Horacio Villalobos no comió lo que comimos todos. En la comida que ofreció la periodista Mónica Garza, el pasado fin de semana, en su casa de San Ángel, hubo un Fideuá de concurso preparado por el cocinero José Luis Barreras —el hombre detrás de las señoras reuniones que ofrece la Garza en su Nido—; un platillo que se perdió el afamado actor y presentador de televisión, pues no come mariscos.
Sentado en la cabecera del comedor decorado con un mantel de hojas verdes y flores rosas a juego con la vajilla, Horacio Villalobos —a quien conozco desde hace dos décadas por TV Azteca— reveló una faceta de la que tiempo atrás había escuchado, pero jamás había profundizado.
- ¿Por qué estudiaste Derecho, Horacio? —le pregunté.
- Me obligó mi papá, él era abogado —me contestó frente a su platillo de una pasta que le preparó el chef para no convertir esa comida en un funeral.
- Y su abuelo fue presidente de lo que luego fue el PRI —intervino Mónica Garza quien ha sido gran amiga de Horacio desde el siglo pasado.
- ¿Pues quién era tu abuelo? —le pregunté a Horacio con esa curiosidad insaciable que se me desborda cuando estoy frente a una nueva historia de las Dinastías del Poder.
- Antonio I. Villalobos Maillard, así se llamaba. Pero te voy a presentar a mi hermano Hugo para que te cuente toda la historia —me dijo Horacio antes de que todos los comensales pasáramos de comer Fideuá a comer a los protagonistas de la política nacional, empezando por los de la Cuatroté.
El lunes siguiente busqué a Horacio para que me contactara con su hermano Hugo y me contara todo sobre el patriarca de la saga de los Villalobos. Vía telefónica, Hugo detalló lo que yo había consultado en internet previo a la entrevista. A pesar de su experiencia como banquero, el hermano de Horacio Villalobos me habló como Historiador. Preciso. Elocuente. Entretenido. Revelador.

Y es que resulta que el presentador que durante años ha hecho de la televisión, el teatro y la cultura popular su territorio natural tiene, además, una historia familiar que parece escrita por un cronista con afición por la política mexicana: su abuelo paterno fue uno de los hombres importantes del régimen cardenista y su padre ocupó un cargo estratégico en una de las grandes empresas culturales del Estado mexicano durante el sexenio de Luis Echeverría Álvarez.
Pero como dijo Jack el Destripador, “vamos por partes”. El abuelo de Horacio Villalobos fue Antonio I. Villalobos Maillard, un personaje que merece salir del archivo familiar para entrar, aunque sea por la puerta lateral, a la conversación pública. Durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas del Río fue Procurador General de la República y jefe del Departamento del Trabajo, entre 1937 y 1940, dependencia que con el tiempo se convertiría en la actual Secretaría del Trabajo.
Pero aquí empieza lo verdaderamente interesante. Don Antonio I. Villalobos fue uno de los asesores del general Lázaro Cárdenas que redactó el Decreto de la Expropiación Petrolera del 18 de marzo de 1938. Por ahí aparece el abuelo de Horacio en una foto, con Cárdenas, en el balcón presidencial del Palacio Nacional. En lenguaje para guapos: mientras “el Tata” nacionalizaba el oro negro, el abuelo de Horacio ponía el sello republicano.
Después, con el respaldo político de Cárdenas, Villalobos llegó a la presidencia del Partido de la Revolución Mexicana, el PRM, aquella organización que antecedió al PRI. No fue un presidente de coitus interruptus: permaneció al frente del partido entre 1940 y 1946, el periodo más largo de cualquier dirigente del PRM. Seis años manejando el partido hegemónico de un país que estaba construyendo su sistema político no es una anécdota superficial.
Desde esa silla imperial, don Antonio moldeó a la fauna política del siglo XX: impulsó nada menos que a Fidel Velázquez para cimentar la todopoderosa CTM y le dio sus primeros empujones a los hermanos Echeverría Álvarez (a Rodolfo lo metió a las entrañas del PRM y a un jovencito Luis Echeverría lo mandó a foguearse picando piedra en Gobernación, décadas antes de que Luisito ¡se convirtiera en Presidente de México!
A esa alcurnia política se sumó la aristocracia norteña: don Antonio se casó con doña Elisa de la Parra de la Parra, descendiente de opulentas estirpes mineras de Durango. De esa unión nacieron seis hijos, pero una niña falleció de pequeñita. Por lo tanto, quedaron cuatro hermanas y el único hombre, Hugo Antonio, papá de nuestro personaje del Prime Time.
Hugo Antonio Villalobos de la Parra, heredó el título de abogado del patriarca y, en los años setenta, en pleno echeverrismo, fue el mandamás de la mítica Compañía Operadora de Teatros (COTSA), aquella paraestatal dorada que controlaba más del 90% de las salas de cine de todo México antes de ser privatizada durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.
Don Hugo Antonio se casó con Graciela Velasco y Fernández. Tuvieron cuatro hijos, entre ellos Horacio Villalobos, quien, como ya dijimos al inicio, es alérgico a los mariscos y estudió Derecho —igual que su padre y su abuelo—, pero decidió que los tribunales podían esperar. Lo suyo serían los escenarios, las cámaras, los micrófonos y ese territorio donde la opinión pública también se disputa: el entretenimiento.
Quizás después de este breve retrato biográfico vamos a comprender que cada vez que Horacio Villalobos agarra un micrófono y reparte estocadas sin piedad, no vemos a un conductor improvisado, vemos a un verdadero heredero de la cúpula tricolor manejando la cámara como su abuelo manejaba el Congreso, el partido y las relaciones bilaterales entre México y Brasil.
Al final de cuentas la política y el espectáculo tienen más en común de lo que sus protagonistas suelen admitir. Ambos viven de la audiencia. Ambos necesitan narrativa. Ambos entienden el valor de una buena puesta en escena. Ambos saben que una frase puede convertirse en titular y que una imagen puede durar más que un discurso.
Horacio Villalobos Velasco conduce, produce y debate con la seguridad de quien sabe que su familia no llegó a pedir permiso, sino a redactar Decretos de Expropiación incluso para el entretenimiento.
*@betotavira
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