En la obra de George Orwell 1985 se muestra cómo se establece la neolengua como una forma de dominar desde el poder a la sociedad, nombrando de una manera diferente a la tradicional a todo lo que nos rodea, pues quien controla la narrativa controla todo.
Esta lógica es ahora aplicada por la 4T que busca que no se mencionen ciertas palabras ni por error, abusando en este caso de los eufemismos para que no suene tan grave lo que está pasando.
Un ejemplo lo tuvimos el pasado fin de semana cuando un convoy del Tren Interoceánico tuvo un incidente de vía, con lo que se quiso disfrazar un descarrilamiento que dejó muertos y heridos.
En anteriores ocasiones se ha recurrido a la misma táctica, como en el caso de la Línea 12 del Metro, calificado como incidente y no como una falla estructural que también costó vidas.
A este paso, no nos deberá extrañar que pronto empiecen a repartir la lista de palabras permitidas para informar de todo lo que pasa en el país, así conoceremos que podemos decir y que no.
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