“La tranquilidad que viene cuando dejas de preocuparte por lo que dicen. O piensan, o hacen. Solo por lo que tú haces.”
Marco AurelioCuánto de nuestro tiempo, energía y recursos malgastamos intentando inferir y moldear lo que otros dicen o piensan de nosotros.
Los estoicos nos enseñan que hay elementos que podemos controlar y otros que no podemos controlar, y que habría que concentrarnos en los primeros. Identifico en mi actuar y en el de las personas que me rodean acciones dirigidas a tratar de controlar lo que los otros piensan. Incluso he sido testigo del agobio que producen las opiniones de terceros en familiares y amigos.
Es claro que nuestra reputación es nuestra carta de presentación. Reputación entendida como la percepción que los demás construyen acerca de nosotros.
Volviendo a la idea de los estoicos, es claro que no podemos controlar las conclusiones que sacan terceros acerca de nuestra persona; no obstante, sí podemos controlar nuestras acciones, que son las que pueden moldear aquellas conclusiones que los otros construyen. Sin embargo, planear y ejecutar acciones debería estar encaminado a construir nuestros proyectos y metas, buscando el bien común y respetando a quienes nos rodean, y no tanto a intentar infructuosamente moldear sus opiniones.
Siempre he creído que resulta una pérdida de tiempo intentar convencer a los otros de lo que somos o no somos. Me gusta encarar la vida en este sentido con dos ideas centrales: la primera, que nuestros hechos hablan mucho más que nuestras palabras; dicen por ahí: “lo que haces habla tan fuerte que no permite escuchar lo que dices”; la segunda, que siempre será más importante lo que yo creo de mí que lo que creen quienes me rodean. Esto no quiere decir ignorar la crítica constructiva de aquellos que están cerca y que buscan, a través de ella, pulir mi perfil, sino evitar perder la tranquilidad y los recursos disponibles en preocupación y acción producto de lo que otros dicen o piensan, mucho más si resulta infundado, objetivamente hablando.
Los tiempos actuales, caracterizados por la exposición en redes sociales y medios de comunicación, principalmente de corte digital, han provocado inmediatez y permisibilidad para la recepción de opiniones de terceros, en algunos casos desconocidos o escondidos detrás de perfiles falsos, que agobian a quienes las reciben. De la crítica respetuosa como herramienta detonadora de un proceso de reflexión y mejora continua, se ha pasado a niveles de acoso reprobables que incluso han puesto en riesgo la vida de las personas.
Muchos hemos sido testigos del dolor que dicho acoso produce en las personas o en nosotros mismos, y considero que difícil será callar dichas voces negativas e insultantes; resulta mucho más útil y productivo fortalecer nuestro perfil para intentar blindar nuestro estado de ánimo frente a ellas.
Repito, blindarse no quiere decir ignorar por completo la recomendación o llamada de atención de aquellos que saben que estamos traicionando nuestros valores o que estamos haciendo daño a los demás; se trata de hacer oídos sordos a aquellos que tratan de lastimarnos y de invertir nuestra energía en nuestro desarrollo y en el bien común, en lugar de intentar agradar a terceros.
Los recursos con los que contamos son finitos y nuestro tiempo, sumamente valioso como para desperdiciarlo en el qué dirán. Respetemos las opiniones constructivas, tomemos de ellas lo que nos sirve y clausuremos por completo la posibilidad de conversar con el insulto y la descalificación. Somos lo que sentimos, lo que pensamos y lo que hacemos; busquemos mejorar y tengamos claro quiénes somos para, con ello, dar el justo valor a las voces que nos rodean.
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