El pasado 1º de septiembre, la Presidenta Claudia Sheinbaum dio cumplimiento a su obligación constitucional de rendir cuentas anualmente mediante la presentación de su segundo informe de actividades. Esta obligación tiene el propósito de mantener el diálogo entre el pueblo y su gobierno y, anteriormente, era prácticamente la única oportunidad que teníamos al año de conocer el estado general que guardaba la administración.
Si bien, en los últimos 8 años, gracias a la conferencia matutina, nos hemos acostumbrado a tener diariamente información y diálogo sobre la actividad gubernamental, la presentación de este informe propicia un ejercicio de reflexión general sobre los avances y pendientes de la administración, pero también para analizar a los actores del panorama político actual y revisar las transformaciones en contraste con el corto, mediano y largo plazo.
Muchos comentaristas pretenden que, el día del informe, la Presidenta se sume a su juicio y opine igual que ellos. Reclaman ausencia de autocrítica, cuando la comentocracia se ha dedicado a lanzar dardos envenados en contra de la Primera Mandataria. Sorprende que exijan autocrítica, cuando de su lado jamás se escucha ni autocrítica ni se ha hecho ningún reconocimiento a los logros irrefutables que este gobierno ha tenido. Sin duda, su falta de disposición para la escucha y el diálogo serio es uno de los obstáculos más significativos para la construcción de una oposición responsable.
Más allá de los datos –muchos que ya conocíamos–, las formas que revistieron el acto republicano del martes están repletas de significados que evidencian una transformación sin precedentes del ejercicio del poder en México. Con la presentación de su informe, la Presidenta Claudia Sheinbaum envió un fuerte mensaje de responsabilidad, sencillez y humildad, poniendo fin al “día del presidente”. En el antiguo régimen, los excesos y el dispendio con el culto a la personalidad demeritaban el mensaje para favorecer la apariencia de una falsa grandeza. Eso se terminó. Este segundo informe de Claudia Sheinbaum fue al estilo de ella: un informe sobrio, sereno, preciso y de alto contenido, con un evento que da fin a la fastuosa parafernalia y al excesivo gasto de los informes presidenciales en el antiguo régimen.
Este martes, la Presidenta no sólo dijo lo que hizo, sino que informó lo que ha logrado en estos años. Destaca la claridad de las frías pero poderosas cifras: el aumento real a los salarios mínimo y medio, el mínimo histórico en la tasa de desempleo, la cobertura de 42 millones de personas con programas sociales, la política de vivienda que ahora mismo ya ha beneficiado a casi 6 millones de familias, el incremento de la cobertura educativa al 90 por ciento a nivel medio superior y la creación de 245 mil lugares en el nivel superior, el fortísimo impulso al derecho a la salud con la habilitación de camas hospitalarias y el programa salud casa por casa, la desprivatización de 5 mil millones de metros cúbicos de agua y la reducción del 51 por ciento de homicidios diarios en el país, por mencionar sólo algunos rubros.
Es verdad que hoy existe una relación distinta entre el gobierno y el pueblo donde el diálogo se abre, no una vez al año, sino día con día. En los últimos años, la discusión pública ha sido nutrida enormemente por el ejercicio de La Mañanera, y ante esta estrategia de comunicación gubernamental, es un deber ético de sus interlocutores ser responsables con estos ejercicios de comunicación circular para fortalecer entre todos, si no los acuerdos, al menos sí la posibilidad de un diálogo respetuoso.
Por otra parte, también la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México remitió su segundo informe de actividades al Congreso de la capital y se anunció que Clara Brugada acudirá el próximo 14 de octubre ante ese poder legislativo para rendir cuentas de manera presencial. Así, se iniciará la glosa, un ejercicio republicano en el que las y los representantes populares estableceremos un diálogo directo con los titulares de las secretarías sobre los resultados de su gestión. Hablaré con mayor profundidad sobre este tema en una siguiente colaboración.
Por lo pronto, este importante ejercicio de rendición de cuentas queda bajo el escrutinio de la sociedad, a la vez, que restaura el valor republicano de la austeridad y el alto sentido de responsabilidad con el que la doctora Claudia Sheinbaum conduce al país.
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