Donald Trump tiene una capacidad considerable para presionar al gobierno mexicano en materia de seguridad, migración y combate al narcotráfico: ¿cuánto de ese poder puede convertirse en beneficio electoral dentro de Estados Unidos? La diferencia importa. Que una política sea importante para la seguridad estadounidense no significa necesariamente que sea importante para el votante estadounidense. En este momento, el precio de la gasolina y el costo de vida parecen ocupar un lugar mucho más inmediato en las preocupaciones de los norteamericanos. Según una encuesta de Pew Research de 2023, el 65% de los estadounidenses consideran que la economía es el problema más importante para su voto, mientras que solo un 20% señala la seguridad en la frontera o la migración. Esto introduce una restricción política para Trump: una victoria intervencionista contra México sólo tendrá valor electoral si puede traducirse en beneficios que los ciudadanos estadounidenses perciban directamente.
México ofrece una ventaja política particular. Permite a Trump presentar un problema externo como una amenaza vinculada a preocupaciones domésticas. Temas como el fentanilo, que según la DEA se relaciona con el aumento de muertes por sobredosis en EE. UU. —que en 2022 superó las 107,000 —, la migración irregular y la seguridad en la frontera, pueden ser articulados en un relato que refuerce la narrativa de una amenaza externa que requiere una acción firme y decisiva. La presión sobre México cumple una doble función: buscar resultados en seguridad y demostrar ante los votantes que Trump tiene la capacidad de imponer condiciones a otro gobierno, reforzando así su imagen de líder fuerte.
El T-MEC también representa un instrumento de presión económica. La dependencia del mercado estadounidense hace que cualquier medida, como el uso de aranceles o restricciones, tenga efectos inmediatos y visibles. Desde esta perspectiva, Trump no siempre necesita una intervención directa para obtener réditos políticos; puede aprovechar el acceso al mercado, los aranceles y la cooperación bilateral como mecanismos de presión.
Para que la confrontación con México tenga un efecto positivo en las elecciones norteamericanas, debe cumplirse una triple condición: primero, que el problema mexicano afecte directamente el bienestar de los estadounidenses; segundo, que Trump logre modificar esa situación; y tercero, que esa modificación tenga resultados tangibles en Estados Unidos.
La verdadera prueba para Trump será demostrar que su política hacia México no solo es un acto de confrontación, sino que realmente beneficia la vida cotidiana de los votantes en Estados Unidos. Sin esa percepción, cualquier avance contra la narcopolítica mexicana será solo un instrumento de política exterior con escaso impacto en las elecciones.
México seguirá siendo la Sicilia Norteamericana mientras la demanda de estupefacientes del narcoimperio y sus preocupaciones electorales no se crucen.
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