La presidenta Claudia Sheinbaum le mandó ayer al Rector Leonardo Lomelí, el siguiente mensaje: “La UNAM, desde mi punto de vista y con todo respeto a su autonomía, debería abrir más espacios. Tienen la posibilidad de hacerlo, la verdad; es nada más cuestión de reorientar el presupuesto…”
¡Con la autonomía de la UNAM no se meta! Pareció responderle el rector en un evento organizado por la “burocracia dorada” de la máxima casa de estudios del país.
“Sin autonomía, la libertad de cátedra se debilita, la investigación se vuelve vulnerable a presiones externas y la formación de nuevas generaciones corre el riesgo de responder más a agendas transitorias que a criterios académicos, con lo cual se comprometen el presente y el futuro, ya que se pierde la capacidad de formar profesionistas a la altura de las necesidades sociales”.
Mire señor “Reitor”, le responden algunos profesionistas que dan clases en la UNAM, que están realmente comprometidos con la sociedad, y que no pertenecen a las “bandas de investigadores” que ahí pululan: Deje de cubrir sus errores y fracasos con el “paraguas” de la autonomía.
Son “las fuerzas vivas” las que se han apoderado de esa institución y de los beneficios que les otorga, sin preocuparse por la calidad de la educación, ni por formar “profesionistas a la altura de las necesidades del país”.
Se equivocan muchachitos, parece también responderles Lomelí, cuando dice: “La autonomía se manifiesta también en las formas de gobierno universitario. El funcionamiento de órganos colegiados, el sistema de pesos y contrapesos, la participación de estudiantes, académicos y personal administrativo, los procesos de designación de autoridades y las deliberaciones sobre planes de estudio e investigación son sus expresiones vivas.
Cuando estas prácticas se conducen con apertura, deliberación informada y apego a las normas institucionales, la autonomía se fortalece; cuando se distorsionan, se vacía de contenido”.
Dónde están estos pesos y contra pesos, los órganos colegiados, las deliberaciones de planes de estudio y de investigación, preguntan quienes lo cuestionan.
Lo que no quieren aceptar es que no conocen la dimensión social de su responsabilidad, agregan.
El rector Lomelí ha pedido el apoyo de las universidades públicas autónomas del país con el argumento de que la solidaridad no es solo un gesto simbólico, sino una necesidad estratégica para preservar el carácter público, plural, crítico y democrático de nuestras instituciones.
“En un sentido más amplio, el compromiso con la educación, la ciencia, la cultura y la vida democrática del país”.
¡Eso es demagogia “Reitor”, insisten aquellos! Para eso que propone se requieren cabezas pensantes, que, en la UNAM, como hemos visto, se extinguieron hace mucho; ahora sólo hay “cabezas huecas”, afirman.
No se trata de engañar a la gente, sino en generar una educación “de mercado” donde con IA o sin ella se sepa que la plaza el sueldo y ascenso van de la mano de la eficacia/eficiencia y solución de los problemas”.
¡Muera la “burocracia dorada puma”! ¡Fuera el Rector! Gritan lo estudiantes.
* X: Luis Soto
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