A lo largo de décadas de lucha junto a las comunidades campesinas, las organizaciones sociales y el pueblo de México, he aprendido que la dignidad de una nación no se negocia: se defiende con hechos, con trabajo territorial y con decisiones firmes. Hoy, bajo la conducción firme y lúcida de nuestra presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, el país está presenciando una consolidación histórica de su soberanía en todas sus vertientes.
Hablar de soberanía en este mes de julio no es pronunciar un discurso abstracto desde un escritorio cómodo. Significa ver cómo el Estado mexicano recupera la rectoría sobre sus recursos y prioriza el bienestar de quienes históricamente lo han dado todo por la patria. Nuestra presidenta ha trazado una ruta clara que fortalece el orgullo nacional y proyecta a México con firmeza en el escenario internacional.
Respeto a nuestra independencia y autodeterminación
En el plano de la política exterior y la seguridad nacional, la presidenta Sheinbaum ha mantenido una postura de principios inquebrantables. Frente a las presiones internacionales o los intentos de injerencia, la posición de México ha sido contundente: cooperación de alto nivel, sí; subordinación jamás.
México colabora con solidaridad, extiende la mano a los pueblos hermanos de la región a través de la ayuda humanitaria y exige respeto a su soberanía institucional. Esa firmeza nos da la autoridad moral que durante años se perdió en los gobiernos del pasado.
«La soberanía impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum es la expresión viva de un gobierno al servicio del pueblo.»
Independencia energética e infraestructura estratégica
La soberanía no se limita a las fronteras; radica también en la capacidad de generar nuestra propia energía y mover nuestra propia industria. El fortalecimiento del Plan México, a través del impulso coordinado entre CFE, Cenagas y la iniciativa pública, garantiza que los recursos estratégicos sigan siendo del pueblo.
No se trata solo de construir infraestructura; se trata de asegurar que los insumos básicos y las energías limpias permitan a México crecer con rumbo propio, impulsando la investigación, la tecnología y la ciencia nacional.
El campo: corazón de la soberanía alimentaria
Como defensor de la causa agraria, reconozco profundamente la visión de la presidenta al situar al campo mexicano en el centro de las prioridades nacionales. Con estrategias como el programa Cosechando Soberanía, el gobierno está demostrando que la autosuficiencia en maíz blanco, frijol y arroz es perfectamente alcanzable cuando se respalda al pequeño y mediano productor.
La inversión en sistemas de riego eficientes y la consolidación de canales de comercialización directa —como las Tiendas Bienestar— están eliminando el intermediarismo para devolverle la justicia social a las familias campesinas y garantizar comida segura en la mesa de las y los mexicanos.
Ciencia, tecnología y desarrollo con rostro humano
Hoy México no aspira a ser solo un espectador del desarrollo global. Bajo esta visión transformadora, el país avanza en el desarrollo de insumos con mayor contenido nacional, el fortalecimiento de la tecnología propia e iniciativas pioneras en innovación e inteligencia artificial.
Todo ello bajo un principio irrenunciable: austeridad republicana para que los recursos del pueblo se traduzcan en becas, infraestructura local y programas sociales.
Estamos viviendo un momento histórico.
La soberanía impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum es la expresión viva de un gobierno al servicio del pueblo. Desde la Cámara de Diputados y desde las organizaciones del campo, continuaremos respaldando con convicción y trabajo diario esta ruta que dignifica a México y consolida el Segundo Piso de la Cuarta Transformación.
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El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

