«Nosotros llevamos un año diciendo que el PAN tiene que apostarle a sus siglas y eso no va a cambiar nunca», declaró el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, el pasado 27 de agosto. Desde el evento de relanzamiento a finales de 2025, Romero Herrera ha insistido en la necesidad de recuperar la esencia del partido. Esta postura confirma que el diagnóstico de su equipo atribuía el descenso de la votación —de casi 16 millones de sufragios en el año 2000 a poco más de 9 millones en el último proceso electoral— al desdibujamiento de la organización ante el electorado.
El Partido Acción Nacional ha atestiguado la constante salida de militantes hacia las filas de Morena, lo que ha significado la pérdida de posiciones clave. El ejemplo más claro ocurrió en Yucatán: a pesar de que el exgobernador Mauricio Vila contaba con una alta evaluación, la capital estaba gobernada por el panismo y existía una consolidada tradición blanquiazul, Morena ganó la gubernatura con el expanista Joaquín «Huacho» Díaz Mena.
Esta derrota no se explica únicamente por una renuncia individual —frecuente cuando un militante no obtiene una candidatura—, sino por la profunda división interna en el panismo yucateco. El pasado 26 de agosto, el exalcalde de Mérida, Renán Barrera, denunció que las candidaturas asignadas para los comicios de 2027 provienen del grupo de Mauricio Vila, e ironizó sobre las supuestas «candidaturas ciudadanas» al afirmar que carecen de tal naturaleza.
La pugna interna permite comprender mejor las causas del colapso en Yucatán. Díaz Mena fue marginado de la candidatura y renunció al partido, en una dinámica a la que se suman figuras como Ana Rosa Payán. Estos casos demuestran que las declaraciones sobre «apostar por nosotros mismos» o la apelación a la identidad blanquiazul resultan insuficientes para asegurar la victoria en las urnas.
Renán Barrera ha mantenido su postura crítica. Tras anunciar su renuncia al Comité Ejecutivo Nacional del PAN, volvió a denunciar el acaparamiento de candidaturas por parte de un grupo interno con miras a 2027. Frente a este panorama, Jorge Romero ha evitado pronunciarse sobre la llamada «onda grupera», un vicio interno que atenta contra la esencia del partido pero que, al ser útil para el control de la dirigencia, queda excluido del discurso oficial.
El extravío de la actual dirigencia se evidencia también en la imitación del modelo de campañas adelantadas del partido en el gobierno. Mientras el oficialismo promueve a sus aspirantes bajo la figura de «coordinadores de defensa de la transformación», Acción Nacional replica el esquema con sus «coordinadores de defensa de la familia, la patria y la libertad». Como señaló el director de Consulta Mitofsky, Roy Campos, Morena adelanta su selección y capta la atención equivalente a una campaña electoral; la oposición intenta emular la estrategia, pero sin éxito. Sin una apuesta real por la identidad ni una reconstrucción interna, el PAN enfrenta sus próximos retos preservando las prácticas que han provocado su continuado desgaste electoral.
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