Llevo mucho tiempo tratando de explicar lo grave que fue el cambio al Poder Judicial, y en particular a la Corte y que lo entendiera la mayoría.
Hace poco di con la puerta que sí se abre. Hay que irse al campo que la gente sí conoce. Al fútbol. A Messi, a Cristiano, a Hugo.
Y lo explico así; había un equipo. No un equipo santo, los santos no firman sentencias ni patean penales, sino casi un once de gente de experiencia.
Un equipo con sus rencillas, sus votos disidentes, sus vanidades de vestidor qué no salían a la luz como ahora, y con una virtud rara en la vida pública mexicana: la capacidad de razonar y el conocimiento de la ley.
Teníamos, toda proporción guardada, parte de un once de ensueño, Messi, Cristiano, Marta, Zidane, Beckenbauer, Pirlo, Iniesta y Buffon y lo remplazamos por personas que, en esta metáfora, no solo no jugaban al fútbol: ¡no hacían ejercicio!
Ese equipo se cambió. No se reforzó. Se sustituyó. Y la manera más llana de explicárselo a quien no vive entre amparos sería así: cambiamos a un equipo de ensueño por aficionados al hockey.
Así de grave es, y para que el publico tenga una referencia de lo que perdimos se los explico así:
Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena sería Lionel Messi. El que ve el hueco antes de que el hueco exista. En la Corte no gritaba: recibía el expediente enredado y dejaba el balón donde nadie lo esperaba. Fue el de la perspectiva de género cuando el expediente de Mariana Lima Buendía todavía se leía como un suicidio y no como un feminicidio mal investigado. También el que dijo que las autoridades no pueden ignorar las acciones urgentes del Comité de la ONU contra la Desaparición Forzada. Alfredo El Messi Gutiérrez, no inventa el reglamento. Inventa el ángulo.
Javier Laynez Potisek sería Cristiano Ronaldo. Potente, de área chica, el que pelea el balón cuando el otro equipo ya se cree dueño del área. Le tocó instruir la acción contra la extinción de los fideicomisos del Poder Judicial. La Presidencia pidió que se apartara. Él no se apartó. Y concedió la suspensión para que no se ejecutara de un plumazo aquello que se quería borrar. Javier Cristiano no pide permiso para entrar al área.
Norma Piña sería Marta. Primera mujer en presidir la Corte, como Marta Vieira fue la que obligó al mundo a aceptar que esa cancha también era de ellas. Bajo su presidencia la Corte invalidó el traslado de la Guardia Nacional a la Sedena y tiró el llamado Plan B electoral por un proceso legislativo que no resistía la luz. Antes había votado a favor de declarar inconstitucional la criminalización absoluta del aborto en Coahuila. Marta no gana sola. Pero sin ella el equipo no entra igual al campo.
Ana Margarita Ríos Farjat sería Zinedine Zidane. El parecido está en el de oficio propio de quien juega elegante. Venía del SAT, donde el golpe se mide en milímetros, y en la Primera Sala afinó el control: debido proceso, materia penal, las causas grandes del Pleno. Zidane no corre como el resto. Espera, gira y resuelve de volea cuando el estadio ya cantaba el empate.
Alberto Pérez Dayán sería Franz Beckenbauer, el Káiser. Canas, solidez, el líbero de la Segunda Sala: la última línea del derecho administrativo, el que no se inmuta cuando el área propia se llena de juicios contra el Estado. En el Pleno fue parte de esa zaga que frenó, entre otras, la idea de que un acuerdo presidencial de “seguridad nacional” pudiera reservar la información de las obras como si la transparencia fuera un capricho.
Juan Luis González Alcántara Carrancá barba blanca, lentes, aire de quien ya vio todas las finales sería Andrea Pirlo. El civilista que habla con el balón y no necesita alzar la voz. Académico, expresidente del Tribunal Superior de la Ciudad de México, ponente de acciones donde la Corte le recuerda al legislador que no se puede colar un requisito caprichoso en una ley y llamarlo constitucional. Pirlo no hace un sprint. Organiza.
Jorge Mario Pardo Rebolledo sería Andrés Iniesta. El mediocampo que ordena sin alardes. Magistrado de circuito antes que ministro, el que aparece en las controversias entre poderes la Fiscalía de Morelos contra su propio gobierno, la Federación contra un Estado que se salta competencias y, cuando uno quiere verlo, ya dejó el partido resuelto. Iniesta no pide la foto. Pide el tiempo.
Luis María Aguilar Morales, el más veterano del plantel, sería Gianluigi Buffon. Quince años bajo los tres palos, presidente de la Corte de 2015 a 2018, el que aguantó hasta el último minuto del torneo anterior. Votó las sentencias del matrimonio igualitario cuando varios códigos civiles todavía decían “un solo hombre y una sola mujer”. Buffon no inventa el ataque. Impide que el marcador se rompa.
Quedaron, es cierto, algunas piezas del plantel anterior. Lenia Batres, Loretta Ortiz y Yasmín Esquivel cruzaron al ahora nuevo nueve. Y hay que ser justos hasta con quien nos incomoda: la ministra Yasmín ha mejorado. Se le nota el oficio de quien ya no llega de visita. Eso no borra el resto del recambio.
Si aún queda duda: tome usted a uno, cualquiera de aquellos ministros que se fueron Gutiérrez Ortiz Mena, Laynez, Piña, Ríos Farjat, Pérez Dayán y siéntelo frente a los ocho o nueve de ahora.
Deje a los nueve inclusive usar Google. El resultado, me temo, no sería un empate piadoso. Sería una superioridad abierta, clara y franca en el único deporte que importa en una Corte: el razonamiento.
Únete al canal de WhatsApp de El Independiente y recibe las noticias clave del día, análisis y últimas actualizaciones directamente en tu celular.

