Durante 133 días lo “arroparon”, lo protegieron, lo defendieron. No quisieron entregarlo a los Estados Unidos quien lo reclamaba por su presunta colaboración con los cárteles de la droga, argumentando que no había pruebas.
Lo utilizaron también como “escudo” para defender el intervencionismo y la soberanía del país… y ahora todos sus defensores se muestran perplejos porque el gobernador, quien había pedido licencia a su cargo, retomó el poder de su estado y amenace con terminar su mandato en 2027.
¡De qué se trata! Exclama el “pueblo sabio”, y el no sabio también, a quien ahora gobernadores, legisladores, “aliados políticos”, la dirigente del partido, y hasta la misma presidenta de la República confiesa que no sabía de las intenciones de Rubén Rocha Moya.
“Me enteré por su tuit, por su publicación”, comentó a bote pronto la primera mandataria. Tratando de explicar lo inexplicable y remediar lo irremediable, la primera mandataria recuerda a los integrantes de su partido, a los funcionarios públicos, y a todos aquellos que se le “quieren salir del huacal”, que “ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación.
Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder”.
Y para quienes no lo sepan, les hace saber que “el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia…”
Los gobernadores y gobernadoras que dicen estar “unidos” – aunque a veces parece un nido de víboras—, y presumen de fortaleza política cuando muchos de ellos y de ellas, están famélicos, hacen un llamado a Rubén Rocha Moya a la madurez y la responsabilidad.
También le recuerdan que “la política es un ejercicio de congruencia; la desmesura y las decisiones de facción atentan contra los principios de honestidad y lealtad que juramos defender”. ¿Principios? Preguntan los observadores.
Pues han de ser como los del comediante político Groucho Marx, quien decía: “Estos son mis principios y si no les gustan tengo otros”, porque el comportamiento de militantes, funcionarios, gobernadores y gobernadores de Morena – con sus excepciones, claro–, es que carecen de los elementales principios políticos y otros que pregonan, como el de honestidad, responden aquellos.
Y mientras la secretaría de Gobernación informó que la decisión del doctor Rubén Rocha Moya de reincorporarse a sus funciones como gobernador del estado de Sinaloa, responde exclusivamente a una determinación de carácter personal, el “pastor” de los diputados de Morena, Ricardo Monreal, para quienes lo hayan olvidado, le pide “reconsiderar su decisión y pueda solicitar licencia para que permita que la Fiscalía General de la República concluya las investigaciones de las cuales, en este momento, son objeto varios servidores públicos.
No conviene que estos movimientos sirvan a los detractores, sirvan a los adversarios para lastimar y para dañar imágenes públicas…” ¡Vaya cinismo! Exclama el respetable.
Vamos a ver en qué termina este “desaguisado político” provocado por Rocha Moya. Bien decía Christopher Landau hace diez días sobre algunos asuntos delicados en Morena: “Preparen sus palomitas porque el show va a continuar”.
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