En días recientes, Julio César el “Catita” Domínguez, defensor del equipo Cruz Azul, tuvo la “feliz ocurrencia” de organizarle una fiesta infantil a su hijo que cumplía 12 años, con la temática del narco. No conforme con ello, también le pareció “buena idea” subir a las redes sociales fotografías del evento, en donde aparecían los infantes: portando metralletas, armas de juguete, disfraces con chalecos “blindados” y algunos hasta con emblemas de la Máquina Celeste.
Este aparentemente inocente incidente, de inmediato polarizó a la opinión pública, ente aquellos que exigían que una parte de la virilidad del “Cata” fuera guisada en chilpachole, que se le pusiera una sanción ejemplar y que fuera despedido de inmediato de la institución, para que terminara así su carrera balompédica. Mientras que otros, aunque reprobemos el hecho, pensamos que no era para tanto.
Al parecer la línea que separa “la libertad de expresión” y el hecho de “hacer apología del delito” (lo que tiene consecuencias jurídicas) es muy delgada y por algunos momentos ambigua. El diccionario define la apología como: “hacer justificación, defensa o alabanza de algo”.
Sinceramente, opino que el accionar de Julio César Domínguez, aunque no se trató de una buena idea y puede ser censurado desde el punto de vista ético, no constituye un delito; toda vez que, no instigó a la violencia, tampoco legitimó el narcotráfico y no produjo daño ni consecuencia alguna para la sociedad.
Es probable que existan otras personas que piensen que sí se configuró un delito (entonces por qué no se procede por la vía legal) o que en su calidad de persona pública como futbolista profesional no sea un buen ejemplo para la juventud; si ese es el caso, opino que es un exceso pretender que “lo quemen en leña verde”.
Por el otro lado, parece incongruente que los “narcocorridos” que pululan entre los cantantes de música regional mexicana, cuenten con la aprobación de propios y extraños.
Ahí está la tonada llamada “Soy el Ratón” (dedicada a Ovidio Guzmán) interpretada por el grupo Código FN y que también ha sido cantada en las redes por el Grupo Firme, que por cierto realizó, recientemente, un concierto “gratuito” en el Zócalo de la Ciudad de México; digo, nadie les reclamó ni los acusó de hacer “apología” de la delincuencia organizada. Tampoco ha sido prohibida su ejecución pública ni su difusión.
Han visto la temática que utilizan los videojuegos, a los que una inmensa mayoría de la juventud mexicana recurre para obtener “sano esparcimiento”. Quitando a la FIFA, todos, absolutamente todos hacen apología de la violencia y no pasa nada.
Y qué piensan de las “narco series”, digo, no me digan que en “La reina del Sur”, por poner un ejemplo, no se hace también apología del narco.
Pero, quizá lo más grave es que el “sospechosismo” de que el crimen organizado está infiltrado en el gobierno de algunos países, que patrocinan campañas presidenciales y que pone y quita funcionarios, cada vez está más latente, sin que nadie se rasgue las vestiduras.
Hasta parece que ya es un hecho que se está construyendo el “Museo del Narco” en Badiraguato, Sinaloa (tierra del Chapo Guzmán) que pronto será abierto al público, con la intención, no de hacer apología del delito; sino, de atraer al turismo ¡Hágame usted el favor!
Y bueno, para nadie es un secreto la muy probable infiltración del narco en el futbol. El balompié ha servido, afirman los que saben, como lavadero de dinero ante la complacencia de propios y extraños.
Pero que no se le ocurra a un futbolista organizar una “Chapo fiesta”, porque arde Troya. Por cierto, ya ofreció una disculpa pública y parece que será suspendido algunos partidos ¿Qué querían? No es raro que, en México, se mida con diferente vara y se practique … una doble moral.

