El PAN quiso anticiparse a su llegada al gobierno federal, estableciendo las bases para normar la relación partido-gobierno, pero la realidad se impuso y luego de dos sexenios el saldo arrojó una deuda que aún no ha sido pagada
En 1997, la presidencia del PAN pidió un análisis de la relación partido-gobierno, presintiendo luego del resultado electoral de ese año en el cual el PRI perdió la mayoría legislativa, que le podría llegar el turno de encabezar el ejecutivo federal.
Al frente del Partido se encontraba Felipe Calderón, que llegó a la dirigencia nacional del mismo en una campaña interna en la que ya vaticinaba un posible gobierno federal emanado del blanquiazul, aunque también se convertiría en una especie de maldición luego del paso de Vicente Fox y del propio Calderón por la presidencia de la república y que colocó a Acción Nacional en una crisis de la cual aún no ha salido.
El documento entregado señalaba que “el sistema político mexicano estableció una perversa relación entre el gobierno y el PRI, contraria a los principios de la democracia republicana. En este esquema, la estructura del partido estaba subordinada al poder público, ya que se trata de un partido oficial que ha sido una extensión del Estado”.
Y sobre la relación partido-gobierno se señalaba en el análisis: “Esta nueva situación política produjo un complejo problema institucional: cuál debe ser la relación entre el gobierno y el partido mayoritario. El PRI nunca tuvo este problema, pues el tipo de relación política del partido con el gobierno estuvo resuelto desde un principio: el partido era un apéndice del poder que cumplía determinadas funciones de organización social, de reclutamiento político y de movilización electoral. Recientemente, el Ejecutivo federal intentó, sin éxito, una nueva relación denominada la ‘sana distancia’ entre el gobierno y el partido oficial, que fue impugnada por el priismo y se abandonó abruptamente a la luz de las derrotas oficiales”.
De igual manera, recomendaba: “El problema no estriba, entonces, en si existe o no una relación entre gobierno y partido. La cuestión central es el tipo de relación que debe existir entre ambas entidades. Para determinar cuál debe ser la relación más conveniente entre Acción Nacional y los gobiernos emanados del PAN, habría que señalar primero dos tipos de relación que no deben darse: la subordinación o la confrontación. En primer término, no debe existir subordinación entre ambos: ni el gobierno debe estar subordinado al partido, ni el partido debe ser un apéndice del gobierno. La subordinación desnaturaliza al partido y pervierte al gobierno. Pero tampoco debe haber separación y, mucho menos, confrontación. Ambas entidades, partido panista y gobierno panista, tienen esferas diferentes, aunque comulguen ideas y propósitos comunes”.
Pero llegó, primero, Vicente Fox quien se comportó no como un panista ni mantuvo una relación institucional con su partido al grado de que los propios militantes del blanquiazul bromeaban diciendo que su gobierno era tan plural que hasta panistas había y luego Felipe Calderón padeció el lema que utilizó para ganar la presidencia de su partido: “ganar el gobierno sin perder el partido”, algo que como maldición alcanzó a un partido que no supo conducir esta relación.
*X (Twitter) y Threads @AReyesVigueras
Únete al canal de WHATSAPP DE EL INDEPENDIENTE, también a nuestro canal de TELEGRAM y recibe las noticias clave del día, análisis y últimas actualizaciones directamente en tu celular.

