El aumento del salario mínimo en 20% para 2023 ha sido ondeado como otro de los logros reivindicativos del gobierno de Andrés Manuel López Obrador: la Secretaría del Trabajo y Previsión Social a cargo de Luisa María Alcalde presionó en la Comisión Nacional de Salarios Mínimos un aumento de 27% para el año entrante y otro tanto para 2024; sin embargo, el sector patronal representado por el Consejo Coordinador Empresarial a cargo de Francisco Cervantes así como la Confederación Nacional de Cámaras Industriales que lidera José Abugaber, explicaron una y otra vez los riesgos de que implica un aumento por decreto, no ligado a productividad, y propusieron un aumento de 15% para subsanar el encarecimiento promedio de los alimentos en 2022 que el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas -que dirige Juan Carlos Anaya– estima 14.5% hasta noviembre pasado.
El aumento de 20% sin embargo, no deja de ser un salario del hambre y refleja, también una acelerada depauperización de las condiciones de trabajo generales en el país, así como un aumento exacerbado del trabajo informal (la que carce de prestaciones sociales en salud, jubilación o crédito para vivienda) que abarca 56.3% de la población económicamente activa y que en los estados del sureste alcanza niveles casi fantásticos del 81.7% en Oaxaca o el 79.3% en Guerrero o Chiapas con 77.7% de su población en esas condiciones. Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía a cargo de Graciela Marques revelan situaciones que van más allá de la parafernalia oficial que festejó el aumento de los salarios mínimos que en este sexenio acumulan un incremento nominal de 134.7%.
Entre los efectos nocivos de un aumento por decreto y no ligado a productividad está, en primer lugar, la incapacidad que tienen la mayoría de las unidades productivas, las PYMES que representan 85% del total, para hacer tal aumento por lo que sólo tienen tres opciones: despedir personal, cerrar o “contratar por fuera”, es decir enviar a los trabajadores formales al sector informal, sin prestaciones.
Y en el contexto macroeconómico, como expresó Banco de México a cargo de Victoria Rodríguez Ceja, que un aumento de esa naturaleza en un contexto de presiones inflacionarias en energía y alimentos, puede alentar nuevos y peligros episodios inflacionarios.
Pobres, los hijos predilectos del régimen
La Comisión Nacional de Evaluación, Coneval, detecto que por aumento de los precios de la canasta básica y disminución del ingresos de los trabajadores (derivado del estancamiento general de la inversión privada) aumentó la pobreza labora, esa que se explica como la incapacidad de adquirir los alimentos básicos con el salario obtenido. Coneval encontró qué de manera trimestral, entre el segundo y tercer trimestre de 2022, “la pobreza laboral aumentó a nivel nacional, al pasar de 38.3% a 40.1%, lo cual representa 1.8 puntos porcentuales más. Lo anterior se explica debido a una caída en el ingreso laboral promedio de los trabajadores y un aumento en los precios de la canasta alimentaria” explicó el organismo que dirige José Nabor Cruz.
También señaló que en el tercer trimestre de 2022 se presentó una disminución del ingreso laboral real per cápita de 2.5% respecto al trimestre anterior, al pasar de $2,880.91 a $2,807.49. “Esta disminución se observó en todos los quintiles de ingreso y se dio principalmente en el primer quintil (el 20.0% de la población de menores ingresos) cuyo ingreso laboral real per cápita promedio tuvo una reducción de 8.9%”, mostrando que los pobres, los hijos predilectos de este gobierno, fueron aún mas pobres pese a las transferencias sociales… y cuyas familias sortean muchas carencias gracias a las remesas que envían los trabajadores migrantes en Estados Unidos y que este año pueden llegar a acumular otro máximo histórico por 60 mil millones de dólares.
¿Y los que no ganan el salario mínimo?
De acuerdo a INEGI, el 31.9% de la Población Económicamente Activa gana hasta un salario mínimo, es decir que viven casi de milagro… y de remesas, con apoyos sociales o efectuando labores y oficios poco o nada especializados en el sector informal. Y quienes ganan de 1 a 2 salarios mínimos representan el 34.71% de la población. Es decir, 38.2 millones de personas ganan menos de 173 pesos diarios y como mucho 346 pesos y representan el 66.6% de todos los trabajadores hasta el tercer trimestre de 2022.
Lo grave de ello es que en 4 años se ha incrementado en 69.5% el número de personas que ganan uno o menos salarios mínimos, mientras que lo que alcanzan hasta dos veces ese mínimo crecieron en 14.4%. Es decir, el empobrecimiento laboral a todo vapor. Vaya, quizá por eso haya tenido razón el canciller -y aspirante presidencial- Marcelo Ebrard de que México puede ser la Próxima China, si es que a lo pequeño y extendido que resulta el salario básico.
Pero aún mas grave es la abrumadora caída del número de personas que ganan más de dos o cinco salarios mínimos en este sexenio: el número de personas con salarios que cubren la canasta básica y pueden generar una clase media se redujo en 52.8%, pasando de 2019 con 15 millones de trabajadores a sólo 7.1 millones al tercer trimestre de este año. Al principio del gobierno de López, representaron 27.4% de la PEA pero a su cuarto año ya sólo son 13%. Esto afecta especialmente a los jóvenes que sencillamente, incluso con estudios superiores, no encuentran empleos que satisfagan sus necesidades económicas.
Visto en otra perspectiva, el salario base de cotización en el IMSS, actualmente de 483.6 pesos diarios, aumentó 26.5% nominal desde finales de 2019. Es decir, el aumento del salario mínimo no fue el “faro” para los demás salarios. Y sí se aplica la inflación alimentaria, el saldo es que perdieron 8% de su capacidad de compra en ese período.
Los pobres, sin duda, los hijos predilectos de la cuarta transformación.

