Mientras el crecimiento de la economía permanece débil, el consumo parece resistir, pero lo hace a costa de un fenómeno que debería preocupar a todos. Los mexicanos están recurriendo cada vez más al crédito no para comprar una casa o un automóvil, sino para financiar gastos cotidianos como salir a comer, ir al cine o cubrir necesidades básicas.
El endeudamiento dejó de ser una herramienta para adquirir bienes de alto valor y se está convirtiendo en un mecanismo de supervivencia para muchas familias. Y cuando una sociedad necesita crédito para sostener su consumo diario es una señal de que los ingresos no alcanzan.
Diferentes analistas en materia económica sostienen que la economía mexicana podría estar sosteniéndose, al menos parcialmente, sobre el endeudamiento de las familias. El crédito mantiene el consumo y evita una caída mayor de la actividad económica, pero al mismo tiempo genera una presión financiera que tarde o temprano termina por convertirse en la cartera vencida.
La cartera vencida de los créditos al consumo habría alcanzado alrededor de 64 mil millones de pesos, su nivel más alto en los últimos cuatro años. A ello se suma el aumento de los retiros por desempleo de las Afores, otro indicador que refleja el deterioro del mercado laboral y la pérdida del poder adquisitivo.
Durante el primer semestre de 2026, 43 mil personas habrían solicitado un retiro parcial de su Afore por desempleo. El objetivo inmediato es obtener recursos para enfrentar la falta de ingresos, pero el resultado final será una reducción en el ahorro pensionario y también pueden disminuir las semanas de cotización necesarias para acceder a una pensión al final de la vida laboral.
La inflación es otro elemento que sigue mermando el poder adquisitivo de las familias. El incremento constante en los precios de alimentos, medicinas y servicios ha golpeado especialmente a las clases medias y bajas, que cada vez tienen menos margen para enfrentar los gastos cotidianos. Cuando el salario no alcanza, la tarjeta de crédito termina ocupando el lugar que debería corresponder al ingreso.
El problema también se observa en la vivienda. La cartera vencida del Infonavit habría alcanzado 410 mil millones de pesos durante el último trimestre, el doble de la registrada por la banca comercial en créditos hipotecarios. Se trata de una cifra que revela la dimensión de las dificultades financieras que enfrentan miles de trabajadores.
Los indicadores económicos no responden a discursos ni a posiciones ideológicas. Una economía puede ser presentada como resistente, pero si las familias se endeudan para consumir, retiran sus ahorros para enfrentar el desempleo y cada vez tienen menos capacidad de compra, existen señales de un deterioro que no puede ocultarse con cifras aisladas.
El crédito puede mantener artificialmente el consumo durante algún tiempo, pero no sustituye el crecimiento económico, la inversión productiva ni los empleos bien remunerados. Una economía que necesita del endeudamiento de sus ciudadanos para mantener el ritmo de consumo corre el riesgo de construir una estabilidad aparente sobre una base cada vez más frágil.
México necesita recuperar una ruta de crecimiento sostenido que genere empleos de calidad, aumente los ingresos y permita recuperar el poder adquisitivo de las familias. El país no puede conformarse con una economía que simplemente resista mientras millones de mexicanos recurren al crédito para llegar a fin de mes.
El verdadero desafío consiste en generar las condiciones para que las familias puedan consumir con sus ingresos y no con deuda, ahorrar para su futuro y construir patrimonio. De lo contrario, el crecimiento será cada vez más dependiente de un crédito que tarde o temprano se agota.
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