La llamada “Cuarta Transformación” atraviesa sus horas más complicadas. Al menos en lo que respecta a sus cotos de poder. Porque, a diferencia de lo que ocurría en la época de Andrés Manuel López Obrador, líder único y magnánimo del movimiento, hoy existe al menos otro grupo, el presidencial, que también tiene su fuerza propia.
El asunto de la visa de Andy López Beltrán, la llegada a México, expulsado desde Argentina, del contralmirante Fernando Farías Laguna, señalado por el caso del huachicol fiscal; el arresto de un testigo clave en los hechos relacionados con el asesinato de Héctor Melesio Cuén y el secuestro de “El Mayo” Zambada; pero, por supuesto, y muy por encima de todas las cosas, el regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa, solo para volver a pedir licencia apenas 33 horas después, deja muy en claro algo: los liderazgos, las fuerzas dentro de la 4T, se están moviendo y parecen estar chocando unas con otras.
Lo de Rocha Moya roza en lo absurdo. Pero tenemos que desmenuzar un poco para entender qué es lo que está pasando detrás de todo esto. En las últimas horas, se ha hablado de dos posibles escenarios: o Sheinbaum decidió participar en un montaje con Obrador y Rocha Moya para hacer creer a todos —a Estados Unidos en particular— que no estaba enterada de nada, con lo que evitaría el costo político ante la Unión Americana de secundar el regreso al cargo del gobernador, o en efecto nunca estuvo enterada de nada y la decisión de reinstalar al político hoy acusado por EE.UU. provino directamente desde Palenque.
Hay una tercera vía y es que Rocha se hubiese ido “por la libre”, regresando a la gubernatura sin la anuencia de Obrador ni la de Sheinbaum, pero esta posibilidad, aunque posible, luciría de momento poco probable
Con las dos hipótesis válidas planteadas, podemos inferir un par de cosas: AMLO, en cualquier escenario, estaba enterado del movimiento en Sinaloa y, muy seguramente, lo secundó. Pero Claudia podría estar en cualquiera de los dos extremos: saber y pretender no haberlo hecho o, realmente, no haber sabido nada. La propia presidenta aseguró este lunes que no tuvo comunicación con Rocha sobre su regreso y que su reincorporación al cargo no le parecía pertinente.
Demos por buena la primera: Obrador y Claudia, sabían. La posibilidad podría alimentarse si vemos la reacción casi unánime del oficialismo condenando el regreso de Rocha al poder: la dirigencia de Morena, el gobierno federal —vía SEGOB—, los gobernadores guindas y varias otras figuras de la 4T, reprobando la jugada. Considerando las divisiones cada vez más grandes y notorias al interior del movimiento, suponer que una postura uniforme se haya logrado imponer y sostener de forma casi institucional en todo Morena, sin voces contrarias o desacuerdos, se antojaría muy difícil, al menos sin la anuencia de los dos grandes líderes: Sheinbaum y Obrador.
Pero lo que resultaría muy extraño es: si toda la 4T estaba “planchada” para seguir una misma línea, una misma estrategia, ¿por qué recular y volver a sacar a Rocha Moya de la gubernatura menos de día y medio después de su reinstalación?
Si esta hipótesis, la de una Sheinbaum y un Obrador trabajando y hasta fingiendo un “desconocimiento en el caso de la mandataria, fuese cierta, entonces algo en su estrategia falló. Alguna consecuencia, alguna reacción no midieron al momento de planear todo; una reacción lo suficientemente grande como para meter reversa a todo el armado. Y no necesariamente tendríamos que hablar de reacciones internas o locales…
El otro posible escenario es que López Obrador, por razones aún desconocidas, hubiese decidido operar para regresar a su “hermano” Rocha Moya al poder, ya sea a espaldas de la presidenta Sheinbaum o, peor aún, con su conocimiento, pero sin su autorización. Y es que si esto que planteo fuese realmente así, estaríamos hablando del tan esperado quiebre entre el expresidente y la actual mandataria.
Esta hipótesis podría ponerse en duda bajo el mismo argumento que alimenta a la primera hipótesis: el apoyo generalizado de todos los sectores de la 4T. Asumiendo que el regreso de Rocha hubiese sido operado por Obrador pasando por encima de la presidenta, entonces los gobernadores, legisladores, la propia dirigencia de Morena, al rechazar el retorno del gobernador a su cargo habrían también apoyado a Claudia Sheinbaum y dado la espalda a AMLO. Y más, si recordamos la forma de pensar del tabasqueño, donde uno de sus mantras era el de “estás conmigo, o estás contra mí”, sin matices ni oportunidad de apoyar algunas cosas mientras se discrepa en otras.
Pensar que buena parte de la 4T pudiese haber decidido no apoyar al líder moral del movimiento, suena complicado. Pero reacciones o consecuencias mucho más grandes de las que estaríamos viendo en este momento, podrían también estar sobre la mesa. Y es que, justo, solo algo más grande que la lealtad de muchas y muchos para con López Obrador podría hacerles traicionar ese apoyo al fundador del movimiento.
Pero sumado a todo lo anterior, y en un aspecto que también nos puede servir como una “pista”, están los extremos de los que hablábamos la entrega pasada: el funcionario más destacado de la actual administración federal, recibiendo un trato de “socio” por parte de una agencia de los EE.UU. casi al tiempo que el hijo del presidente de la pasada administración, el hijo más político de todos, anunciaba que se quedaba sin visa estadounidense y lanzaba una serie de calificativos a las autoridades de aquel país.
En política no existen las casualidades. Y es cosa de ver rápidamente la cronología de hechos: Andy López Beltrán anuncia el tema de su visa junto con la carta, dirigida a Trump y a quien, entre otras cosas, le exige al presidente de aquel país que despida a un par de funcionarios; Omar García Harfuch, casi a la par, es invitado a un evento de la DEA. Acto seguido, de manera sorpresiva, Rubén Rocha Moya, personaje con una enorme cercanía a López Obrador, regresa al cargo. Morena y el oficialismo reprueban el hecho, dejan de mencionar el tema de Andy López Beltrán y su visa y, horas después, Rocha vuelve a pedir licencia.
Obrador y Sheinbaum tienen relación directa en todo lo ocurrido, ya sea porque ambos montaron toda una historia política y en la opinión pública o bien, porque el primero reaccionó por encima de la presidenta ante el tema Andy-visa y Harfuch-DEA. Y es que algunas versiones, sin comprobar, han señalado que, horas antes del regreso de Rocha a Sinaloa, Obrador habría deslizado la necesidad de remover al encargado de la seguridad nacional de nuestro país.
Pero más allá de cualquier posible teoría, versión o creencia, algo parece innegable en este momento: parte, buena parte de la actual crisis de Morena representa dos cosas: que algo se está moviendo, que algo está cambiando o, incluso, rompiéndose en sus entrañas. Pero también representa que, como ya lo habíamos anticipado, EE.UU., sin invasiones, sin balazos, sin bombazos, está logrando mover —para bien o para mal— muchas cosas al interior de la 4T.
Nos vemos el próximo jueves. Tenemos una cita con el poder.
Agendado.
*@betoblizzard.
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