¡No se hagan bolas, ni busquen a los culpables de los malos resultados de la prueba PISA! Sugieren algunos observadores políticos, y varios especialistas en materia educativa.
Tampoco pierdan el tiempo leyendo los “sesudos” análisis de Aurelio Nuño, a quien una niña corrigió cuando le dijo: No es “ler”, señor, sino “leer”, ni a otros “analistas” de la misma especie.
El problema es serio, México, como otros países, prepara a los niños y niñas para que presenten la prueba PISA; se la pasan un año resolviendo exámenes tipo y los reprueban.
No se vale entonces, como dice la versión oficial, que ¡vamos requetebién! Ni que otros países están igual o peor que nosotros.
Los estudiosos de la educación, los verdaderos, no los de “mentiritas” que gracias al “dedazo” del patrón se hicieron del cargo, advierten y comentan:
Si no se atienden simultáneamente la modernización —la actualización al menos— de planes y programas de estudio, vamos a seguir “cojeando de la misma pata” en los próximos años, lustros, décadas.
A su juicio, hay varios problemas; el primero es que todos los responsables de tan delicado asunto se han dedicado, desde hace casi medio siglo, a “patear el bote”.
El segundo es que, lo reconozcan o no, la educación en México está muy atrasada, y si la comparamos con otros países, peor.
Los chinos, por ejemplo, no solo tienen maestros bien capacitados, comprometidos y pagados, cuentan con un modelo que no está tan parchado; renovado, moderno, pedagogicamente afinado y tecnológicamente reforzado.
En China, los maestros quieren enseñar lo que saben. Ah, y no hay SNTE ni CNTE que extorsionan al gobierno con plazas y miles de millones de pesos.
En nuestro país, los planes educativos se han diseñado al gusto de los mandatarios en turno: que si la Reforma Educativa de Peña Nieto, que si la contra reforma de López Obrador que dio lugar a la Nueva Escuela Mexicana, “proyecto educativo con enfoque crítico, humanista y comunitario para formar estudiantes con una visión integral, es decir, educar no solo para adquirir conocimientos y habilidades cognitivas sino también para: conocerse, cuidarse y valorarse a sí mismos; aprender acerca de cómo pensar y no en qué pensar; ejercer el diálogo como base para relacionarse y convivir con los demás; adquirir valores éticos y democráticos y colaborar e integrarse en comunidad para lograr la transformación social”. ¡Pamplinas! Exclaman los estudiosos.
El tercer problema, es que los estudiantes en México (las familias están contaminadas por la creencia en el contrato social anterior); quienes salen del doctorado (supongamos) o de cualquier nivel no encuentran chamba formal, y si de milagro los contratan, les pagan una “bicoca”; las redes y la televisión sólo indican que la riqueza es por narco, corrupto y ladrón, así que para qué estudiar.
Y el cuarto, que los maestros no quieren actualizarse, quieren cobrar más por lo mismo o menos de lo que «dan», y siguen recibiendo del gobierno un trato privilegiado con tal de que levanten sus plantones y regresen a sus escuelas a seguir “enseñando”. ¡Así está la cosa!
* X: Luis Soto
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