La política es una responsabilidad ciudadana de la que dependen la organización de la vida pública, la justicia social y el bien común; comprender su sentido permite valorar el papel del Estado y de la participación social en la construcción de una vida digna.
Para Aristóteles, el individuo no se basta a sí mismo y, por ello, se integra primero en familias. Varias familias forman una aldea y, finalmente, la ciudad-Estado representa el nivel más alto de autosuficiencia comunitaria, por lo que el bien social se antepone al bien individual, ya que la plenitud colectiva posibilita la realización de cada persona.
Esta reflexión clásica sigue vigente en la actualidad, pues con ella se comprende al Estado y el ejercicio de la política no solo como administradores de instituciones, sino también como procuradores de condiciones dignas de vida para su población.
El presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó que la función principal del Estado y de la política, efectivamente, es la de garantizar justicia y bienestar social, con el alto propósito de propiciar la paz y la felicidad de su pueblo, y tiene toda la razón.
La política, entonces, es el medio para que la sociedad transforme sus condiciones de vida para ser feliz, fin último del hombre gregario. Ese propósito se realiza a través del ejercicio del poder dentro del Estado, ya que este representa el nivel más alto de autosuficiencia social acorde a la naturaleza comunitaria del zoon politikón.
Entonces, alcanzar la felicidad o eudaimonía, exige vivir conforme a la propia naturaleza, aquello que define y distingue lo que es de lo que no es: en el hombre es la razón. De ello se sigue que el telos de su existencia se da través de la contemplación filosófica, pensamiento racional profundo para dilucidar las dudas más complejas de la vida.
La política nace de la naturaleza comunitaria del hombre y se orienta al bien común como condición de la felicidad, tarea de la voluntad colectiva que disputa la dirección moral, cultural y precisamente política de la sociedad.
Por eso, en el contexto de desigualdades que hoy vivimos, el Estado nacional popular no se reduce a administrar instituciones; además, debe organizar racionalmente la vida pública, elevar la conciencia del pueblo y convertir la justicia social en fundamento de convivencia, porque solo así se concretará la felicidad.
Cuando la política une poder, pensamiento crítico y compromiso con las mayorías, el bien común deja de ser una aspiración abstracta y se vuelve camino hacia la felicidad compartida, digna y plena.
En conclusión, la política es la forma más alta de organización de la vida en común, que permite a la sociedad transformar sus necesidades, conflictos y aspiraciones en decisiones orientadas al bien común. Debemos ocuparnos de ella porque no es un asunto ajeno ni exclusivo de quienes gobiernan. De la política dependen la justicia, la dignidad, la paz y las condiciones que hacen posible la felicidad colectiva.
El hombre realiza su naturaleza racional y comunitaria cuando participa en la construcción de una vida compartida. Desentenderse de la política equivale a renunciar a nuestra humanidad. Ocuparse de ella es asumir que la felicidad no se alcanza en aislamiento, sino en una comunidad organizada racionalmente para garantizar bienestar, justicia social y una vida digna para todos.
@marcialmanuel3
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