Igualito que su prestigio (de por sí aboyado) o su nombre impoluto (que nunca lo fue) y su paso a la Historia como el mejor. Vamos a suponer que sí, que un rayo la derribó.
Ya cumplió un año en el suelo, y para ser más preciso está tirada hacia el barranquillo tras de los setos que adornan ese paseo extraño e ignominioso de presidentes que casi de no ser por ese sitio, sería imposible erigirles una estatua en este país.
Hubo argucias para lograrlo, como la de ponerle el rostro de López Portillo a la estatua de Morelos en Ecatepec –que sí, no lo hizo el de las patillas, sino el lambiscón escultor– o que derribaran las de Fox y López Obrador al alcance de sus opositores.
Mas, parece innecesario que persista ese paseo en el Centro Cultural Los Pinos, porque ni hacen falta tales egos en bronce ni ya es residencia oficial.
Es más, hay todavía demasiadas instalaciones castrenses que debieran devolver ese espacio que ocupan, al bosque de Chapultepec.
Como nota al margen: si el siguiente presidente deseara no vivir en el Palacio Nacional, donde ninguna ley obliga a ello, sepa usted que NO hay donde meterlo.
No existe un espacio alterno y el que había, por fortuna, ya desapareció y fue desmantelado dificultando que vuelva a ser el búnker que fue hasta 2018.
Prosigo: esta estatua de Peña abrazando la bandera, típica postura ególatra y fingida del putrefacto priismo, no nos cuenta ese sexenio de corrupción desbordada priista ni lo vendepatrias que fue con su nefasta e irresponsable reforma energética.
Esa estatua también sobra. Y la verdad es que todas. No hay cabeza que peine que no salga piojosa.
Por eso, esa estatua de Calderón no debe volver a ese pedestal inmerecido.
Y los ardidos opositores que se fastidien. Es intrascendente su enojo. Uno dice que van a poner una más grande.
¡Vaya disparate! Y ¡cuidado! Tanta egolatría alimentada vuelve loca a la gente y, desde luego, más grande como dicta su capricho ridículo rompería la proporción de las demás esculturas, en caso de quedarse.
Morena ya se tardó en retirar todas, incluso la de Cárdenas y demás. Otro opositor dice al micrófono que es patrimonio nacional.
Respuesta: ¡Cálmate, patrimonio nacional! No exageres.
No, no hay que exagerar, es solo la mal dada estatua de un expresidente que no entendió, no le dieron las entendederas para saber que acabado su mandato se debió callar.
El resultado ha sido el que sabemos: un día sí y otro también dice burradas.
Una más estrambótica que la anterior y todas son verdaderos y vergonzantes desatinos de un sujeto enojado con la vida.
¡Ahhh! ¿es con Morena y con la Sheinbaum? Pues le han contestado cual merece una a una sus gracejas. Aplausos.
Reconozcamos que Calderón solo suelta sandeces al por mayor. El hijo, un infumable, salió corregido y aumentado en decir bobadas. No merece ni la mínima atención. ¡Ahhh! ¿Qué no calla, porque diario lo nombran los gobiernos morenistas? Pues es por bocón. En él radica la solución. Hace declaraciones de peor mal gusto que las de Quadri, que ya es decir.
Pues, la dichosa estatua que se quede en el piso el tiempo que haga falta.
Y trocarla, negociarla por la de Castro y el Ché sería una burrada más.
Aquellas deberían estar en su banca en la Tabacalera donde se conocieron, muestra de cómo este país acoge a todo mundo.
No son situaciones similares o quien pretende chantajear con ello será un ignorante de la Historia.
Y si a los panistas tanto ofende verla tirada, pese a que Calderón ya no es panista y por mucho que se haga fotos con Fox, pues que corran a levantarla.
Ellos y quien lo vea necesario o esté tan necesitado de hacerlo. Es tan sencillo de entender.
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