A 36 años de distancia de la reorganización de la estructura electoral del país, de los pasivos que dejó la Comisión Federal Electoral de Manuel Bartlett Díaz en 1988 y a 26 años de la alternancia partidista en la presidencia, la estructura electoral de México sigue estando marcada por la dependencia a los intereses del Poder Ejecutivo en turno.
Lo más que pudo hacer la nueva autoridad electoral en 1997, 2000 y 2018 fue contar bien los votos, pero con deficiencias en la falta de autoridad del organismo para desprenderse para siempre de su dependencia política del Poder Ejecutivo federal.
Las alternancias ayudaron a la distensión política, pero siempre se vio la mano del PRI desde que Salinas de Gortari autorizó la creación del IFE y Peña Nieto lo transformó en INE. El respeto al voto fue un avance democrático, pero no constituyó una transición a un régimen democrático porque los viejos partidos no pactaron la anulación de la vieja estructura del poder y solo buscaron una oportunidad para apoderarse de los hilos electorales sueltos.
La alternancia partidista no fue una transición a la democracia. El INE sigue dependiendo hoy del partido mayoritario en el poder y su estructura tampoco aprovechó la oportunidad de servicio civil de carrera porque el grupo político de José Woldenberg y de Lorenzo Córdova Vianello tomaron por asalto las posiciones administrativas para utilizar al organismo en contra del modelo político del populismo, deficiente y negativo pero válido en cualquier estructura democrática.
La decisión de un grupo muy de ciudadanos interesados en procesos electorales democráticos para constituir un bloque de observadores electorales no es más que el tamaño de la desconfianza actual hacia el INE de Guadalupe Taddei, de tendencia morenista, pero reconociendo que el grupo de Woldenberg-Córdova Vianello fue más funcional a la alianza PRIAN que funcionó en el tiempo político de 2000 a 2018.
Mientras no exista un INE realmente autónomo del Poder Ejecutivo y del partido de mayoritario, el sistema político seguirá siendo antidemocrático o no-democrático.
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