Parece un tsunami que no puede ser detenido o contenido. Es a lo que apuntan los resultados más recientes en las elecciones que se han llevado a cabo, las cuales muestran que, pese a no obtener el primer lugar, el avance de la extrema derecha es claro.
El último episodio de esta historia se dio en Alemania, en donde Alternativa por Alemania (AfD) se colocó como la segunda fuerza política ante el desplome de la socialdemocracia.
En Francia, el partido de Marine LePen ha alcanzado una votación que la pone en la pelea, aunque lejos de los otros partidos; en Italia, Georgia Meloni gobierna sin una oposición fuerte, algo similar ocurre con Viktor Orban en Hungría.
Esto nos muestra que la extrema derecha ha avanzado a pesar de las advertencias que se han dado acerca de sus ideas, de su rechazo a la migración, de sus políticas de corte populistas y de su intención de convertirse en regímenes autoritarios.
Lo sucedido en Alemania, más que una llamada de atención, es una muestra de que buena parte del electorado está dispuesto a dar sus votos a una opción que mantenga un discurso que coincida con sus expectativas, aunque no ayude a resolver los problemas que se tienen.
También muestra que ciertas ideas que se creía ya superadas, aún se mantienen con vida en ciertos sectores sociales. El mapa de Alemania luego de los comicios en los que ganó la Democracia Cristiana, muestra que los distritos en donde ganó AfD se ubican en el territorio de lo que era la antigua República Democrática Alemana (RDA) antes de la caída del muro de Berlín.
Las especulaciones acerca de por qué sucedió esto son muchas, pero recuerdan que a pesar de la integración y del dinero que se destinó a la reunificación, no se lograron superar ciertos rezagos que ahora se manifiestan en ciertas preferencias electorales.
En nuestro continente, se pueden encontrar semejanzas entre lo que acaba de ocurrir en Alemania y lo que pasó en Argentina y Estados Unidos. En la nación ahora gobernada por Javier Milei, los problemas económicos sirvieron de caldo de cultivo para que triunfara una opción que aprovechó esta coyuntura para ganar, en tanto que en la Unión Americana Trump basó su campaña electoral en alimentar temores hacia los inmigrantes y la pérdida de empleos de ciertos sectores sociales.
¿Y México? Si bien no se ha presentado un partido que enarbole las banderas de la extrema derecha, parece que podría aparecer pronto un actor político que, con el apoyo de Trump, pudiera competir y robar votos a los partidos tradicionales.
Las expresiones en redes sociales de algunos legisladores, mostrando admiración hacia Milei o Meloni, además de quienes aplaudieron el triunfo de Trump, nos muestran que hay quienes pudieran sumarse a esta tendencia, quizá aprovechando los problemas que tenemos en materia de seguridad o vinculados a los rezagos en materia económica, o una combinación de ambos.
Sólo falta que encuentren el discurso adecuado para llegar a los oídos de los electores mexicanos.
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