No existe aspiración más humana y tentadora para muchos politiqueros de México que el deseo de conseguir, a cualquier precio, el poder por el poder. Desde que se tiene registro, en la historia del hombre; el amor y el dinero, ambas emociones han dominado en más de una ocasión sus mentes, haciéndoles tomar malas decisiones y un rumbo muchas incierto no sólo a sus vidas sino también a las de todos quienes dependían de ellos. Así, desde Marco Antonio hasta los antihéroes de nuestros días, más de un líder ha sucumbido a la fatalidad por elegir no sólo con el corazón sino con sus pulsiones más elementales y mal intencionadas. La corrupción no es una característica lamentable del llamado Sistema Político Mexicano: es el Sistema Político Mexicano que esta podrido. La corrupción de los poderes públicos es una traición a la Patria, es universal y milenaria. En México, ha tenido desafortunadamente un papel histórico: el poder ha corrompido a los caudillos insurgentes del siglo XIX y revolucionarios del XX, entronizando a presidentes como Supremos Tlatoanis y dadores de vida. A pesar de lo cual, circulan explicaciones rudimentarias. Por ejemplo: que la corrupción está en los usos y costumbres del país como expresión de los genes de los mexicanos. Un tema que evidencia las mieles del poder y…no poder.
Como bien lo dice el escritor Alfredo Bielma Villanueva, «en la sociedad moderna la capilaridad social ha sido signo positivo del exitoso “aspiracionismo” de sus integrantes, cuando se logra con trabajo, educación y esmero, es la movilidad inherente a todo conjunto social que aspira a superar su condición socioeconómica». Pero cuando ese avance de movilidad social se alcanza mediante la tranza política y el abuso en el ejercicio del poder, como canonjía de un cargo de servicio público, es bastante reprochable y digno de ser exhibido. En México ese montaje del absurdo se encuentra por doquier, en nuestro suelo brotan como en vivero los casos de quienes han arribado al poder y abusado de esa condición para dejar atrás los días de miseria. En nuestro universo político esa veta es rica en casos propios para una novela de Balzac, o para Los Miserables, de Víctor Hugo.
Si se practica el oficio detectivesco, donde se escarba se encuentra, como el surgimiento a la vida política estatal de un vecino de marginado pueblo a quien solo siete años antes se le veía conducir una bicicleta ataviado con short y protegido de los inclementes rayos del sol por una gorra con pronunciada huella del uso diario. Veleidosas como suele ser las circunstancias de la vida, un buen día los vientos de la política le susurran que un partido de nueva creación busca candidato a cargo de elección popular y ¡Zas! por la “magia” politiquera ese individuo se ha convertido en un destacado actor político “exitoso”, a quien se le adjunta una condición socioeconómica que refleja un súbito enriquecimiento, equivalente al de un empresario que con mucho esfuerzo después de muchos años alcanzó un buen acomodo socioeconómico. Sin duda, Honorio Balzac destacado novelista, encontraría en la clase política mexicana, de cualquier partido político, una inagotable fuente de casos para su Comedia Humana.
Como ya lo he dicho, el poder corrompe, y el poder absoluto, corrompe absolutamente”. De este modo tan contundente se suelen zanjar los comentarios provocados por los casos flagrantes de corrupción impune que se suceden en la vida política de un país o instituciones, políticas y no políticas, cuando el control del poder se desborda y convierte en tiranía, es inexistente, o está amordazado y maniatado por el interés de unos cuantos o por el miedo. Por no retrotraernos al “antiguo régimen”, pensemos en los actuales regímenes militares o teocráticos del segundo y del tercer mundo, llámense repúblicas o monarquías. En menor grado, sin ir tan lejos, pensemos también en los “escándalos” de las democracias dirigidas sobre mayorías absolutas o en las prácticas de los países imperialistas y “neoimperialistas”, a la hora de ganarse apoyos para sus “fechorías”.
La corrupción permite que grupos criminales operen sin consecuencias y muchas víctimas de delitos ven sus denuncias ignoradas debido a redes de corrupción en el Poder Judicial. Lo más lamentable es que, el asunto también impacta en las oportunidades económicas; empresas extranjeras desconfían de invertir en un país con altos niveles de corrupción y las pequeñas empresas enfrentan extorsiones y sobornos para poder operar.
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