Con apenas unos días de diferencia, Estados Unidos envió dos mensajes que podrían tener mayores implicaciones políticas de las que aparentan. Basta con observar a quién se le cierra una puerta y a quién se le abren todas para entender que algo está ocurriendo.
Por un lado, la cancelación de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, provocó una reacción airada del propio afectado, quien responsabilizó al secretario de Estado Marco Rubio y al subsecretario Christopher Landau y dirigió una extensa carta al presidente Donald Trump.
La decisión provocó la solidaridad del núcleo más cercano al obradorismo, incluida la presidenta Claudia Sheinbaum. Hasta ahora Estados Unidos no ha hecho públicas las razones específicas de la cancelación, aunque la medida forma parte de una estrategia más amplia de presión sobre políticos mexicanos.
Casi simultáneamente, en Buenos Aires, Omar García Harfuch apareció como uno de los protagonistas de la 40ª Conferencia Internacional para el Control de Drogas, organizada por la DEA y el gobierno argentino. Allí, el director de la agencia estadounidense, Terry Cole, no escatimó reconocimientos para el secretario mexicano de Seguridad, a quien presentó como un socio confiable y un amigo de Estados Unidos.
Harfuch habló de los resultados de la cooperación bilateral, del intercambio de inteligencia y de las operaciones conjuntas contra las organizaciones criminales. La DEA, por su parte, destacó públicamente su liderazgo y la coordinación con las autoridades mexicanas.
Llama la atención el contraste de los dos acontecimientos, ya que mientras uno de los miembros del núcleo obradorista recibe una señal de rechazo desde Washington, uno de los hombres más cercanos a Claudia Sheinbaum recibe reconocimiento internacional precisamente de la agencia estadounidense que durante años ha sido vista por el ala más radical de Morena con enorme desconfianza.
En el ambiente político se sabe que García Harfuch nunca ha sido santo de la devoción del obradorismo duro. Su historia política está mucho más vinculada con Sheinbaum que con López Obrador y cuando buscó la candidatura por Morena para contender al gobierno de la Ciudad de México, pese a encabezar las preferencias internas, las decisiones políticas terminaron favoreciendo a Clara Brugada.
Hoy el escenario es distinto. Harfuch no solamente es uno de los funcionarios mejor evaluados del gobierno, sino que además es bien visto por sectores empresariales y goza de reconocimiento particularmente visible en Estados Unidos. Su participación en Buenos Aires terminó de proyectar esa imagen hacia el exterior.
Lo sucedido en estos días deja ver que desde Washington han comenzado a identificar con claridad a los interlocutores mexicanos con los que consideran que pueden trabajar en materia de seguridad.
La cancelación de la visa de Andy puede fortalecer al núcleo más radical del movimiento y obligarlo a cerrar filas alrededor de la familia López Obrador. Pero al mismo tiempo, el reconocimiento internacional a Harfuch puede darle oxígeno a quienes dentro de Morena consideran que el partido debe evolucionar y dejar atrás algunas de las posiciones más confrontativas del pasado.
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