“La bendición” está por hacer su arribo.
Luisa María Alcalde Luján, de 38 años, ronda el séptimo mes de embarazo de su segundo hijo.
“No ha hecho mucha panza, así que es niño”, dicen las damas de Mi CISEN.
Recordemos que Luisa hizo su debut como mamá a principios de 2025 (en la entrega titulada “Zoé Robledo sí es el papá de Leonora” publiqué la primicia); este segundo bebé fue procreado con el diputado federal de Morena Arturo Ávila, con quien la actual Consejera Jurídica del Gobierno de México tiene una relación, por lo menos, desde la primavera de 2025 como se los conté en este texto de Política para Guapos.
Hasta aquí, digamos, todo se resume en un culebrón de una familia moderna que tiene a sus protagonistas en la cúspide del poder político mexicano.
Sin embargo, la pregunta que ahora nos tiene con “el Jesús en la boca” a todos los guapos es ¿qué va a pasar con Luisa María cuando regrese de su licencia por maternidad si es que la pide? Y es que solo hay unas personas más felices, que la propia madre, de que Luisa María se vaya a cuidar a su recién nacido: sus enemigos al interior de Morena.
Para nadie es un secreto que tras la dirigencia del partido guinda a Luisa María le surgieron más detractores que chinches en motel de carretera.
Los de su propia nomenclatura le reclamaban las pérdidas de elecciones en distintos estados, la rebelión de la granja y hasta los escándalos por la vida de lujos de sus principales cuadros (Andy en Tokio, Monreal en España, Delgado en Portugal…).
La gota que derramó el vaso fue su relación con Arturo Ávila quien, como Primer Caballero de Morena, me dicen que ya metía más mano en el partido que en sus asuntos del corazón.
Por todo lo anterior (y más) los enemigos de Luisa María están abriendo una botella de Petrus, esperando que la presidenta Claudia Sheinbuam anuncie que Alcalde Luján tendrá una licencia por maternidad y, según las damas de mi CISEN, con ese motivo presentaría a su relevo pues, para como está el país, esa oficina no debería estar sin titular.
En ese escenario, vendrá lo verdaderamente bueno pues, en política, las ausencias nunca son vacaciones.
Son un casting para saber qué tan prescindibles son los que se sienten intocables.
Luisa María posiblemente solicitará licencia.
Nada extraordinario.
Lo ordinario es lo que suele pasar cuando alguien deja libre un espacio en donde el poder no acepta despachos desocupados.
Si los silencios siempre se llenan, en Morena todas las sillas tienen la extraña habilidad de encontrar dueño incluso antes de que las desocupe el anterior inquilino.
Lo malo es que no siempre son los perfiles más capacitados.
Lo peor es que quien se sienta demasiado tiempo comienza a creer que la silla nació pegada a él.
Y no la sueltan.
Incluso por generaciones.
Pero volviendo al tema la pregunta no es si Luisa María regresará en caso de que pida licencia.
Claro que regresará.
La verdadera incógnita es: ¿a dónde? Y aquí las versiones son distintas.
Mientras unos vaticinan que volverá a donde mismo (lo cual yo dudo), otros aseguran que se irá a campaña para una diputación federal desde donde tendrá reflector para convertirse en candidata de Morena a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México en la elección de 2030 (¿Será que le alcance? ¿Y Batman para dónde?)
En cualquiera de esos escenarios, o los que surjan en el camino, si Luisa María regresa fortalecida, significará que la Presidenta sigue apostando por uno de sus cuadros más técnicos y leales (aunque se dé su taco para aceptar las ofertas de la Presidenta).
Si vuelve con menos margen de maniobra, los mismos que hoy le “apartan” el lugar con un huacal comenzarán a explicarle que “los tiempos cambiaron”.
Nada que no hayamos visto.
Así es la política: nuevas coyunturas, suma de votos y deslealtades permanentes que, en este caso, sucederán mientras Luisa María calienta los biberones.
En lenguaje para guapos: mientras una madre cuenta las semanas para volver a su puesto de trabajo, más de un político del mismo partido cuenta los días para convencer al resto de que ese regreso ya no hace falta.
Al final, en Morena nadie discute el nacimiento del segundo hijo de Luisa ni quién es el papá.
Lo que realmente provoca insomnio es otra clase de alumbramiento: quién ocupará la Consejería Jurídica y, de paso, hablarle al oído a la Presidenta.
El futuro político de Luisa María dependerá enteramente de su capacidad para dar un golpe sobre la mesa al minuto uno de su regreso, si es que se va temporalmente.
En un partido donde los liderazgos se redefinen a diario y donde las lealtades suelen ser tan volátiles como el aroma de un perfume pirata comprado en Tepito la morenista necesitará más que el recuerdo de sus éxitos pasados para mantener su cuota de poder y, la lealtad de su grupo, si es que lo reencuentra.
La efímera protagonista de “La Mañanera del Pueblo” hará una pausa biológica para recibir a su segundo hijo.
Un evento familiar tan humano como inusual en la despiadada fauna del poder en México, donde ausentarse unas semanas equivale a dejar la mesa servida para que otros se coman tu plato, tu postre y hasta las migajas del pan.
Ya lo dijo el lider sindical Fidel Velázquez en una frase que quedó para la posteridad: “el que se mueve no sale en la foto”.
*@betotavira
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