Un debate inicial, apenas por encimita sobre el estado de manipulación sostenida y superlativa de medios opositores desinformadores por convicción, le ha permitido a sus alucinantes voceros y corifeos, plumas y micrófonos a oponerse rabiosamente a dejar de mentir y a manipular como lo hacen de manera deliberada y en más de un caso, de manera confesa.
Se oponen a primar y, al menos, a respetar y echar en valor al derecho de las audiencias, despreciándolo. Bellacos. Son tan predecibles y no nos sorprenden ni cabía esperar menos. Han dejado claro que ni les interesa tal derecho de las audiencias, lo desconocen y además, no lo defenderán. Punto.
Oponerse como lo han hecho, minimizándolo, y para no admitirlo prefieren ir acusando censura inexistente y, desde luego, revolviendo la magnesia con la mostaza, optando por la desinformación que preconizan en los hechos, atropellando el derecho de las audiencias y, muy importante, optan mejor por proseguir con su labor desinformadora profundizada desde 2018.
El mensaje que han enviado los medios opositores es atroz y antidemocrático, pero no sorpresivo. Se oponen a los derechos de las audiencias. Ni los desglosan ni los definen. Pero es un craso error que se opongan. Lo es porque lo hayan calculado o no, es que no abrazan una línea de verdad y solo demuestran despreciar ese derecho a informar. Ese desinformar, de opinar al troche y moche mientras manipulan lo informado, de oponerse a todo sin razón y sin reflexión sensata antes que a informar, a solo dar voz a los anti-morenistas, a buscar la nota negativa solo de Morena, de dar voz solo a los furibundos opositores sin contraste de ideas en esos medios de función social que no respetan en los mandatos de sus concesiones, y que, no cabe la menor duda, combatirán que se les obligue –se les podría solo invitar, pero se oponen siquiera a eso– a que adopten códigos de ética, esa que no practican y, los tengan o no, hablen con la verdad, con más verdad y menos odio a Morena. No nos equivoquemos de quién es el blanco, la diana de su inquina y sabemos, siguen actuando para generar un odio que influya sobre las urnas contra Morena y hasta hoy no han reconocido ni conseguido.
Mejor acusan censura y no su propia ineptitud y su carente ética profesional por las que se aleja su público. Acusan a Morena y se callan sus sostenidas y confesas ganas de seguir tergiversando respondiendo a intereses muy puntuales anti-Morena. Pueden seguir en esa senda, pero la factura de su mentira la están pagando.
Se puede ser todo lo opositor que se desee, solo que no se tiene derecho a manipular y a mentir. ¿Lo entienden? qué bien. ¿No lo entienden? peor para ellos.
Decir que la mentada Mañanera sea de réplica es solo para desacreditarla si se negase y olvidarse de porqué existe y ha sido exitosa en sus fines. No existe para adorar a López Obrador. Eso es lo que quieren creerse. Eso les conviene repetirlo. Existe para dar una voz al gobierno, que tiene derecho a tenerla. Esa que los opositores tergiversan y ya no pueden tan fácilmente hacerlo, porque su mentira se contrasta en el video de la Mañanera de marras que los desmienten.
No es palestra de toda la nación ni fue creada para eso. De ahí que no procede el derecho de réplica, pero como los actores políticos atacan a la mandataria, se la juegan recibiendo una respuesta. Es en ese orden. Nadie mencionaría a Calderón si mantuviera la boca cerrada. Hasta sus admirados Aznar o Uribe, lo hacen.
Recordemos: La Mañanera es el espacio informador del gobierno federal –y si la vieran, sabrían que el mandatario no monopoliza el micrófono, ya que medio gobierno pasa por ella– y evitar así que los medios opositores tergiversen. Si lo hacen, todos podemos ir a YouTube a ver la grabación y detectar sus mentiras lanzadas como opositores, como lo hemos hecho con quienes recurrimos a ella para ver que sí y lo que no se dijo y no lo que los opositores sostienen que se dijo o interpretan amañadamente, mintiendo.
Mientras distintos comentócratas siguen perdiendo el micrófono por falta de audiencias que se marchan por torcer la información –sí, desde 2018 se acusa un movimiento de medios y comunicadores que han ido perdiendo tales audiencias– desencantan a sus anunciantes, necean con no cambiar un ápice sus posturas, se apartan de la objetividad y de la información veraz y no quieren primar la información como eje y prefieren no darla a sus opiniones sesgadas, a sus comentarios personales obtusos y falsarios, cargados de odio a Morena o su labor desinformadora. Y no entienden que no entienden.
