Compañeras y compañeros de viaje, levantamos vuelo desde la península de Yucatán con una carta de navegación envidiable, por la belleza del recorrido y el valor humanístico e histórico para la izquierda latinoamericana. En nuestra pantalla aparece Cuba al frente, Miami al norte, las islas del Caribe hacia el sureste y México a nuestra espalda. Las separan trayectos breves, pero entre ellas se extienden algunas de las fronteras políticas más persistentes del continente. La pregunta que guiará este recorrido surge casi sola: ¿cómo puede una isla tan cercana permanecer tan aislada?
El domingo 26 de julio, Cuba conmemoró 73 años de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Aquella derrota al régimen y dictadura militar de 1953 abrió el ciclo político que finalmente conduciría al triunfo revolucionario de 1959, con Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, entre muchos grandes próceres de la historia cubana.
Al acercarnos a la isla, las luces se vuelven intermitentes y no nos sorprende pues Cuba atraviesa una crisis energética que ha provocado apagones nacionales, paralizado parte del transporte público y obligado a reducir actividades escolares y servicios esenciales. La falta de electricidad también interrumpe el bombeo de agua, la conservación de alimentos, las comunicaciones y el funcionamiento de hospitales. Por si fuera poco, desde enero, el endurecimiento del cerco petrolero estadounidense ha llevado esta fragilidad a un punto crítico.
El turismo, una de las principales fuentes de divisas, también pierde altura. Entre enero y abril de 2026, la llegada de visitantes internacionales cayó 56%. El hotel Meliá concluyó las operaciones de los 34 hoteles que administraba en Cuba y cerró una presencia iniciada en 1990. La empresa atribuyó su salida a dificultades operativas, legales y financieras, agravadas por las sanciones estadounidenses.
Giramos hacia Miami. A pocos minutos de vuelo, la iluminación de Florida contrasta con las noches cubanas. La comunidad de origen cubano que vive ahí reúne generaciones, experiencias y posiciones políticas muy diversas. Dentro de ella, los sectores más duros del exilio han logrado convertir su peso electoral en una influencia duradera sobre la política de Washington. El resultado encierra una paradoja: las medidas anunciadas para debilitar al gobierno cubano descargan buena parte de su costo sobre las familias que cocinan, trabajan, estudian y cuidan a sus enfermos en la isla.
La orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 29 de enero amplió esa presión al autorizar posibles aranceles contra productos procedentes de cualquier país que suministre petróleo a Cuba, directa o indirectamente.
Los pequeños Estados caribeños conocen bien el significado de esa presión. En mayo, el Consejo de Relaciones Exteriores de CARICOM defendió el derecho soberano de Cuba a importar combustible y advirtió que la obstrucción de los suministros había precipitado una nueva crisis humanitaria. También recordó que sus efectos alcanzan a estudiantes y residentes de otros países de la región.
Regresamos hacia México. Nuestro país que, aunque detuvo en enero los envíos de crudo y combustibles, mantuvo la asistencia humanitaria y buscó caminos para reanudar el suministro sin exponer su relación comercial con Estados Unidos.
La presión externa agrava de manera decisiva la crisis cubana; y a ella se cargan responsabilidades internas, como baja productividad, inversiones insuficientes, deterioro de la infraestructura eléctrica, desigualdad en el acceso a divisas; restricciones a la expresión, la participación y el pluralismo político.
Durante el descenso, volvemos a mirar la carta de navegación. Cuba llega a los 67 años de su Revolución soportando un bloqueo que la ha acompañado casi desde el comienzo. El 7 de julio, 136 países respaldaron reabrir en Naciones Unidas el debate sobre el embargo, frente a nueve votos en contra y 30 abstenciones. Meses antes, 165 habían pedido ponerle fin.
La turbulencia no termina en el malecón de la Habana. No lejos de ahí, Daniel Ortega anuncia que en Nicaragua no volverá a haber elecciones para impedir “el retorno de los fascistas”. En El Salvador, Nayib Bukele ha sido ratificado como candidato a un tercer mandato, después de reformas que permiten la reelección indefinida. Honduras recibe de vuelta a Juan Orlando Hernández, indultado por Donald Trump tras una condena por narcotráfico en Estados Unidos y con la llegada de Keiko Fujimori a Perú hace un par de días ya completo un nuevo panorama sudamericano.
Rodeado por esas condiciones, México queda en una posición distinta. La política exterior de México desde el sexenio pasado ha mostrado nuestra doble condición de país: tránsito y destino. Tensión que hoy se cruza con estructuras del crimen organizado que trafican personas, buscan controlar rutas, territorios y comunidades. No se pierda el próximo vuelo internacional, seguiremos el arco del Caribe hacia Centroamérica.
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