El Senado aprobó esa ley del gobierno digital. Hay mucha crítica, como es de esperarse. Que México no está preparado, que la gente no sabe, que se va a armar un desatino y que mejor lo dejemos quieto. Uno escucha eso y se queda pensando si de verdad no estamos preparados o si lo que no estamos preparados es para dejar de manejar el dinero como se manejaba en mil novecientos setenta, cuando todo se hacía en efectivo y nadie preguntaba de dónde salía.
Déjeme contarle algo que vi. Yo anduve, antes de hacer una propuesta parecida, por diferentes partes de la República. Y resulta que en la Sierra de Chiapas, en esos pueblos donde uno piensa que no hay nada más que milpa y caminos de terracería, me encontré con gente grande, de ochenta y cinco años, que traía su tarjeta del Chase Manhattan, de un banco de allá, porque el hijo le mandaba el dinero por ahí. La abuela, que apenas sabe firmar, ya sabía usar la tarjeta. No es que se la hayan regalado de un día para otro; es que el hijo, desde lejos, se las arregló para que no se le perdiera el dinero en el camino ni se lo comiera el coyote de turno. La gente, cuando necesita, aprende. Y aprende más rápido de lo que creemos desde la ciudad, donde todavía hay quien se asusta de pagar el café con el teléfono.
Aun así, y aunque haya más fiscalización, el resultado que más se nota y que el gobierno federal no ha sabido explicar bien es el del crimen organizado. Porque el efectivo, se lo digo sin rodeos, es el oxígeno de muchas cosas que no queremos que sigan respirando. Es el billete que no deja rastro, el que se mueve de mano en mano sin que nadie pregunte, el que permite que lo que no debería existir siga existiendo como si nada.
José Merino, con estas acciones, está poniendo las bases para que en el futuro se pueda desaparecer por fin la delincuencia y los crímenes. No es magia; es quitarle el oxígeno al negocio. Simplemente con que existan los pagos solamente vía electrónica en las gasolinerías, el delito disminuye veinticinco por ciento. Uno se imagina las gasolineras, esas que a veces parecen más oficinas de cambio que estaciones de servicio, y de pronto el dinero deja de circular en efectivo y las cuentas empiezan a hablar. Esto, en combinación con Omar García Harfuch, podría ser la solución que México busca. Uno con la tecnología que cierra las puertas y el otro con la capacidad de operar donde se necesita. No es una promesa de campaña; es una manera de hacer que lo que hoy se mueve en la sombra tenga que dejar rastro. Ojalá se dieran una vuelta por mis artículos de eliminar el efectivo aquí en El Independiente. No por vanidad, que ya sabe uno cómo son estas cosas, sino porque a veces lo que uno escribe en calma termina sirviendo cuando el tema se pone de moda y todo el mundo opina sin haber salido de su casa ni haber visto a una abuela de ochenta y cinco años con su tarjeta del Chase en la bolsa del delantal.
Únete al canal de WHATSAPP DE EL INDEPENDIENTE, también a nuestro canal de TELEGRAM y recibe las noticias clave del día, análisis y últimas actualizaciones directamente en tu celular.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