No, nadie pide que amen a Morena. Solo que hablen con la verdad, que sean objetivos y parejos. Es pedir sombra a los ríos. ¡Ahhh! que la presidenta de un derecho de réplica. Respuesta: es mucho más fácil no dar pie a ser señalado por tus mentiras en la Mañanera, donde quedas exhibido. Punto. No se hagan patos, lo saben perfectamente bien. Con lo fácil que es informar y ya.
¡,Ahhh! que la Mañanera no es lo mismo que ejercer el periodismo. Pues tampoco es la censura o el derecho de las audicencias, al contrario, porque respetarlo detonaría responsabilidad en los medios y derecho de los colectivos a exigir lo que tales medios publican. Por eso, sale sobrando pedir que la Mañanera dé réplica. La réplica la dan en todos los medios. Un Calderón es aludido en ella, porque no dejan de lanzar improperios, bravatas y tonterías. Se le responde como debe. Reiteramos: si Calderón hubiera aprendido que su tiempo político terminó cuando dejó la presidencia, nadie lo invocaría, pero ni entiende ni le interesa.
El derecho de las audiencias será siempre perfectamente defendible frente a cuatreros de la información y verdaderos alienados de la verdad y del entendimiento. Las audiencias merecen medios privados y concesionados responsables y que en su mayoría, hoy, no lo son y hace lustros que no lo son. Es un concepto perfectamente defendible el que regresen a serlo.
El PRI y el PAN mal entendieron siempre que el derecho de las audiencias era, cuando lo visibilizaron y a regañadientes, que un televidente pueda reclamar sin más y sin obtener nada, que le cambiaran la hora de la película o un cambio de programación no avisado. Qué tontos, la verdad. Qué sosos y qué burdos.
Así, revolver el sacrosanto derecho de las audiencias a ser informado desde los medios masivos de comunicación con el odio a Morena, a sus Mañaneras o a la presentación de información oficial o a que se exija códigos de ética con una inexistente censura, es una brutalidad alarmante. La mañanera tantas veces es desenmascaradora de mentiras sostenidas y planificadas desde medios opositores que no son neutrales, aunque canten neutralidad que ni practican ni se les espera; sí son un sostener un discurso amañado contra el público en general. Y es pertinente seguirlo combatiendo, precisamente porque el público tiene derechos como audiencia y hay quienes esos derechos no tienen el mínimo interés de respetarlos.
Post scriptum: El más reciente dislate que terminó en mentira y lanzado por el exembajador yanqui Salazar, poniendo en boca de López Obrador lo que no dijo y no pudo probar que lo hizo, ha terminado en un rotundo ridículo del sombrerudo. Desmentido, exhibido, demostrado que una vez más el yanqui ha mentido y es largo y contumaz en sus intrigas, pretendiendo llevar agua a su molino, solo fue jugándole al vivo como una suerte de embajador que no se ha querido largar y complicando así las relaciones bilaterales México-Estados Unidos, no podía terminar, sino de la peor manera: ha pedido que ya no se hable del asunto, que se siga adelante. Qué cómodo, qué falaz y qué cobarde resultó el sujeto.
Primero miente, desata una tormenta, lo exhiben y ahora pide callar. ¡No, señor! y tonto el que siga dándole juego al sujeto. No faltan los encandilados con los yanquis, aunque sean mercachifles o embaucadores y verdaderos charlatanes.
Es que dice que ya no se hable de (los detalles) sobre el secuestro del Mayo Zambada. ¿Callar? lo pedirá porque sabe bien que mintió torpemente y fracasó tratando de lavarle la cara a sus paisanos ilegales e injerencistas actuando ilegalmente en México. Típico de yanquis autoritarios usando ese tono al ser evidenciados y terminan diciendo cállate o «Its my opinion». ¡Al Diablo! manías como usar un sombrero a toda hora y hasta en espacios cerrados, que pasan, aun ante el ridículo de proceder de esa forma. En cambio, ser mentiroso no es excusable. Y el tipo es ambas cosas: maniático y mentiroso.
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