El escenario ostentaba las siglas y colores partidistas. El anuncio principal era la presentación del nuevo «coordinador» —nombre con el que posteriormente se oficializará a su candidato— tras el discurso del dirigente nacional. Con este acto, la fuerza política colocaba un ladrillo más en la construcción estratégica para los comicios de 2027. Ubicar con anticipación al abanderado en el ánimo de los electores busca elevar las posibilidades de éxito, un factor que las encuestas deberán reflejar con el tiempo.
Sin embargo, esta estampa no describe el proceso de Morena para designar a sus «coordinadores de Defensa de la Transformación», sino la estrategia actual del PAN para nombrar a sus «coordinadores de Defensa de la Familia, la Patria y la Libertad».
El evento realizado en La Paz, Baja California Sur, el pasado 27 de agosto, confirma este giro. Ahí, el dirigente nacional panista, Jorge Romero, presentó a Francisco «Pancho» Pelayo como nuevo representante estatal. El presidente del partido declaró: «Venimos a decir que creemos en ti, querido hermano Pancho Pelayo. Hoy venimos a entregarte formalmente lo que miles de personas nos pidieron: que te conviertas en el coordinador de la defensa de la patria, de la familia y de la libertad».
El promocionado relanzamiento del PAN se aleja de los objetivos trazados. Buscar la recuperación de la esencia partidista mediante la copia de la táctica oficialista —adelantar tiempos electorales y disfrazar candidaturas bajo la figura de «coordinaciones» tras sondear a sus aspirantes— evidencia una preocupante falta de identidad.
La dirigencia nacional panista adopta esta vía con un agravante: las designaciones recaen en militantes vinculados a grupos de poder internos, ante el desinterés ciudadano por participar en sus filas, o en perfiles provenientes de otros partidos.
El primer aspecto quedó al descubierto tras la denuncia en redes sociales del exalcalde de Mérida, Renán Barrera. El político advirtió que «en Yucatán los candidatos a diputados federales y locales serán de Vila», en alusión al exgobernador Mauricio Vila, líder del grupo dominante en la entidad. Barrera ironizó además sobre la apertura a la sociedad civil: «En los próximos meses verán que el discurso de candidaturas ciudadanas es un mero eslogan».
El segundo factor se constató en el Estado de México. El senador Enrique Vargas del Villar presentó a Víctor Garduño como opción para competir por la alcaldía de San Mateo Atenco. El inconveniente es que Garduño se desempeña actualmente como diputado local suplente del priista Mariano Camacho en la legislatura mexiquense.
A menos que se negocie una alianza en ese municipio, resulta difícil comprender cómo la postulación de un perfil priista ayuda a recuperar la identidad blanquiazul. De igual forma, ceder espacios ante las facciones internas —a pesar del debate histórico sobre la «onda grupera»— contradice el discurso de renovación.
Si se emulan los métodos del adversario, se abren las puertas al priismo y se privilegia el reparto de cuotas, el resultado previsible para 2027 mantendrá la tendencia decreciente observada en comicios recientes. La promesa de recobrar la esencia partidista corre el riesgo de quedarse en mera retórica.
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