Tripulantes, bienvenidas y bienvenidos. Esta semana nos encontramos en el hangar, con un mapa de México extendido sobre la mesa. A un costado dejamos la imagen de las 17 coordinaciones estatales de Morena. Alguien acerca una silla y pregunta quiénes van a ganar. Antes de responder, desplegamos el pliego completo: debajo de las fotografías aparecen cientos de distritos. Por ahí tendremos que pasar para comprender lo que viene.
La preparación ha avanzado. El 28 de septiembre quedaron completas las coordinaciones para las entidades que renovarán gubernaturas; al día siguiente, Morena presentó los resultados y la metodología de sus encuestas. Hay decisiones tomadas, responsabilidades asignadas y diferencias que requieren atención. El arranque de esta etapa organizativa es un hecho, aunque los nombramientos partidistas todavía deben recorrer el camino hacia las candidaturas registradas.
Las críticas acompañan ese movimiento. Siempre ha habido debate entre quienes comparten un proyecto y aspiran a representarlo; la historia de las izquierdas mexicanas guarda suficientes ejemplos. En Morena conviven trayectorias, generaciones y experiencias de gobierno que producen desacuerdos reales. Podemos entenderlos como parte de la vida partidista y, al mismo tiempo, exigir que reciban respuesta. Publicar las mediciones permite discutir sobre elementos concretos. Las mesas de revisión abiertas en algunas entidades tendrán que aclarar dudas y dar cauce a las inconformidades.
También conviene atender una advertencia que Enrique Galván Ochoa planteó estos días: confiar excesivamente en la fuerza presidencial y en la debilidad opositora puede llevar a Morena a sobreestimar sus posibilidades. El respaldo a Claudia Sheinbaum constituye un activo político considerable; su traducción a las elecciones locales depende de personas, gobiernos y circunstancias que la ciudadanía conoce de cerca. Quien espera una solución desde hace años suele recordar perfectamente quién le prometió atenderla.
Movemos ahora la vista hacia las oposiciones. Sus decisiones también modificarán la competencia. En Sonora, Antonio Astiazarán aparece como una apuesta del PAN apoyada en su experiencia municipal, mientras la posible participación de Luis Donaldo Colosio Riojas introduce otra variable. Son perfiles con recursos políticos distintos que obligan a examinar la contienda con cuidado. Hay aspirantes capaces de ampliar el respaldo de sus partidos; otros arrastran un desgaste que vuelve cuesta arriba cualquier campaña. Podemos reconocer esas señales desde ahora, con la prudencia de saber cuánto falta por definirse.
Durante septiembre, el PAN abrió conversaciones con sus estructuras locales para revisar posibles alianzas, conservando la decisión en su dirigencia nacional. Esa discusión revela cuánto pesan las condiciones de cada entidad. Una candidatura aceptable para las cúpulas puede despertar poco entusiasmo entre sus electores. Una figura con arraigo puede atraer respaldos de distintas procedencias. En los próximos días veremos cómo los partidos intentan conciliar esas diferencias y cuánto están dispuestos a ceder para competir.
Volvamos al mapa. El 6 de junio de 2027 elegiremos las 500 diputaciones federales: 300 por distrito y 200 de representación proporcional. La elección alcanza a todo el país, incluidas las entidades donde seguirá gobernando la misma persona. El proceso electoral federal comenzó formalmente el 10 de septiembre. Por eso, concentrar nuestra atención en las 17 gubernaturas dejaría fuera una parte decisiva del viaje.
La nueva Cámara de Diputados acompañará la segunda mitad del gobierno de Sheinbaum. Allí se aprobará el presupuesto federal: dinero para hospitales, educación, infraestructura y programas sociales. También se revisará el ejercicio del gasto. El Senado continuará su periodo hasta 2030, pero una nueva correlación en San Lázaro cambiará las condiciones de negociación entre ambas cámaras. Las reformas constitucionales requieren mayorías calificadas y aprobación de las legislaturas locales; cada una de esas piezas tiene consecuencias para la capacidad de gobernar.
Morena deberá evaluar sus alianzas, en particular con PT y PVEM siendo este último el mejor posicionado. Sus diferencias por las gubernaturas pueden repercutir en las candidaturas legislativas y en la disposición de sus estructuras para trabajar juntas. Un desacuerdo mal atendido puede extenderse a varios distritos. También puede ocurrir que una fuerza pierda la gubernatura y conserve una representación legislativa importante. El electorado distingue entre boletas, evalúa personas y distribuye su confianza.
Para Morena, la preparación entra así en una etapa que exige oficio político. Habrá que construir consensos entre quienes participaron en las definiciones y sostener una conversación con quienes decidirán su voto más adelante. Las estrategias que conozcamos durante las próximas semanas permitirán observar qué lugar reciben las demandas ciudadanas en esos acuerdos.
Recogemos las tazas y doblamos el mapa antes de salir del hangar. La imagen de las 17 coordinaciones queda dentro, entre sus páginas. Ahora sabemos por qué necesitábamos abrirlo completo: la próxima mayoría se decidirá también en todos esos lugares que quedaron fuera de la fotografía.
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