Uno de los temas cruciales de cara a las elecciones de 2027 es el perfil de los votantes de cada partido, especialmente ante la irrupción de Somos México, la nueva fuerza política de oposición que acaba de recibir su registro.
Declararse opositor plantea, de entrada, que este instituto luchará por cautivar a los electores decepcionados o que rechazan a Morena. La presencia en sus filas de exmilitantes de partidos tradicionales —como el PRD o el PAN—, así como de participantes de la llamada Marea Rosa —protagonistas de las marchas en defensa del INE y contrarios a la Reforma Judicial—, refuerza la tesis de que su objetivo es disputar el voto de ese sector.
Sin embargo, la secretaria general del partido, Cecilia Soto, declaró que Somos México aspira a obtener una votación superior al 6 % en 2027. Esto revela que sus metas son, por ahora, modestas. Implica también que no planean prioritariamente buscar el sufragio de los abstencionistas, de los jóvenes que acudirán por primera vez a las urnas, ni de los ciudadanos sin partido que están inconformes con el Gobierno oficialista pero que tampoco se identifican con la oposición histórica. Tampoco parecen dirigirse a los militantes de Morena que queden marginados en los procesos internos de selección de candidatos.
Somos México se presenta como una amalgama de exmilitantes de otras formaciones. Esta naturaleza le ha acarreado duras críticas por replicar la fórmula con la que nació el propio Morena, integrado en su momento por políticos provenientes del PRD, el PRI y el PAN. Por ello, la ciudadanía, escéptica de la clase política, difícilmente hallará en este nuevo partido estrategias novedosas o discursos que generen un entusiasmo real.
Asimismo, la postura de algunos dirigentes al afirmar que Somos México no es de izquierda ni de derecha alimenta la percepción de que la organización se conforma con un pragmatismo básico: asegurar la supervivencia de su registro el año que entra, capitalizando de forma pasiva el descontento social.
El riesgo de esta estrategia es que coincide plenamente con la del PAN, el PRI y Movimiento Ciudadano. Estas fuerzas parecen confiar en que factores externos, como las presiones de Estados Unidos, los escándalos de lujo y las riquezas de algunos militantes oficialistas, o las fallas en sectores como salud y seguridad, atraerán en automático los votos necesarios, eximiéndolos de hacer campañas verdaderamente competitivas.
Toda la oposición en su conjunto apuesta a que la crisis de Morena —agudizada por los señalamientos de Washington contra funcionarios de Sinaloa— juegue a su favor. Es una postura cómoda que prefiere depender de los errores ajenos antes que de los aciertos propios. Aunque esta inercia podría otorgarles algunos sufragios, resulta insuficiente si los partidos opositores compiten fragmentados, sin una narrativa unificada que encauce el descontento social y sin voceros legitimados ante la opinión pública. El camino a 2027 no será sencillo; Somos México y el resto de los partidos tradicionales tendrán que competir ferozmente por el mismo y reducido pastel de votantes inconformes.
• Mis redes: https://linktr.ee/areyesvigueras
Únete al canal de WHATSAPP DE EL INDEPENDIENTE, también a nuestro canal de TELEGRAM y recibe las noticias clave del día, análisis y últimas actualizaciones directamente en tu celular.

