Según la narrativa del gobierno federal, la economía nacional muestra signos de fortaleza. Contamos con una economía en crecimiento, la inflación está bajo control, el peso está cada vez más fuerte, las tasas de interés son reducidas, el comercio y la inversión internacional van en aumento, el desempleo es mínimo y las finanzas públicas están sólidas. Hace algunos días, la propia presidenta Sheinbaum presentó en su conferencia de prensa algunos indicadores que, según ella, muestran un buen desempeño económico.
Sin embargo, la situación real dista mucho de ser la óptima para un País cuya población sufre tantas carencias. Es cierto que la economía crece, pero a un ritmo mucho menor que antes, y a niveles completamente insuficientes para fomentar el bienestar social.
Veamos el detalle de cómo se ha comportado el crecimiento del PIB recientemente, que es el que refleja la evolución económica nacional. En el 2019, el primer año de los gobiernos de MORENA, no solo no hubo crecimiento económico, sino que la economía cayó un 0.2%.
En 2020 la economía volvió a estar en terreno negativo, ahora en un tremendo 8.4%, derivado de los efectos del COVID, pero agudizado por la falta de apoyos gubernamentales a las empresas para enfrentarlos. En el 2021, el PIB creció solo un 4.8%, que, aunque podría tomarse como un buen nivel de crecimiento, fue un rebote que no alcanzó ni para retomar los niveles de producción del 2018.
En el 2022 el crecimiento se desaceleró y fue de 3.1%, con lo cual, luego de 2 años, la economía nacional aún no se lograba ni siquiera recuperar de la caída del 2020. En 2023, la economía creció 3.2%, por lo cual fue hasta entonces que se recobró a los niveles previos al COVID, y empezó a crecer realmente.
En 2024, el crecimiento económico fue de tan solo 1.2% del PIB, y en el siguiente año, la economía creció apenas un 0.8%.
Actualmente la economía se sigue debilitando. En el primer trimestre no solo no creció, sino que se redujo en 0.8%. Los especialistas estiman ahora un crecimiento de entre 1 y 1.2% del PIB, cuando el gobierno insiste en un rango que da un promedio de 2.3%. Con los datos actuales, resulta evidente que la economía no va a crecer ni a la mitad de ello. Así el crecimiento económico promedio que han “logrado” los gobiernos de MORENA será menor al 1%, por 8 años consecutivos. Mucho menor al necesario, menos de la mitad que en los gobiernos anteriores, y menor a la quinta parte del 6% que este partido político ofreció en campaña.
Por otro lado, aunque la inflación general se ha reducido, pero la subyacente, que es la medición más precisa para conocer el impacto de los precios en la economía popular, sigue a niveles que angustian.
Si bien el tipo de cambio frente al dólar no ha aumentado, esto no se debe necesariamente a la política económica gubernamental ni a la fortaleza de la economía, sino, en esencia, a fenómenos internacionales, y ese fortalecimiento del peso, aunque reduce costos a los importadores, lo que no siempre se refleja en menores precios a los consumidores, afecta negativamente a los sectores productivos que venden sus productos en los mercados mundiales, por lo que su efecto total en la economía no es necesariamente positivo.
Aunque las tasas de interés se han reducido con base en una política monetaria que empieza a dar signos de falta de autonomía, esto no se ha reflejado en una mayor inversión física, que ha caído a niveles sin precedentes, tanto en el ámbito público como en el privado. En el gobierno han dejado de invertir porque no cuentan ni con proyectos sólidos ni con los recursos fiscales necesarios, y las empresas no invierten por la incertidumbre que deriva de diversas políticas públicas, la falta de un adecuado Estado de Derecho y de infraestructura en sectores como el educativo, el energético, el carretero, y el hidráulico, entre otros factores.
La inversión foránea sí ha crecido, pero fundamentalmente solo en el ámbito de la reinversión, pero es evidente la falta de nuevas inversiones que impulsen la economía y el empleo digno.
La solidez de las finanzas del gobierno federal está en duda ante los niveles sin precedentes de endeudamiento, cuyo costo financiero resulta ya bastante mayor que el total de la inversión pública, e incluso que los recursos que se distribuyen a los estados y municipios por la vía de las participaciones federales.
Aun cuando el actual gobierno manifestó el objetivo de controlar el déficit, que debía ser del 2.6% del PIB en promedio, lo cual implicaba una reducción constante para que al final de éste fuera mucho menor, ante el desbordamiento del endeudamiento público por las caprichosas obras del gobierno anterior, lo cierto es que actualmente el déficit ronda el 3.6% del PIB y la deuda total del gobierno federal sigue creciendo.
