“La verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad”.
Epicteto
Muchos de nosotros basamos nuestra seguridad y confianza en la falsa idea de tener las cosas bajo control. No obstante, si reflexionamos con detenimiento, son realmente muy pocos los elementos que controlamos. A pesar de ello, considero que hay dos cosas sumamente poderosas que sí podemos controlar: lo que pensamos y lo que hacemos.
“Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino”.

La invitación que nos hace Viktor Frankl con esta idea es a explotar al máximo el poder de controlar la actitud que tenemos frente a las circunstancias que se nos presentan. Es justamente esa la fortaleza más grande con la que contamos, que por momentos olvidamos o desatendemos al intentar controlar las circunstancias. No deben ser las circunstancias las que determinen nuestra actitud, sino nuestra propia voluntad quien lo haga.
Si bien con nuestras acciones podemos provocar que ciertos hechos sucedan, estos serán siempre producto de distintos elementos. De igual manera, los resultados de nuestros esfuerzos no siempre se producen tal como los esperamos. No podremos controlar lo que otros realizan, pero sí la actitud con la que respondemos a ellos. No podremos controlar los sucesos que se nos presentan, pero sí las acciones que realizamos en consecuencia.
Lo que pensamos suele determinar nuestro estado de ánimo y, por ende, las acciones que emprendemos y los matices que solemos imprimirles. Considero sumamente valioso emprender un esfuerzo por purificar nuestras ideas y gestionar nuestros pensamientos. Estamos expuestos a un sinfín de contenidos de manera cotidiana, por lo que vale la pena filtrar cuáles de ellos dejamos que se aniden en nuestra mente y cuáles no. Serán esas ideas, y el tratamiento que les demos, las que determinarán en gran medida nuestro estado de ánimo.
¿En qué pensamos y por cuánto tiempo lo hacemos? Por momentos solemos dar mil y una vueltas a una misma idea negativa, que está fuera de nuestro control y que nos roba el presente, y con ello, la calma.

Con igual nivel de importancia, debemos ser conscientes de que entre los estímulos que recibimos y las respuestas o acciones que emprendemos como producto de ellos, existe un espacio que sí está bajo nuestro control, y que podemos aprovechar de manera eficiente, saludable y productiva.
Así, nuestro espectro de control se reduce a poderosas acciones, lo que debe invitarnos a soltar y dejar ir aquella voluntad de controlarlo todo. Aceptar aquello que no podemos controlar y concentrarnos en dar forma a nuestra vida mediante lo que sí está bajo nuestro control nos traerá paz y satisfacción.
Reflexionar con cierta frecuencia acerca de lo que sí y lo que no está bajo nuestro control nos hará más efectivos. Lo que está, se atiende; lo que no está, se acepta y se deja ir. No tiene caso invertir recursos en aquello que no podemos controlar; no solo por lo que perdemos en ello, sino también por lo que, de manera simultánea, dejamos de invertir en aquello que sí podemos controlar.
De la misma forma, frente a un suceso o un impulso, cuestionarnos cuáles serían las acciones y respuestas más convenientes a emprender, haciéndonos dueños del espacio que existe entre uno y otro, nos permitirá tomar mejores decisiones y, por ende, obtener mejores resultados.
Manos a la obra, solo sobre lo que realmente está dentro de nuestro espacio de control.
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