Reconforta el haber constatado la entusiasta participación de miles de ciudadanos, no acarreados, que asistieron a la marcha porque quedó demostrado que ya la sociedad civil está despertando para no permitir arbitrariedades, ni la regresión a un sistema autoritario de un partido hegemónico
La práctica tan socorrida por los partidos políticos mexicanos del acarreo para la organización de las grandes concentraciones de ciudadanos en torno a un evento o líder político sigue siendo una clara muestra de subdesarrollo político.
En países desarrollados de Norteamérica, así como en los europeos y nórdicos en especial, las manifestaciones populares y de protesta, son organizadas por la sociedad y para nada se parecen a las concentraciones multitudinarias de regímenes con sistemas corporativos y autoritarios.
En México estas prácticas fueron muy utilizadas en los tiempos del PRI como partido hegemónico, pero resulta que ahora también y con mayor fuerza las hemos visto en actos de Morena. Por lo visto en lugar de desaparecer, cada vez cobran más fuerza.
Y si alguien lo duda, la candidata del oficialismo se apresta para iniciar su campaña formal hacia la presidencia, el próximo 1 de marzo, teniendo como marco una gran concentración en el zócalo capitalino, lo que confirma la continuidad del estilo populista del presidente López Obrador, quien precisamente por estar seguro de que Claudia comparte ese criterio, fue que su decisión se inclinó a favor de ella.
De ganar Claudia Sheinbaum la presidencia de la república, López Obrador se blinda ante posibles acusaciones que lo afecten, una vez que deje el puesto.
Sobre todo, porque su gestión se ha caracterizado por una total opacidad en el manejo de los recursos públicos, aplicados a sus obras insignia, sin evitar tampoco actos de corrupción tan sonados como el caso de Segalmex con un desfalco superior a los 9 mil millones de pesos, sin haber traído a cuentas a su director Ignacio Ovalle, sino más bien protegiéndolo y arropándolo con otro puesto público, sin cuestionar en ningún momento su gestión.
La narrativa cotidiana en la conferencia mañanera acerca de que su gobierno acabó con la corrupción e impunidad, se ve negada por este mega fraude en Segalmex, pero también por diversas denuncias hechas con base en investigaciones bien sustentadas, de periodistas serios y profesionales, que han dado conocer actos de corrupción en el círculo más cercano del presidente, precisamente involucrando a sus hijos por tráfico de influencias en favor de amigos que han obtenido jugosos contratos en diferentes dependencias gubernamentales.
Ante tanta simulación y los excesos en decisiones que han roto con compromisos de campaña, el presidente se despide haciendo un esfuerzo inaudito para acabar con organismos autónomos como el INE, el INAI y la COFECE, así como queriendo resquebrajar la independencia y autonomía del Poder Judicial de la Federación.
La ruta señalada por el actual mandatario es sin duda la del autoritarismo, sin contrapesos, con la idea de afianzar el poder absoluto para su partido o grupo político a imagen y semejanza con lo que ocurría en tiempos del viejo PRI.
Afortunadamente, ante todo esto, la sociedad mexicana está despertando, como quedó demostrado el pasado domingo con la multitudinaria manifestación en apoyo a nuestro sistema democrático y al ejercicio del voto libre y bien contado, manejado por el INE, organismo también en peligro por la serie de iniciativas enviadas al Congreso en días pasados por el Ejecutivo.
Reconforta el haber constatado la entusiasta participación de miles de ciudadanos, no acarreados, que asistieron a la marcha porque quedó demostrado que ya la sociedad civil está despertando para no permitir arbitrariedades, ni la regresión a un sistema autoritario de un partido hegemónico como el que ya vivió nuestro país por cerca de 70 años en el pasado.
Por más que el Presidente López Obrador y la candidata de Morena hayan minimizado la importancia de la marcha y expresado calificativos que no corresponden a quien dice luchar por la verdadera democracia, la demostración del pasado domingo 18 es una llamada de atención para el sistema político de México, ya que en las próximas elecciones del 2 de junio, la ciudadanía decidirá entre el fortalecimiento del proceso democrático o por el contrario el empoderamiento de un sistema donde desaparezcan los contrapesos y la división de poderes que dan sustento a nuestra vida en democracia. No olvidemos la frase, “El poder absoluto, corrompe absolutamente”.
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