En el ámbito privado también empieza a vislumbrarse un problema en los niveles de endeudamiento, el cual va en aumento, y que en especial destaca en el caso de las familias, según indica un reporte de la calificadora Moody´s Ratings, ocasionado seguramente por la falta de crecimiento económico, empleo e ingresos adecuados, así como derivado de un aumento irresponsable del crédito al consumo, lo cual ocasiona ya aumentos en la cartera vencida. Esto es fomentado también, y se ha advertido en este espacio, por la falta de una adecuada educación para la salud financiera, asunto que poco le interesa al gobierno y al propio sector financiero.
Por otro lado, uno de los ejes de la narrativa económica del gobierno federal para demostrar que las cosas van “muy bien”, es el del reducido desempleo. Aunque la desocupación, tal como la mide el INEGI, es pequeña, esto no refleja la situación real completa del mercado laboral ni el bienestar de los trabajadores.
La medición oficial que realiza el INEGI, con base en su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), determina la tasa de desocupación y el de la población ocupada, y para considerar que alguien tiene empleo, o se encuentra ocupado, basta con que afirme en la encuesta que trabajó una hora o más en la semana que se realizó la encuesta, haya recibido o no un salario.
Según esa encuesta, en junio el desempleo, o la tasa de desocupación, va en aumento y fue de 2.9% de la población económicamente activa (PEA). Es decir, en los términos que se manejan comúnmente, ese es el número de empleados, mientras que los desempleados fueron 1 millón 793 mil 589 personas, con lo cual se acumularon 315,897 desempleados más, tan solo en lo que va del año. Es decir, no solo no hay nuevos empleos, sino que estos han caído.
Por otro lado, son los trabajos con mejores ingresos donde más se acentúa la reducción, ya que mientras el número de trabajadores que recibe solo hasta un salario mínimo, que son la gran mayoría y alcanzan los 27 millones 375 mil personas, es decir el 47%, casi la mitad, de quienes reciben ingresos por su trabajo, aumentó en cerca de 200 mil, los trabajadores que reciben hasta 3 salarios mínimos, que son mucho menos, cayeron en más de 350 mil, con un total de solo 3 millones 485 mil.
La ENOE indica también otras variables del mercado laboral, como el nivel de empleos en el ámbito informal, la subocupación, las condiciones críticas de ocupación, entre otros.
Así, vemos que los trabajadores del ámbito informal son los que sí van en aumento, ya que fueron en junio de más de 33 millones 100 mil personas, es decir, el 55% del total de la población con empleo, esto es más de la mitad de los trabajadores, los cuales en su mayoría no cuentan con condiciones dignas en materia de prestaciones y derechos laborales. Hay, por tanto, más de 100 mil trabajadores más en esta situación de incertidumbre laboral.
La población subocupada fue de 3 millones 900 mil personas, que es la que buscó ofertar una mayor cantidad de tiempo de trabajo en su ocupación actual o en un empleo adicional, que requieren trabajar más pero no lo consiguen, es decir, que tienen un empleo de tiempo parcial, o no les alcanzan sus ingresos y deben buscar otro trabajo.
Hay otro sector relevante que se clasifican en la tasa de condiciones críticas de ocupación, y que son casi el 38.5% del total, tasa que se ha elevado.
Según indica el INEGI, hay también 4 millones 700 mil personas que necesitan empleo, pero no lo buscan, en muchos casos porque piensan que no lo van a encontrar. Se les denomina desalentados.
Los datos sobre el subempleo, el empleo informal, los desalentados, las condiciones críticas de ocupación y los empleos con menores ingresos, son los que dominan al mercado laboral. Se trata de un reflejo más fiel de la situación económica que se sufre en el País. Son millones de trabajadores y sus familias que requieren de mejores condiciones de empleo y de mejores salarios.
Como vemos, los desafíos que enfrenta la economía nacional son mucho más grandes que los logros que el gobierno presume, y que esconden la situación real. Por ello es tan relevante que haya más periodistas y especialistas serios e independientes que estudien la evolución económica y la informen a la población.
Resulta imperativo que el gobierno deje de lado su narrativa triunfalista y electorera, y se ponga a trabajar en un diagnóstico económico serio y objetivo, y en estrategias sólidas y eficaces, que seguramente requieren de convocar a una gran alianza nacional por el crecimiento económico y el bienestar social, y de modificar el rumbo de ciertas políticas públicas. Lo necesita el País. Es lo justo.
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