El Segundo Informe de Gobierno acredita
salarios, programas y estabilidad.
Las cuentas de 2024-2026 no acreditan
todavía el Plan México.
Un informe de gobierno no es un anuario, es un relato. El Segundo Informe de Claudia Sheinbaum Pardo elige con oficio las cifras que sostienen la fórmula de la prosperidad compartida: salario mínimo, programas convertidos en derecho, inflación contenida, peso estable y un segundo trimestre de 2026 que se presenta como prueba de que la economía ya responde. El relato tiene piso, lo que no tiene y eso es lo que importa para 2030, es el segundo piso que el propio Ejecutivo escribió en el Plan Nacional de Desarrollo y en el Plan México: inversión por encima de 25 por ciento del producto, plantas nuevas, contenido nacional y un país que deje de crecer a la velocidad de una trampa.
La tesis es estrecha y se puede verificar con las tablas del mismo Informe y con las revisiones del INEGI. El gobierno redistribuye y estabiliza sobre una economía que no acelera, cumple, en lo esencial, el mandato social de 2018 todavía no cumple el mandato productivo de 2025.
UN TRIMESTRE NO HACE UN MODELO
El Informe afirma que el producto creció 2.1 por ciento anual en el segundo trimestre, con cifras ajustadas, y 2.2 por ciento con cifras originales, esa es la estimación oportuna de finales de julio, el 24 de agosto el INEGI revisó: 1.4 por ciento trimestral y 1.9 anual, dos décimas no invierten el signo, pero sí impiden convertir un rebote trimestral en cambio de régimen.
La película de tres años es más elocuente que un trimestre. 2024 cerró cerca de 1.5 por ciento, 2025, entre 0.5 y 0.8, con la industria en negativo, 2026, según la Cepal, 1.3; el Banco de México subió su puntual a 1.5, ninguna de esas cifras se parece al sendero que haría creíble la meta de economía número 10. Salazar-Xirinachs lo dijo en agosto: México está en la trampa del bajo crecimiento desde 1990 y, desde 2024, otra vez por debajo del promedio de América Latina.

