Ahora que el Mundial Qatar 2022 está a punto de terminar, me voy a tomar la libertad de compartir con ustedes, estimados lectores de El Independiente, un par de anécdotas, prácticamente inéditas, ocurridas en sendas finales de Copa del Mundo.
La primera historia a relatar ocurrió en el Mundial México 70, que se jugó en el Estadio Azteca. Todo estaba dispuesto para que Brasil e Italia se disputaran la posesión absoluta de la Copa Jules Rimet; toda vez que, el país que lograra ganarla en tres ocasiones se quedaría definitivamente con el preciado trofeo. Ambos equipos ya la habían obtenido, previamente, en dos ocasiones.
El árbitro del partido era Rudolf Glöckner (Rudi, pa los cuates) representante de la República Democrática alemana. A escasos minutos de que arrancara el partido, el silbante en turno amenazó con no iniciar el partido.
Bueno sería recordar que, por aquellos tiempos, en las astas banderas se izaban los lábaros de las naciones contendientes y en el centro la de la nacionalidad del silbante en turno. Linda costumbre.
Pues resulta que “Rudi” mandó llamar al comité organizador para quejarse de que la bandera que ondeaba entre la brasileña y la italiana no correspondía a su país y que, bajo esas circunstancias, se negaba terminantemente a iniciar el partido.
Así, se perQataron que habían colocado la bandera de la República Federal Alemana, que era prácticamente igual (bandas horizontales; negra, roja y amarilla) con la única diferencia de que el escudo era distinto.
La que habían colocado tenía en el escudo a un águila con las crestas y la que “Rudi” reclamaba, debía de tener como escudo: un martillo (que representaba a los trabajadores de su patria) y un compás (que homenajeaba a los intelectuales y científicos) ¡Órale! Recordemos que esto sucedió antes de la reunificación alemana en 1990.
“Con los dedos en la puerta”, era imposible conseguir una bandera de Alemania Democrática (u Oriental) ¿Cómo le hacemos? Mientras trataban de persuadirlo, en un gesto cooperativo “Rudi” advirtió, “si quieren yo traigo una”.
Así, sacó de su equipaje una “banderita” que tuvo que ser colocada en el centro y que ni se veía; pero, nuestro amigo “Rudi” sabía que ondeaba orgullosa en el Coloso de Santa Úrsula.
A partir de ese día, el máximo organismo que rige al fútbol en el mundo entero decidió prescindir de izar la bandera de la nacionalidad del colegiado y en su lugar colocar la de la FIFA. De esa manera, terminó lo que, en mi carácter de árbitro considero era una linda tradición.
La segunda ocurrió en la final Alemania 2006, disputada entre Italia y Francia. Se jugaba ya el segundo tiempo extra y faltando 5 minutos para que terminara el encuentro, que se decidió por la vía de los penales en favor de la escuadra azzurri, Zinedine Zidane y Marco Materazzi se enfrascaron en una discusión.
El enfrentamiento terminó cuando el francés perdió la razón y le propinó un cabezazo en el pecho al italiano, lo cual le costó la expulsión. El silbante argentino Horacio Elizondo fue advertido por el cuarto oficial Medina Catalejo (de España) de la agresión y Zizú dejó a su equipo en inferioridad numérica, yéndose a bañar temprano.
Mucho se ha especulado que la provocación de Materazzi fue en el sentido de que ofendió a la hermana de Zidane. Sin embargo, “la virgen todo lo ve” y al correr de los años, por fin se ha revelado la conversación.
Sinceramente, lo que le dijo, calentaría a cualquiera. Antes de ser agredido Materazzi le dijo a Zizú: “vas a acabar tu carrera jugando … en el América de México”.

