Algún embrujo debe existir, desde hace décadas, en las dependencias del gobierno Federal, sobre todo en aquellas que por su actividad son “apetecibles”; resulta extraño funcionarios de todos los niveles sufren una transformación en cuanto toman el cargo: les empiezan a crecer las uñas y la cola. Se corrompen, pues.
Enrique Peña Nieto, ofreció una presidencia democrática, eficaz y transparente en el uso de los recursos públicos. Prometió Impulsar la creación de la Comisión Nacional Anticorrupción, como una instancia autónoma con capacidad de actuar ante casos de corrupción gubernamental en el nivel federal, estatal y municipal a partir de denuncias ciudadanas.
Salió con el cuento que seleccionaría un equipo de colaboradores con experiencia y honestidad, no de sus relaciones familiares o de amistad, aclaraba.
Al final del sexenio, varios de sus funcionarios, amigos y hasta parientes, fueron “cautivados” por el “embrujo de la corrupción”.
De ahí surgió aquella frase que decía: El PRI regresó a la Presidencia… pero por lo que se le olvidó.
Andrés Manuel López Obrador dijo en su discurso de posesión que “Nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentísimo.
Esa es la causa principal de la desigualdad económica y social, y también de la inseguridad y de la violencia que padecemos”.
La corrupción casi siempre ha existido en nuestro país, pero lo sucedido en el periodo neoliberal no tuvo madre, quiso decir López, quien subrayó: “el poder político y el poder económico se alimentaron y nutrieron mutuamente y se implantó como modus operandi el robo de los bienes del pueblo y de las riquezas de la nación”.
López, al igual que Peña Nieto, Felipe Calderón, Vicente Fox, Ernesto Zedillo, Carlos Salinas et al, prometieron combatir la corrupción y la impunidad, lo que permitiría liberar suficientes fondos para impulsar el desarrollo de México.
“Con esta fórmula sencilla de acabar con la corrupción y de llevar a la práctica la austeridad republicana, no habrá necesidad de incrementar impuestos en términos reales, ni aumentar los precios de los combustibles más allá de la inflación”, decía.
Más tardó en pronunciar esas bonitas palabras que en tragárselas, pues algunos de sus parientes, conocidos y amigos fueron “embrujados” cuando empezaron a trabajar en la Administración pública.
En su Segundo Informe de Gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum señala que su Gobierno continúa fortaleciendo el pilar estratégico del “Combate a la Corrupción” para generar confianza de la población en el gobierno.
“Hemos ejercido el gobierno con honradez y austeridad republicana. Tenemos claro que los recursos públicos son del pueblo y deben ejercerse para su beneficio.
Los servidores públicos tenemos la obligación de comportarnos con profunda responsabilidad, pero, al mismo tiempo, con sencillez y humildad”.
Y recordó que durante muchos años… se utilizaban los recursos públicos para excentricidades y lujos, y se gobernaba para unos pocos.
Eso terminó con la llegada de la Cuarta Transformación, subrayó.
SI bien es cierto que destaca un buen número de acciones para combatir el flagelo, la sociedad percibe que el “embrujo de la corrupción” sigue latente en varias de dependencias del gobierno.
Sin embargo, no hay que olvidar que heredó de su antecesor dos que tres asuntos, como el “huachicol fiscal”, Segalmex, y la corrupción en el sistema aduanero, en donde participaron algunos impresentables personajes que se decían honestos, humildes, sencillitos…
* X: Luis Soto
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