Hay tal desprecio hacia las mayorías en textos similares que no se alcanzan a dar cuenta que, de ser ciertas tan solo parcialmente sus afirmaciones, expresan su reconocimiento involuntario a su propio fracaso como élite cultural, como “formadores” de opinión, como relatores, cronistas o narradores del acontecer…
“…el miedo a perder agita tanto los ánimos como el deseo de adquirir, no creyendo los hombres seguro lo que tienen si no adquieren de nuevo”
Discursos sobre la primera década de Tito Livio
Transcurridas apenas tres semanas de la jornada electoral hemos podido asomarnos a algunas lecturas, balances y reacciones sobre unos resultados que parecen haber sorprendido a un número significativo de analistas, comentaristas, observadores, pero especialmente a actores políticos e integrantes de la élite económica que no esperaban una mayoría holgada para la candidatura de Claudia Sheinbaum y, mucho menos, para el conjunto de legisladores de la coalición ganadora.
Para la oposición (en la que incluyo a José Antonio Crespo y Macario Schettino, porque siendo lectores y escritores con amplia formación académica, no puedo imaginar que estuvieran tan equivocados, debió ser que sus textos solo eran osados actos de propaganda) las candidaturas de Xóchitl Gálvez y Santiago Taboada, la amplia asistencia a las manifestaciones de la ola rosa y el conjunto de indicadores sobre la situación del país vistos a través de la lente de su ira, les hizo ver una luz al final del túnel que crecía y crecía conforme pasaban los días, por la que abrigaban esperanzas de llevarse, al menos, el Congreso y la gubernatura de Ciudad de México… hasta que el 2 de junio se toparon con esa fuente luminosa que no era sino el faro del tren maya que los deslumbró en el mismo instante que la maquinaria, con la mayoría abordo, los arrolló a toda marcha.
Las reacciones y explicaciones han sido, en la mayoría de los casos, elitistas y clasistas.
Para Héctor Aguilar Camín, por ejemplo, el pueblo mexicano no alcanzó a subsumirse en la modernidad atrapado en las costumbres y tradiciones que lo hacen sostener más valores autoritarios que democráticos. El pueblo eligió un camino hacia la dictadura.
Hay tal desprecio hacia las mayorías en textos similares que no se alcanzan a dar cuenta que, de ser ciertas tan solo parcialmente sus afirmaciones, expresan su reconocimiento involuntario a su propio fracaso como élite cultural, como “formadores” de opinión, como relatores, cronistas o narradores del acontecer…
Si así está el campo de la lectura del acontecer, entre los dirigentes políticos opositores la situación es más grave.
No han hecho una pausa siquiera para tomar aire y hacer un diagnóstico sobre lo que les ocurrió.
Toman decisiones que transmiten a la sociedad que el electorado no se equivocó.
Si hoy fueran las elecciones, a tres semanas, el resultado les sería, sin duda, más adverso.
Una segunda vuelta electoral, como la francesa, en el contexto actual, les dejaría con una mano adelante y otra atrás.
LAS OPCIONES
Deteriorado como está, el PAN es la oposición partidista más importante por el arco social que alcanza a representar, que no refleja las posiciones legislativas que alcanza.
Marko Cortés hizo perder al PAN dos veces: en la contundente derrota electoral y en la negociación de posiciones que le cedió al PRI.
Como lo demostró con el pacto de Coahuila, siempre perdió al negociar con Alias Alito.
El dilema del PAN es de definición política: ¿se corre a la derecha extrema y conservadora, contraria a los derechos sociales (como Milei o Vox, dos ejemplos que le abren los ojitos al próximo dirigente nacional, Jorge Romero) o intenta ampliarse en ese centro de derecha liberal que convocó a la oleada rosa? En cualquier caso, enfrentará el desafío que derive de la iniciativa de creación de un partido político nuevo en ese lado de la geometría ideológica.
El PRI casi no tiene dilemas.
Alias Alito y su brazo derecho (que no es Rubén Moreira, ni Carolina Viggiano, ni Manuel Añorve) creen que el problema del PRI se resuelve con un “rebranding”, cambio de logo, cambio de apelativo y mercadotecnia.
Su doble ofuscamiento, por la polvareda levantada al haber llevado al PRI a la dimensión del Movimiento Ciudadano y por la disidencia juvenil (Dulce María Sauri, Manlio Fabio Beltrones, Francisco Labastida, unos chavales en contraste con el “alitomorenista” de Augusto Gómez Villanueva) que se rebela contra sus afanes de perpetuación al frente del otrora partidazo, lo han llevado a exacerbar los negativos que tiene ante la opinión pública.
Cada crítica a sus insurrectos es una palada en el agujero negro en el que se encuentra.
En este contexto, surge una iniciativa del Frente Cívico Nacional para construir un nuevo partido político, a partir de la convocatoria que la autoridad electoral emita en 2025.
En la vanguardia destacan Guadalupe Acosta Naranjo, de la corriente Galileos, exdirigente del extinto PRD; Emilio Álvarez Icaza quien, junto a Alfredo Figueroa, intentó infructuosamente formar un partido a partir de la plataforma denominada “Ahora”, senador independiente postulado por el PAN; el propio Figueroa, colaborador de Carmen Aristegui y de la campaña de Santiago Taboada, responsable de los estudios de opinión internos y considerado el GPS opositor en el proceso de la Ciudad de México; y Cecilia Soto, ex candidata presidencial.
Para ello, los frentecivilistas crearon una comisión de auscultación (a la manera del Comité Nacional de Auscultación y Organización (CNAO) de Heberto Castillo, cuando construyó el Partido Mexicano de los Trabajadores).
Los políticos reciudadanizados pretenden evaluar la estructura que crearon desde la iniciativa de “Futuro 21”, pasando por “Va por México” y aterrizada en el millón de firmas por Xóchitl y las convocatorias de la ola rosa.
Su discurso, por ahora repite las críticas anti cuatroté que los llevaron al fracaso, tienen aires socialdemócratas y no saben qué hacer con los perredistas que se pretenden arrimar o con Santiago Taboada que duda entre asumir la dirección panista en CDMX o ciudadanizarse.
El espacio sin representación para un nuevo partido político existe, pero hasta ahora no saben a cuál categoría social convocar, cuáles causas abanderar y como recuperar a una parte de la sociedad que, aunque minoritaria, no tiene a quien voltear a ver.
UN LIBRO, UNA SERIE, UN PODCAST
Un libro: «Apuntes sobre la supresión general de los partidos” (Godot) Simone Weil. La activista y filósofa francesa reflexiona sobre cómo la necesidad de tomar partido, de tomar posición a favor o en contra, ha sustituido a la obligación de pensar.
Una serie: “The Big Cigar. La gran fuga” (Apple TV) La fuga del líder del Partido de las Panteras Negras a Cuba con la ayuda del productor Bert Schneider, para eludir una persecución del FBI.
Un podcast: Dictadores (Spotify) Programa semanal sobre el ascenso, mente y motivos de diferentes dictadores en la historia.
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