundo de SomosMx no está en su color, sino en su contenido. La organización se presenta como heredera de la Marea Rosa y del Frente Cívico Nacional, espacios que surgieron como reacción a las reformas impulsadas por el gobierno de la llamada Cuarta Transformación, particularmente en torno al INE y al Poder Judicial. Aquellas movilizaciones reunieron a sectores ciudadanos preocupados por la concentración del poder, pero también sirvieron como punto de encuentro de liderazgos partidistas que habían perdido influencia en sus antiguas casas políticas.
La ruta no comenzó en 2026. Después del triunfo de Andrés Manuel López Obrador en 2018, diversos liderazgos provenientes de los partidos derrotados intentaron reagruparse en espacios como Futuro 21. De ahí vinieron mutaciones, desprendimientos y reacomodos: algunos cuadros migraron a Movimiento Ciudadano, como Salomón Chertorivski; otros siguieron orbitando en torno a proyectos como Vamos México, el Frente Cívico Nacional y, finalmente, SomosMx. La historia no es la de una ciudadanía que de pronto descubrió la necesidad de organizarse en partido, sino la de opositores que, al perder el centro del tablero, empezaron a buscar una nueva envoltura. Escisiones del PAN, PRD y PRI que, como esporas, están adaptados para la dispersión y la sobrevivencia política.
Su dirigencia confirma su naturaleza. Guadalupe Acosta Naranjo, expresidente del PRD, encabeza el partido; Cecilia Soto, excandidata presidencial del PT y exembajadora, ocupa la secretaría general; Gustavo Madero, expresidente del PAN buscará ser candidato a gobernador de Chihuahua por el nuevo partido; Emilio Álvarez Icaza, ex senador independiente (postulado por el PAN), es el representante ante el INE y estará en la boleta en 2027. Alrededor aparecen figuras de peso público como exconsejeros electorales, exministros, exgobernadores panistas y priístas, exlegisladores, intelectuales, activistas y personajes de la sociedad civil. No se trata de perfiles improvisados. Al contrario, el problema es precisamente que son demasiado conocidos. SomosMx nace con experiencia, redes y oficio, pero también con el lastre de parecer una asamblea de notables desplazados en sus propios partidos y por la nueva hegemonía política.
Lamentablemente, la trayectoria de algunos de sus cuadros es ejemplar en el mal sentido. Por mencionar a figuras controvertidas, el principal cuadro político de SomosMX en Morelos es el exdiputado priísta Francisco Javier Moreno Merino quien, en 2012, en el pleno de la Cámara de Diputados, dijo a toda voz que “no hay mujer bonita que no llegue a ser meretriz».
El representante suplente ante el INE es el exconsejero Marco Baños, conocido por sus decisiones como árbitro electoral favorables al PRI, lo cual no es tan grave como la suspicacia que despiertan sus negocios de asesorías electorales en materia de fiscalización. Otro ejemplo es el del exgobernador colimense Ignacio Peralta, otrora cercano a Luis Videgaray, su administración fue cuestionada por el deterioro financiero del estado y por sus vínculos políticos con figuras controvertidas.
El partido enfrenta así una contradicción fundacional. Dice representar a una ciudadanía cansada de los partidos tradicionales, pero está dirigido por políticos formados en esos mismos partidos y no en las mejores prácticas. Afirma ser una alternativa fresca, pero su núcleo proviene de ciclos previos de la transición democrática, del PRD, del PAN, de organizaciones civiles opositoras y de espacios que ya participaron, directa o indirectamente, en coaliciones derrotadas. Pretende hablarle al futuro, pero su elenco principal remite al pasado inmediato de la oposición mexicana.
Además, su discurso público parece todavía atrapado en una definición negativa: ser contra Morena, contra López Obrador, contra la 4T, contra la reforma judicial, contra el oficialismo. Esa oposición puede ser legítima y necesaria en una democracia, pero no basta para construir un partido representativo. La crítica al poder es indispensable; la nostalgia por el poder perdido, no. Si SomosMx quiere ser algo más que una franquicia antiobradorista, deberá explicar qué propone en seguridad, desigualdad, salud, educación, fiscalidad, federalismo, medio ambiente y derechos sociales. No alcanza con defender al INE, al Poder Judicial o al pluralismo institucional si no se ofrece también una respuesta a los problemas que llevaron a millones de mexicanos a desconfiar de los viejos partidos.
El reto inmediato será electoral. En 2027 deberá competir sin coaliciones ni candidaturas comunes y alcanzar al menos el 3% de la votación válida emitida para conservar el registro. Esa prueba es saludable: obligará a SomosMx a medirse sin muletas, sin esconderse y sin depender sólo del enojo de los sectores inconformes con el gobierno.
SomosMX tiene derecho a existir y a competir. La democracia necesita oposición, contrapesos y nuevas formas de representación. Pero el país no necesita otro partido que confunda ciudadanía con élites recicladas ni pluralismo con resentimiento político. Si el nuevo partido quiere ser México, tendrá que demostrar primero que no es solamente la suma de quienes se quedaron sin partido, sin cargo o sin influencia. Porque la pregunta que lo persigue no es si puede usar el rosa. El cuestionamiento verdadero es si SomosMx realmente somos algo, o si sólo son los de siempre con otro logotipo, del color que sea.
UN LIBRO, UNA SERIE, UN PODCAST
Libro: La democracia como agravio (CLACSO) Álvaro García L. Se sostiene que la democracia liberal está en crisis, debilitada por el vínculo entre esta forma de representación y la economía de libre mercado.
Serie: Spider Noir (Prime) Nicolas Cage representa a un detective de los años 30 decadente que tiene que volver a ser héroe.
Podcast: “Lo que no sabemos”, episodio “Has cambiado” (Spotify) Espacio para quienes sienten que vivir no es solo existir.
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