Se elevó ya a 140 el número de muertos en los complejos de Penha y Alemao en Rio de Janeiro, tras el despliegue policial contra el grupo criminal Comando Vermelho, uno de los enfrentamientos más sangrientos registrados en la historia reciente de Brasil, reportaron fuentes policiales.
Este es sin duda a decir de expertos la acción policial más fuerte en contra del narcotráfico y crimen organizado.
Trascendió que el operativo denominado «Operación contención» era detener a 100 presuntos criminales contra los que pesaban órdenes de captura.
Cabe destacar que el enfrentamiento del pasado martes 28 de octubre fue brutal, los barrios cerraron y la ciudad entera se vio afectada por la acción, que supuso el movimiento de 2500 agentes y decenas de vehículos blindados, además de helicópteros y drones.

«Tuvo un impacto en el conjunto de la ciudad, se cerraron los trabajos, las escuelas y las universidades», cuenta a DW Ignacio Cano, sociólogo e Investigador del Laboratorio de Análisis de la Violencia de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.
En tanto, el pasado miércoles 29 de octubre de 2025, vecinos de las favelas reunieron en una calle decenas de cadáveres que recuperaron de una zona boscosa.
Lo cierto es que se trató de escenas de una brutalidad innegable, que puso en evidencia la magnitud del operativo y desata dudas sobre los protocolos utilizados y la organización del trabajo policial, además de exponer cómo los derechos humanos son pasados por alto en este tipo de situaciones.
Sin embargo, las repercusiones políticas no se hicieron esperar.
Por su parte, el ministro de Justicia, Ricardo Lewandowski, dijo en Brasilia que se revisará si lo sucedido «es compatible con el Estado democrático de derecho», y señaló que el presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, quedó «aterrado» ante la noticia, y «sorprendido» por no haber sido notificado de la operación.
ACCIONES SIN PRECEDENTES

«Una operación policial exitosa es la que termina con la detención de los sospechosos, su enjuiciamiento y su condena, y eso no es lo que ha pasado aquí.
Esto es un baño de sangre, una enorme tragedia», indica a DW César Muñoz, director para Brasil de Human Rights Watch (HRW).
«El problema es cómo se diseñó la operación, las decisiones que se tomaron, las precauciones que se tomaron, eso tiene que ser investigado», destacó.
Otras fuentes señalaron que como parte de lo ocurrido el martes es un «déjà vu de las operaciones que habitualmente se hacen en Río, que consisten en invadir territorios ocupados por grupos criminales, matar personas, requisar armas y drogas, salir y volver en unos cuantos meses a repetir la operación».
Los hechos sucedieron “en una escala nunca vista anteriormente, por el altísimo número de víctimas».
Al respecto, el gobernador, Cláudio Castro, del Partido Liberal liderado por el expresidente Jair Bolsonaro, fue el principal protagonista de la jornada del martes, al aparecer en la prensa dando cifras de muertos y siguiendo el operativo, del que informaba a través de la red social X.
Para él, todo fue un «éxito», porque la acción policial habría preservado la vida de los vecinos de las favelas.
EXIGEN UNA INVESTIGACIÓN A FONDO

Tras lo sucedido en varias favelas de Rio de Janeiro, HRW pide a la fiscalía que se encargue de investigar qué fue lo que ocurrió realmente.
«En el pasado, la misma Policía se encargaba de indagar las muertes causadas por sus agentes, con investigaciones débiles y con conflictos de interés.
También pedimos que se indaguen las decisiones tomadas por el comando policial y las autoridades de Río a la hora de ordenar esta acción», señala Muñoz.
Aparte de criticar el hecho de que las fuerzas de seguridad no acordonaran las zonas de los tiroteos ni preservaran las evidencias, Muñoz también resalta que la efectividad real de este tipo de acciones cuasimilitares «es cero».
«No consiguen desmantelar los grupos criminales y, como mucho, logran la muerte de algunas personas que son miembros de base de estos grupos.

Esto significa que, si un joven muere, mañana hay otro que ocupa su lugar.
Son operativos que ni siquiera son eficientes», sostiene.
Cano coincide.
«Si alguien piensa que esto va a aniquilar al Comando Vermelho está muy equivocado, porque se trata de una red que abarca muchos territorios, muchos estados de Brasil.
Si el gobierno de Río quisiera realmente debilitar a ese grupo, podría investigar los tentáculos financieros del crimen, o a todos los funcionarios corruptos que están siempre detrás de un grupo criminal.
Esto es, en realidad, la aplicación del principio de que el bandido bueno es el bandido muerto a escala amplia, como si fuera una política pública».
Y añade que, a la larga, lo que se conseguirá es que el Comando Vermelho «se arme más y se prepare mejor para el próximo embate».

Lula, advirtió que no se permitirá más violencia.
El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva advirtió ayer que tras lo sucedido en Río de Janiero, se aplicará todo el peso de la ley para restablecer el orden y la seguridad en esta ciudad, luego de horas de graves e interminables disturbios, lo que movilizó a los cuerpos de seguridad del Estado.
“No vamos a permitir que la violencia se extralimite y que poco a poco la tranquilidad regrese a las calles de Brasil”, sostuvo el mandatario brasileño.
EL TRASFONDO IDEOLÓGICO DEL CONFLICTO
Jorge Luis Vidal es especialista en seguridad pública y narcotráfico.
aseguró que “el gran interrogante que dejó este choque es de qué manera el Estado va a recuperar el terreno que perdió en manos de estas bandas narcocriminales”.
Desde su óptica, “no hay que desmerecer la carga ideológica del conflicto: el alcalde de Río de Janeiro le pidió ayuda a Lula, pero el presidente no se va a meter en territorios donde residen gran parte de sus votantes”.
NUMERALIA DE LOS HECHOS EN RÍO DE JANEIRO

Tras una larga jornada de disturbios en favelas de Río de Janeiro entre los muertos figuran cuatro policías, según información de la Policía Civil.
También existen registros de policías y residentes de la zona heridos de bala.
Cabe destacar que el operativo involucró a aproximadamente 2.
500 agentes de seguridad de Río de Janeiro, quienes cumplieron 100 órdenes de arresto en un área de 9 millones de metros cuadrados.
Por su parte, el gobernador de Río de Janeiro, Cláudio Castro, aliado político del expresidente Jair Bolsonaro, describió lo sucedido como «el mayor operativo de las fuerzas de seguridad de Río de Janeiro».
Sin embargo, el elevado número de víctimas que dejó la operación desató críticas dentro y fuera del país.
Lo cierto es que el operativo forma parte de una iniciativa del gobierno de Río de Janeiro para combatir la expansión del Comando Vermelho, una de las más grandes bandas de narcotraficantes de Brasil.
“Esto comenzó con la ejecución de órdenes judiciales y una investigación que duró más de un año y se planeó durante más de 60 días», declaró el gobernador en una conferencia de prensa este martes.
«Un operativo estatal contra los narcoterroristas, porque quienes hacen lo que hacen son narcoterroristas”, agregó.
En ese mega operativo participaron unos dos mil 500 efectivos del Comando de Operaciones Especiales de la Policía Militar (COE), así como de todas las comisarías especializadas de la Policía Civil participaron en el procedimiento.
Según Castro, durante el operativo fueron decomisados más de 100 rifles y una gran cantidad de drogas.
Las clases en decenas de escuelas y universidades fueron suspendidas, mientras que decenas de rutas de transporte público dejaron de operar durante los enfrentamientos.
Fuente: Medios de Brasil y Redes Sociales.
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