Hay varias lecciones que vale la pena comentar respecto a lo sucedido en el terreno electoral en Francia, mismas que pudieran verse reflejadas en nuestro país.
En primer lugar, tenemos el tema de la abstención, que fue un elemento que llamó la atención en los comicios en los que se reeligió Macron, pero que tal vez hubieran cambiado el resultado si la asistencia a las urnas fuera distinta.
En México, hemos visto como dos consultas populares son desairadas por los electores, lo que demuestra que, pese a la insistencia de ciertos actores políticos, muchos mexicanos no están del todo convencidos en ir a votar o, al menos, no en hacerlo en varias ocasiones seguidas.
Cabe recordar en Francia fue una segunda vuelta, un elemento que pudiera ayudar a explicar la razón de la ausencia de muchos ciudadanos franceses para volver a votar, algo que sin duda debe ser analizado a detalle.
Otro elemento llamativo es el avance que tuvo la ultraderecha francesa a la par que la izquierda veía una reducción en sus votos. Este apunte tiene dos facetas; la primera tiene que ver con que Marine LePen es una política que tiene poco en el escenario galo y se presenta como una opción fresca alejada de los partidos políticos tradicionales, algo que le ha beneficiado al ver como sus votos crecieron de la elección presidencial anterior en 2017 a la actual, aunque no le sirviera ese crecimiento para ganar.
En México, de cara al 2024, también existe la posibilidad de que se presente una alternativa política que se desmarque de los partidos existentes en la búsqueda de que esa cualidad sea su principal atractivo.
Asimismo, en la segunda faceta, el resultado de la izquierda francesa es parte del rechazo que en amplios sectores sociales se tiene a los partidos políticos tradicionales, tan sólo recordar que en otros países de Europa han crecido electoralmente formaciones de reciente creación que incluso en su denominación se abstienen de utilizar el término “partido” para identificarse.
Es algo parecido a lo que vivimos en México en 2018 y a lo que en Estados Unidos se dio con Donald Trump, por lo que no será de extrañar que en 2024 se pudiera dar un giro y el triunfador en nuestro país sea un instituto político recién creado o un organismo que se estrene con esa participación en dichas elecciones.
Pero sin duda lo que más llama la atención del caso francés es que buena parte de quienes le dieron el triunfo a Macron fueron no sus partidarios, sino los que buscaban evitar la llegada de la representante de la ultraderecha, ¿algo similar pasará en México?
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