Somos México intenta replicar la fórmula de Morena al integrar a sus filas a exmilitantes del PRI, del PAN y del PRD, junto a miembros de organizaciones civiles de la llamada Marea Rosa. A punto de obtener su registro ante el INE —pese a las denuncias de su dirigencia sobre presuntas «argucias legales» para frenarlos—, esta agrupación se perfila como una de las opciones con posibilidades reales de competir en los próximos comicios.
La incorporación de exconsejeros electorales añade una arista crítica al debate. Hay quienes sostienen que la agenda de estos personajes no persigue fortalecer la democracia, sino garantizar la continuidad de un modelo político específico. Es un cuestionamiento legítimo que sigue ganando terreno en el espacio público.
El desencanto ciudadano hacia los gobiernos de Morena y los partidos tradicionales es un arma de doble filo para Somos México. Al presentarse como una organización «nueva», atrae a un sector del electorado de cara a 2027; sin embargo, al reciclar figuras como la exdirigente priista Carolina Monroy, corre el riesgo de ser percibida como «más de lo mismo», lo que podría alimentar el abstencionismo en lugar de la participación.
El reto de esta naciente fuerza política será demostrar que posee una identidad propia y una oferta atractiva para una sociedad hastiada de la política partidista. Adicionalmente, debe sacudirse el estigma de una dirigencia que, tras asegurar que conocía a fondo a López Obrador, fue incapaz de anticipar sus movimientos, acumulando derrotas en 2018 y 2024.
La expectativa es alta, pero el desafío es mayor: cumplir con las demandas ciudadanas en un contexto de profunda desconfianza. Aún queda por conocer su oferta programática, su estrategia para conectar con los jóvenes y su postura ideológica. Resulta difícil determinar si se trata de una formación de izquierda, de derecha o de un híbrido de posturas difíciles de conciliar en un discurso coherente.
Lo que sí es público es su amenaza de movilizaciones en caso de que se les niegue el registro. Esta postura evoca al PRD —cuna de su actual dirigente nacional— y refuerza la visión de quienes consideran que Somos México revive los vicios de las fuerzas políticas que hoy generan rechazo.
Para sobrevivir, la organización deberá romper con las etiquetas que la acechan: sucesora de la Marea Rosa vinculada a Claudio X. González, o una simple mutación del PRD con agregados del PRI y PAN. Qué versión dominará la conversación pública dependerá de la capacidad de esta fuerza para comunicarse con un electorado que ya no acepta promesas vacías.
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