Encuestas como la reciente de Consulta Mitofsky ponen el foco en la evaluación ciudadana de los gobernadores que enfrentarán elecciones en 2027. El estudio revela que Indira Vizcaíno, Samuel García, Miguel Ángel Navarro, Evelyn Salgado, Víctor Castro, Layda Sansores y David Monreal se ubican por debajo del promedio nacional (49.9 %), un factor que podría comprometer la retención de sus gubernaturas. Por el contrario, mandatarios como Mauricio Kuri, Tere Jiménez y Ricardo Gallardo gozan de una aceptación superior al 50 %, lo que perfila un escenario favorable para sus partidos.
No obstante, los antecedentes electorales demuestran que una gestión bien evaluada no garantiza la continuidad. El caso de Mauricio Vila en Yucatán (2024) es ilustrativo: a pesar de su popularidad, su partido perdió ante Morena. En sentido opuesto, una mala evaluación no siempre implica la derrota, como ocurrió con Cuitláhuac García en Veracruz, cuya fuerza política logró retener el poder.
Roy Campos, director de Mitofsky, destaca un dato relevante: tras 16 meses de dominio ininterrumpido, la aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum fue superada por primera vez por una mandataria local en febrero de 2026. Se trata de Tere Jiménez, en Aguascalientes, quien se colocó menos de un punto por encima de la jefa del Ejecutivo. Lo notable es que este cambio ocurre en una entidad que no es la que mejor evalúa a la gobernadora ni la que peor califica a la presidenta.
Esta dinámica plantea interrogantes sobre cómo las fuerzas políticas capitalizan la imagen de sus gobernantes. En Morena existe una estrategia clara: los mandatarios estatales son activos políticos que se promueven activamente, especialmente en los eventos conjuntos con la presidenta Sheinbaum. El partido oficialista opta por defenderlos incluso ante reveses, como el pobre resultado de Salomón Jara en la consulta de revocación en Oaxaca, apostando por la difusión de logros, sean estos reales o percibidos.
En contraste, la oposición carece de una táctica efectiva para aprovechar el capital político de sus figuras locales. Aunque los gobernadores opositores suelen ser abucheados en eventos presidenciales —una herramienta de propaganda para Morena—, sus propios partidos no logran traducir la aceptación ciudadana en votos. Ejemplos históricos como los de Francisco Barrio en Chihuahua o Fernando Canales en Nuevo León confirman que la popularidad del mandatario no basta para evitar la alternancia. El caso reciente de Yucatán refuerza esta tesis.
Finalmente, el escenario de Movimiento Ciudadano en Nuevo León se torna crítico. Su gobernador, envuelto en constantes polémicas, no solo se encuentra por debajo del promedio de aprobación, sino que la intención de postular a su esposa como sucesora añade un riesgo adicional de derrota para 2027.
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