En diez trimestres hay cuatro tasas negativas o nulas, eso no es una recesión clásica, de esas que se sienten en la calle como en 1995 o en 2009, cuando cierran turnos y el empleo formal se evapora, es otra cosa, más opaca y más persistente: una meseta. El producto sube un cuarto, se aplana el siguiente, cae un poco, rebota y no termina de tomar velocidad, quien viva de un comercio en el centro de la Ciudad de Mexico lo reconoce sin necesidad de desestacionalizar: hay semanas buenas y un techo que no se mueve.
El rebote de abril-junio de 2026 nació, sobre todo, del campo y de los servicios, el agro se recuperó de las heladas y de los fertilizantes caros; el comercio, el gobierno y el turismo empujaron el resto, la industria apenas evitó números rojos en el semestre, México vendió más al exterior medido en dólares, sí, pero la fábrica no creció al mismo paso, una parte nada menor de ese impulso tiene fecha de caducidad: el Mundial levanta las ventas en hoteles, restaurantes, transporte y comercio, llena habitaciones, no inventa un proveedor de autopartes en Querétaro ni una planta de maquinaria que siga produciendo cuando se apaguen los reflectores.
Por eso el trimestre no se puede leer como cambio de modelo, un ciclo se confirma cuando se difunde: cuando la manufactura, la inversión en equipo y los encadenamientos acompañan al consumo, aquí el consumo y los servicios cargaron; la capacidad productiva no, lo que queda cuando se disipe el torneo es, otra vez, la meseta: un país que evita la caída profunda y que todavía no encuentra cómo crecer de dos por ciento para arriba.
LO QUE SÍ SE SOSTUVO: EL BOLSILLO Y EL ANCLA
Si el capítulo de crecimiento es el más discutible, el de precios es el más sólido. La inflación general bajó a 3.12 por ciento en julio, el peso cotiza cerca de 17 pesos por dólar, las reservas superan 255 mil millones de dólares, no hubo gasolinazo, en el criterio de 2018 (evitar que el ajuste lo paguen el salario y la gasolina) eso es éxito, en el criterio de 2026 es el piso, no la casa.
El salario mínimo general llegó a 315.04 pesos diarios, 153 por ciento real más que en 2018 y 19.3 por ciento más desde octubre de 2024, esto equivale a cerca de dos canastas, todavía lejos de las 2.5 prometidas para 2030, la pobreza laboral bajó en términos anuales, la multidimensional pasó de 46.8 millones de personas en 2022 a 38.5 en 2024. Una familia de Tlaquepaque que cobra el mínimo y recibe una pensión vive mejor que hace ocho años, eso no se discute, lo que no se sigue es que esa mejora haya nacido de una fábrica nueva, puede haber nacido de un decreto y de una transferencia a la que no tiene acceso la mayoría de la población “ocupada” en la informalidad.
El Informe suma remuneraciones y programas y obtiene 32.8 por ciento del producto en 2025, mezcla dos series distintas, el fondo es verdadero: el ingreso de abajo subió, la cifra, tal como se presenta, sobreexplica ese fondo, mientras tanto la informalidad sigue cerca de 55 por ciento y la productividad total de los factores lleva décadas en terreno negativo. Un salario que corre sin productividad termina, tarde o temprano, en menos empleo formal o en menos inversión.
EL HUECO DEL SEGUNDO PISO
Aquí se juega la credibilidad del Plan México. El Informe anuncia más de 960 mil millones de pesos de infraestructura en 2026, en el mismo volumen, el capítulo fiscal reporta inversión física -7.9 por ciento real menor en el primer semestre, inversión federal directa -50.6 por ciento menor y gasto de capital de Pemex -27.3 por ciento menor. La función desarrollo económico cae -10.8 por ciento, se anuncia el Estado inversor y se ejecuta el Estado social, pareciera que la logíca responde más a factores políticos, que a un genuino proyecto de desarrollo ecnómico.
La inversión extranjera del semestre alcanzó 34,968 millones de dólares, máximo histórico para un enero-junio. El 88.5 por ciento es reinversión de utilidades, las plantas nuevas suman 2,726 millones, 7.8 por ciento del total y -13 por ciento menos que un año antes, las filiales se quedan, los consejos de administración no autorizan, todavía, la nave de quince años. El T-MEC esta vigente hasta 2036, pero sujeto a revisiones anuales, esto explica parte de esa cautela: una planta se calcula a una década; un tratado que se reabre cada año se calcula a doce meses.

México exportó 664,837 millones de dólares en 2025, casi todo manufactura, el valor agregado nacional de esa manufactura global sigue en 6 por ciento del valor de la producción, frente a 22.5 por ciento de insumos importados, se exporta ensamble, no se exporta todavía un tejido productivo nacional, el arancel a fracciones chinas puede desviar comercio, no crea un proveedor de segundo piso en El Salto.
UN SUPERÁVIT QUE NO CONSTRUYE
El semestre fiscal se ve holgado, hubo superávit primario de 114,569 millones contra un déficit programado, el saldo de la deuda amplia bajó de 52.6 a 51.0 por ciento del producto, parte de esa mejora es el peso apreciado y el producto nominal, parte es que la obra no se ejerció, no es lo mismo disciplina que subejercicio.

El impuesto sobre la renta no acompaña al relato tributario, el IVA, la aduana y la fiscalización sí, el Estado se financia con el consumo de las mismas familias a las que transfiere, es coherente con un régimen de demanda salarial, es frágil si la industria no arranca: no habrá masa gravable para pagar pensiones, agua, polos y semana de 40 horas al mismo tiempo.
EL RIESGO NO ES 1994
No hay Tesobonos ni reservas flacas, el riesgo de mediano plazo es otro: estancamiento con buena narrativa, salarios que suben más que la productividad, inversión pública que se recorta para cuadrar el déficit, inversión extranjera que se contabiliza como récord sin ampliar capacidad, un tratado comercial que introduce incertidumbre justo cuando el Plan México necesita certidumbre de diez años.
Hay un segundo discurso. El primer régimen productivo (de salarios y transferencias por decreto, con bajo crecimiento económico e informalidad creciente y sin aumento de la productividad) sigue en pie, los próximos dos años (obra realmente pagada, kilowatts firmes, litros medidos y plantas que no sean solo un comunicado) dirán si el Plan México fue el segundo piso o solo el lema del primero, hasta agosto de 2026, la prosperidad se ha compartido más de lo que se ha producido.
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