Los empresarios del país concretaron en el año 1976 una idea que entonces y a la larga demostró su eficacia: Crear un organismo que agrupara a todas las cámaras y asociaciones que el sector privado había formado en defensa de sus intereses.
Así nació hace 50 años el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) como organismo cúpula del sector privado, y no fue casual que fuese agosto de 1976 la fecha de nacimiento de la organización, ya que entonces el régimen de Luis Echeverría estaba en su etapa final, había ya un presidente electo y los empresarios tenían bien aprendida la lección que les había dejado su enfrentamiento con el populismo demagógico.
No querían llegar desunidos al siguiente sexenio 1976-1982, ante lo que temían que pudiese ser la segunda versión corregida y aumentada de la política anti empresarial echeverrista.
Acertaron los empresarios en su decisión de unificarse y supieron prever las características del gobierno de José López Portillo, quien logró lo impensable: superar a su antecesor en las dosis de populismo extremo y frivolidad irresponsable que aplicó durante su administración.
Echeverría había desnaturalizado la tarea del Estado, convirtiéndolo en empresario de los productos y servicios más absurdos.
Dos ejemplos: el gobierno llegó a poseer fábricas de bicicletas y regentear y promover centros nocturnos.
La larga noche que los empresarios vivieron durante el echeverrismo y el lópezportillismo, culminó con la estatización de la banca privada el 1 de septiembre de 1982.
Después asumieron el poder tres presidentes priistas calificados como neoliberales: Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), quien reprivatizó la banca y propuso la globalización; Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), que intentó la modernización de la economía y abrió los mercados al final de su régimen con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con los Estados Unidos y Canadá, y Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), quien comenzó su sexenio con la explosión en la Navidad de 1994 de una crisis económica y financiera de enormes proporciones (el error de diciembre), implementó después un multimillonario rescate del sistema bancario con el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (el polémico Fobaproa), concluyó el gobierno con una situación social y económica más buena que mala y protagonizó la alternancia política al entregar el poder a la oposición panista que ganó la elección presidencial en 2000.
Con la llegada del PAN al poder federal al terminar el siglo XX, parecía que también terminaban para el sector privado los enfrentamientos con regímenes teóricamente opuestos, en la ideología y en la práctica política, a las doctrinas empresariales.
Se anunciaba una nueva era con mejores condiciones para el desarrollo de todas las ramas de la iniciativa privada.
Pero la realidad fue que el gobierno de Vicente Fox Quesada (2000-2006) no se diferenció gran cosa de sus antecesores priistas en su relación con los empresarios… salvo en el discurso que fue previsible e infructuosamente amistoso.
Lo mejor que el sector privado opinaba sobre ese gobierno es que fue ―decepcionante.
No obstante, la clase empresarial volvió a apostar por el PAN en la elección presidencial de 2006.
La llegada de Felipe Calderón a la Presidencia de la República hizo renacer las esperanzas de los empresarios.
Estaban seguros de que, por fin, el sector privado dejaría de ser el villano de la historia.
Pero se equivocaron.
A la primera de cambios arremetió contra ellos diciendo: “Si pagar impuestos es obligado para cualquier ciudadano, es más obligado todavía para las empresas que más ganan y que rara, rara vez pagan impuestos en el país.
” Sorprendido, el sector privado consideró la crítica de Felipe Calderón como “un ataque inmerecido”.
Después del choque con Calderón, los empresarios “depositaron su confianza” en Enrique Peña Nieto quien, como gobernador del Estado de México, mostró abiertamente su tendencia proempresarial, y como presidente encontraron en él un interlocutor bien dispuesto y un aliado seguro.
Y no se equivocaron.
Lo primero que hizo Peña Nieto fue “ponerle en la mesa” al sector privado las Reformas Estructurales para que “se sirvieran a su antojo” en diferentes proyectos de inversión. En esas andaban los integrantes del CCE, hasta que finalmente llegó a la presidencia de la República el temido, el “peligro para México”, el líder de masas e ídolo de multitudes, Andrés Manuel López Obrador.
A partir del 2018, los empresarios empezaron a escribir, mejor dicho, a sufrir, la “segunda edición” de la larga noche que vivieron durante el echeverrismo y el lópezportillismo.
* X: Luis Soto
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