En el año 2000, después de la victoria del panista Vicente Fox en las elecciones de dicho año, articulistas, columnistas y opinadores empezaron a hablar del fin de PRI, partido que se había mantenido en la presidencia de la república durante 70 años.
Pero fue el propio Fox quien evitó su desaparición al apoyar a los gobernadores de dicho partido, permitiendo que esta fuerza política se reconstruyera desde los estados, pudiendo regresar en 2012 con el exgobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto.
El sexenio del exmandatario estatal estuvo marcado por varios escándalos de corrupción, algo que ayudó a la victoria en 2018 de Andrés Manuel López Obrador y que provocó que, de nueva cuenta, articulistas, columnistas y opinadores volvieran a hablar del fin del PRI.
El sexenio de López Obrador terminó y el partido tricolor lejos de desaparecer se mantiene, para sorpresa de algunos y para decepción de muchos más, incluso algunos analistas han dejado de hablar de la desaparición de este partido para empezar a abordar el tema de su mutación, pues consideran a Morena como el PRI 2.0.
El Revolucionario Institucional, como dijera el casi eterno líder de la CTM Fidel Velázquez, es “inmorible”, pues a pesar de epitafios, pronósticos, análisis, pero, sobre todo, a pesar de muchos deseos sigue en pie y dando la batalla.
Su valor en el mercado electoral es de, aproximadamente, 5 millones de votos –como se registró en la pasada elección de 2024–, con dos gubernaturas y grupos pequeños, pero con cierta capacidad de maniobra en el Congreso de la Unión, además de un líder nacional que llama la atención con sus acciones –buenas o malas, acertadas o escandalosas–, manteniéndose como parte de una oposición que bien pudiera regresar por los escándalos que tiene Morena actualmente.
Apostando a una política de alianzas electorales y al hartazgo de buena parte del electorado, además de a los propios errores del actual partido en el poder, el PRI tiene la oportunidad de recuperar algo del terreno perdido en 2027.
Si este escenario se hace realidad, podremos afirmar que quienes lo daban por muerto desde el año 2000 y lo han seguido haciendo desde entonces, más que análisis o pronósticos lo que han difundido son sus deseos para que se acabe un partido que moldeó el sistema político mexicano y ha sido escuela de buena parte de la clase política que nos gobierna.
El PRI no murió en el 2000, luego de la derrota ante el PAN; tampoco en el 2018, pues hasta puede presumir que uno de sus exmilitantes llegó a la presidencia en la figura de López Obrador, acompañado de un grupo numeroso de expriístas, algo que nos muestra que Fidel Velázquez tenía razón y el “tricolor” es más como los vampiros: eternos y convirtiendo a sus víctimas en seres similares a ellos.
¿Se acabará el PRI en 2027 o en 2030? Es difícil que suceda, pues a pesar de los resultados electorales, puede seguir participando en elecciones como un partido pequeño, pero que no va a cumplir el deseo de muchos de desaparecer.
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